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En el "corredor de la muerte" a manos de la unidad de deportación de Trump

© Charles Reed / ICE /AFP | Oficiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos detienen a un sospechoso durante una operación de cumplimiento el 7 de febrero de 2017 en Los Ángeles, California.

Texto por Sam Ball

Última modificación : 16/09/2017

En un centro de detención de algún lugar de Ohio, un hombre sin antecedentes penales está encerrado tras las rejas, esperando saber le emitirán la que califica como una sentencia de muerte a manos de la campaña anti-inmigrante de Donald Trump.

Jony Jarjiss, miembro de la comunidad cristiana caldea iraquí de Michigan, vive en los Estados Unidos hace casi 25 años. Tiene una hija y una nieta americanas. Trabaja siete días a la semana en un supermercado y siempre paga sus impuestos.

Sin embargo, es uno de los más de 1.400 iraquíes que se enfrentan a la posibilidad de ser deportados de los Estados Unidos, como parte de la represión de Trump contra los inmigrantes indocumentados. Jarjiss estaba entre los cerca de 200 iraquíes que fueron detenidos en junio en el área de Detroit por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), muchos de los cuales son parte de la comunidad cristiana caldea que temen ser perseguidos o asesinados si son deportados a Irak.

‘En el camino de la muerte’

“Jony dijo que prefería pasar el resto de su vida en la cárcel que regresar a Irak”, explica el abogado de Jarjiss, Randi Babi. “Ahora mismo en Irak el grupo del Estado Islámico está dirigido específicamente a los cristianos. Hay muchos de ellos extorsionándolos o matándolos”.

“Su familia no está bien. Está temiendo lo peor. Su hermano me dijo que devolverlo a Irak sería los mismo que ponerlo en el pabellón de la muerte”.

Hablar con Jarjiss no es posible, actualmente permanece en un centro de detención de Ohio. Pero Babi, quien está trabajando en el caso junto al asesor Edward Bajoka, es su firme defensor.

“Realmente queremos ayudarlo”, dice. “Él es un gran tipo”.

Jarjiss llegó a los Estados Unidos en 1993, poco después de la primera Guerra del Golfo. Lo hizo con una visa temporal de novio o prometido, una del tipo K1. Bajo los términos de esa visa, contaba con 90 días para casarse con su pareja y poder permanecer en el país.

“Por alguna razón, las cosas entre ellos no funcionaron y no se casaron”, explica Babi.

“Luego, solicitó asilo. Había desertado del Ejército Iraquí antes de la Guerra del Golfo, lo cual –durante el gobierno de Saddam Hussein- era penalizado con la muerte”.

Su solicitud de asilo fue denegada, debido a que Irak no tenía relaciones diplomáticas formales con Washington en ese momento, por lo que se negó a emitir los documentos para repatriar a los deportados. Entonces, Jarjiss permaneció en Estados Unidos y empezó a construir una vida allí.

"Una vez al año tenía que registrarse con ICE. Nunca se perdió una cita y nunca sugirieron que estuviera en peligro de ser deportado hasta ahora. Ni siquiera conoce a nadie en Irak, tiene problemas con el idioma. En su cabeza, estaría aquí para toda la vida”. dice Babi.

Víctima de la prohibición de viaje de Trump

Esa ilusión fue destrozada por la determinación de Trump de seguir adelante con la prohibición que aplicaría a nacionales de seis países, la mayoría musulmanes.

Irak estaba en la lista inicial de naciones que serían cobijadas por la medida propuesta por el presidente de Estados Unidos, pero fue eliminado de la versión emitida en marzo.

A cambio, Irak aceptó empezar a recibir a los deportados de Estados Unidos por primera vez en décadas. Poco después, comenzaron las redadas de ICE en Michigan y en otros lugares.

El sueño americano de Jarjiss se vino abajo en uno de sus ‘check-ins’ regulares con ICE.

"Habíamos oído hablar de las redadas, así que cuando llegó la hora de la cita de Jony, decidimos ir con él en caso de que algo pasara", dice Babi.

"Nos hicieron esperar seis horas antes de que pudiéramos ver a alguien. Incluso el conserje vino y se fue. Cuando finalmente vimos al trabajador del caso, dijo que necesitaba hablar con Jony en la habitación de atrás. Lo llevó por la puerta, pensamos que íbamos con él, pero la cerró de golpe y casi la golpea contra mi mano”.

Después de 15 minutos, Babi y Bajoka fueron informados por el trabajador social de que Jarjiss había sido detenido. El funcionario se negó a responder a sus preguntas. Más tarde, recibieron una llamada para decirles que Jarjiss estaba recluido en una cárcel local y que sería trasladado al centro de detención en el que permanece desde entonces.

Jarjiss tiene antecedentes de derrames cerebrales y problemas renales. La detención está afectando su salud mental y física, según Babi.

"Él no está asimilando bien la reclusión", dice. "Teme por su vida. Está angustiado por la idea de dejar a su familia, de que tengan que defenderse sin él".

"Amenaza a la seguridad nacional"

A diferencia de la mayoría de los recientemente detenidos por ICE, Jarjiss no tiene antecedentes penales, según sus abogados.

ICE ha utilizado previamente los supuestos antecedentes criminales de los detenidos para justificar las redadas de iraquíes, declarando públicamente que la "abrumadora mayoría" tiene "condenas penales por delitos como homicidio, violación, asalto agravado, secuestro, robo, tráfico de drogas, agresión sexual, porte de armas y otros delitos”.

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Un portavoz de ICE en Michigan le dijo a FRANCE 24 que, a pesar de esa declaración, quienes que no tenían antecedentes penales no estaban necesariamente exentos.

"ICE centra sus recursos de observación en quienes representan una amenaza para la seguridad nacional, la seguridad pública y la seguridad fronteriza", dijo el portavoz. "Sin embargo, el ICE no eximirá a las clases o categorías de extranjeros removibles de la posible aplicación".

Peter Zora, miembro de la comunidad caldea de Michigan y organizador de la comunidad con CODE Legal Aid, que ha estado ayudando a Jarjiss y otros a combatir la deportación, no está convencido de que las motivaciones de ICE hayan sido sobre la "seguridad nacional".

"Lo que parece estar ocurriendo es que están dirigidos a las personas más vulnerables, como Jony", dijo.

"De los que tienen antecedentes penales entre los detenidos, pocos son por crímenes graves o violentos", añadió.

Acusan a ICE de una ‘guerra mental’

Mientras tanto, acusa a ICE de llevar a cabo lo que describe como una “guerra mental” sobre los detenidos y sus familias.

“Agentes de ICE le dijeron a una hija que no se preocupara porque enviarían a su padre a un hotel de cinco estrellas llamado Abu Ghraib. Abu Ghraib es la prisión en Irak en la que el ejército estadounidense y el personal de la CIA torturaban a iraquíes”, dijo.

Algunos agentes incluso han conseguido llevar a muchas personas a bordo de aviones diciéndoles que serán trasladadas a Irak, pero aterrizan en Louisiana o Arizona, afirma Zora, citando numerosos testimonios dados de primera mano por las familias de los detenidos.

Cuando se le pidió que comentara estas acusaciones, ICE dijo a FRANCE 24 que “todas las actividades de aplicación de la ley se llevan a cabo con el mismo nivel de profesionalismo y respeto que los oficiales del ICE exhiben a diario.

Babi también ha escuchado esas historias, aunque solo de segunda mano. “No sé si alguien haría algo así, creo que es muy asqueroso”, dice.

Pero cierto o no, las detenciones son suficientes para llevar al límite a toda la comunidad caldea en Michigan.

“Hay miedo allá afuera, mucha incertidumbre”, dice Zora.

“Prohibición musulmana”

En cuanto a por qué la comunidad caldea en particular parece haberse convertido en el blanco de estas prohibiciones, Zora cree que se trata de algo puramente político.

"Es una respuesta a la prohibición de viajar que se llama una "prohibición musulmana"”, dice.

"Necesitaban un ejemplo para decir 'esto no es sólo una prohibición musulmana, estamos dirigidos a personas de todas las religiones', personas como Jony han sido atrapadas en el fuego cruzado".

Por ahora, a Jony y a otros de los iraquíes que se enfrentan a la deportación de los Estados Unidos se les suspendió la ejecución. La semana pasada, el juez federal Mark Goldsmith falló que se les debe dar tiempo para apelar sus casos de deportación en el tribunal.

"Cada solicitante enfrenta el riesgo de tortura o muerte sobre la base de su residencia en Estados Unidos y la publicación de sus antecedentes penales", escribió Goldsmith en su veredicto. "Muchos también se enfrentarán a la persecución como resultado de una creencia religiosa particular".

Jarjiss espera que después de su día en la corte le permitan permanecer en el país al que hace 25 años llama hogar. "¿En qué tipo de sociedad nos estamos convirtiendo si enviamos a la gente a su muerte potencial solo por no tener una visa válida?", dice Zora.

Primera modificación : 16/09/2017

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