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Francia

Emmanuel Macron, seis meses después de su elección

© Reuters | El presidente de Francia, Emmanuel Macron, revisa las tropas durante las ceremonias del Día del Armisticio que marcan el final de la Primera Guerra Mundial en París, Francia, el 11 de noviembre de 2017.

Última modificación : 20/11/2017

La elección de Macron el pasado 7 de mayo abrió una nueva era en Francia. Fue elegido por su promesa de renovar el país superando las viejas divisiones ideológicas. Medio año después de su llegada al Elíseo, su índice de popularidad está cayendo.

Poner a Francia en marcha fue el principal eslogan de campaña de Emmanuel Macron. Sabiendo que en el país galo se considera que los 100 primeros días de un nuevo presidente marcan el tono de todo el mandato, Emmanuel Macron no quiso perder tiempo y lanzó rápidamente muchas reformas.

Su primera iniciativa fue proponer una ley para “moralizar la vida política”, una de sus promesas de campaña para resaltar su ruptura con lo que llama “la vieja política” y sus escándalos.

Dentro de las principales medidas de la nueva ley, adoptada en agosto por la asamblea, figura la interdicción para los parlamentarios franceses de contratar a miembros de su familia. Una respuesta al caso de François Fillon quien durante la campaña presidencial fue acusado de haber empleado ficticiamente a su esposa.

Si la ley de moralización de la vida política no enfrentó mucha resistencia, otros textos hicieron correr ríos de tinta. El primero pretende reformar un emblema francés: el código de trabajo. Con esta reforma Macron busca “liberar las energías” de las empresas para “reducir el desempleo”.

En este nuevo código laboral figuran medidas como el límite de la indemnización en caso de despidos injustificados. Por otro lado, los tradicionales acuerdos sectoriales que antes determinaban los beneficios y las reglas laborales mínimos, pueden ser ahora reemplazados por pactos definidos dentro de las empresas, así estos últimos sean menos favorables para los trabajadores.

Estas disposiciones fueron saludadas por los empresarios pero incomodaron profundamente a los sindicatos y a la izquierda pues el nuevo presidente utilizó ordenanzas que permiten al gobierno adoptar leyes sin pasar por el parlamento.

“Un golpe de estado social”, denunció Jean-Luc Mélenchon líder de La France Insoumise (izquierda).

A su vez, los sindicatos y los partidos de izquierda organizaron tres días de huelga y manifestaciones pero este movimiento social no logró movilizar mucha gente. Las últimas marchas del 19 de octubre contaron con apenas 37.700 personas según las autoridades, contra 223.000 en la primera jornada de protestas de septiembre.

Fue con el tema fiscal que el gobierno Macron suscitó más controversias. En el primer presupuesto de su mandato tocó otro símbolo francés: el impuesto sobre la fortuna (ISF) que pagan las personas que tienen un patrimonio superior a 1,3 millones de euros.

El gobierno lo transformó en un impuesto que se aplicará solamente a los bienes inmuebles, y ya no al capital ni a los bienes como yates y carros de lujo. El costo para el Estado de esta reforma es estimado en 3.200 millones de euros para el 2018.

Además, el gobierno limitó al 30% el impuesto único sobre el capital, o flat tax, cuando antes estas tasas podían ser de hasta el 60,5%.

La oposición apoda a Macron “el presidente de los ricos”

La oposición utilizó las anteriores medidas fiscales para darle a Emmanuel Macron el sobrenombre de “presidente de los ricos”. Esta crítica parece tener efecto en la opinión francesa y puede ser peligrosa para el joven jefe del estado.

Nicolas Sarkozy también fue apodado “presidente de los ricos” en los primeros meses de su mandato, una imagen que le persiguió durante todo su gobierno.

Emmanuel Macron se defendió en una entrevista al semanal alemán Der Spiegel: “contrariamente a lo que unos dicen, no estoy haciendo esto para ayudar a los ricos. Mi predecesor gravó a las personas ricas con niveles de imposición que nunca antes habíamos visto. ¿Y qué pasó? Se fueron. ¿El desempleo bajó? No”, dijo el mandatario.

Un 40% de los franceses confían en Macron, según encuestas

El joven presidente tiene dificultades para convencer a los franceses. Según las últimas encuestas de opinión apenas 40% de ellos respaldan su gestión, comparado con 57% en junio. Una caída muy fuerte en seis meses ya que es un nivel de popularidad inferior al de sus predecesores François Hollande y Nicolas Sarkozy. Pero por el momento la oposición no está en capacidad de contrarrestar su poder.

La elección de Macron, quien se define “ni de derecha, ni de izquierda”, alteró por completo el equilibrio político francés. Seis meses después sus adversarios parecen estar todavía desorientados.

En la extrema derecha, Marine Le Pen busca una nueva credibilidad tras su pésima actuación en el debate contra Emmanuel Macron. Florian Philippot, su principal consejero, quien también era vicepresidente del Frente Nacional, se retiró del partido para crear su propio movimiento.

Macron logró dividir a la derecha nombrando en su gobierno a tres miembros de Les Républicains, empezando por el Primer ministro Edouard Philippe. Para diferenciarse, el partido parece girar cada vez más a la derecha excluyendo a quienes apoyen a Macron. En diciembre Les Republicains podrían designar a la cabeza del partido al conservador Laurent Wauquiez.

A la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, el líder de la France Insoumise aparece como el principal oponente de Macron. Por su lado, el Partido socialista parece estar en vía de extinción tras su peor derrota en una elección presidencial, y hoy se encuentra sin jefe y sin dinero.

A pesar de esto, el resto del mandato de Macron podría ser menos fácil de lo que parece. Una primera advertencia surgió en septiembre. Su partido, En marzo, no ganó suficientes curules para el senado que sigue con una mayoría de la derecha. Con solamente 28 senadores, el nuevo presidente podría tener dificultades para hacer aprobar sus proyectos de ley y posibles reformas constitucionales.

Primera modificación : 20/11/2017

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