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Después de Robert Mugabe, ¿un nuevo Zimbabue?

© Salym Fayad / France 24

Texto por Salym Fayad

Última modificación : 02/02/2018

El general Constantino Chiwenga y las fuerzas militares que comandó son saludadas como salvadoras en Zimbabue. ¿Olvidaron la responsabilidad del Ejército en la era Mugabe? Un reportaje de Salym Fayad, enviado especial de France 24 a Harare.

Regresa triunfante ‘el cocodrilo’. Vuelve a Harare, Emmerson Mnangagwa sin que se sepa dónde pasó los últimos 16 días, desde su destitución como vicepresidente. Brazos en V, el puño en alto y un discurso que anuncia un nuevo camino hacia la democracia en Zimbabue. Predecible, para una población hambrienta de cambio.

La multitud que lo ha esperado durante horas frente a la sede del partido ZANU-PF no es la misma que inundaba las calles del centro de Harare la noche anterior. Mientras que el martes la euforia por la caída de Robert Mugabe era generalizada, los cientos que reciben ahora a Mnangagwa son simpatizantes del partido y de los veteranos de la guerra de liberación, de los que él mismo forma parte.

En las pancartas se lee: “bienvenido a casa, nuestro héroe”, “nuestro liberador”. Un caimán de peluche circula sobre las cabezas y un partidario se abre la camisa para mostrar el tatuaje de un cocodrilo que lleva en el pecho. Todas expresiones para celebrar un hombre que en las dos semanas que han conmocionado el escenario político de Zimbabue no se había pronunciado y que era más bien impopular hace apenas un mes.

Un hombre, además, que ha sido parte activa del aparato represivo de la era Mugabe –su aliado desde la guerra por la independencia– y que ha sido señalado por organizaciones internacionales de graves violaciones de derechos humanos, particularmente en dos de los episodios que han dejado cicatriz en la historia del Zimbabue post-colonial. “El cocodrilo” fue ministro de seguridad estatal y jefe de los organismos que ejecutaron las masacres étnicas de la región de Matabeleland en los años 80, en las que murieron unas 20.000 personas. Se le ha acusado también de ser el cerebro detrás del asesinato de más de 200 miembros del partido de la oposición MDC (Movimiento por el Cambio Democrático) durante los episodios de violencia política que marcaron las elecciones presidenciales de 2008.

Junto a él, las fuerzas militares son saludadas como salvadoras. Desde que el general Chiwenga orquestó la operación que neutralizó a Mugabe y a su esposa Grace –quien aspiraba sucederlo en la presidencia–  en la madrugada del 14 de noviembre, miles de zimbabuenses han salido a celebrarlos como los responsables de encender el motor para el arranque del nuevo Zimbabue, como olvidando, en el pico de la euforia, que el ejército ha sido herramienta clave del aparato represivo de Robert Mugabe.

“Este alivio, ¿cómo describirlo? Es un nuevo país”, dice Tsepo, funcionario del Ministerio de Finanzas. La nueva era de Zimbabue se percibe, por ahora, en las cosas más cotidianas: hablar de política en la calle, con tranquilidad. “En algún momento esto tenía que suceder. Bob [Mugabe] tenía que salir. Mnangagwa lo hizo posible; y ahora es el hombre más popular de Zimbabue”.

“Los que están ahora al mando son los mismos que han estado del lado durante su mandato”

“Cuando la gente se da cuenta que puede lograr el cambio de las cosas, nada lo puede detener”. Fidelis Mudimu es escéptico: “hemos cambiado de conductor, pero el bus es el mismo”. El cambio de un solo hombre no implica un cambio en el sistema, dice el defensor de derechos humanos, director de programas del Counselling Service Unit en Harare.

La base de datos de la organización para la que trabaja Mudimu cuenta con más de 50 mil casos de víctimas de violaciones a derechos humanos bajo el régimen de Mugabe.

La libertad de prensa se ha visto restringida durante años, así como la libertad de asociación y la más mínima expresión de disidencia era contrarrestada con violencia o con la privación del acceso a los servicios básicos y a la distribución de alimentos, especialmente en las zonas afectadas por sequías. La intimidación y la violencia han sido constantes, sobre todo en las áreas rurales apartadas y “esta opresión y violencia estructurada –dice Mudimu– pusieron un freno al desarrollo y al crecimiento de este país y de su economía”.

El ‘nuevo Zimbabue’ no representa un nuevo orden. “Tenemos que ser cautelosos –advierte Mudimu–. Los que están ahora al mando son los mismos que han estado del lado durante su mandato”. Sin embargo, dice, esta transición representa una clara oportunidad para que el nuevo gobierno interino redirija ese bus, para que elimine las leyes represivas que han normalizado la opresión a los zimbabuenses durante tanto tiempo. “Recordemos que los artífices de todo este proceso han sido los militares. Ellos tienen aún el poder. La pregunta es si lo van a ceder. Y si lo hacen, ¿a qué costo?”.

Primera modificación : 24/11/2017

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