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Alexeï Navalny, el hombre que quería tumbar a Vladimir Putin

© Evgeny Feldman/AFP, imagen del equipo de Alexeï Navalny | El abogado y bloguero anti-corrupción Alexeï Navalny en su oficina en Moscú, el 7 de julio del 2017.

Texto por Valentin Graff

Última modificación : 04/01/2018

En Rusia, al bloguero anti-corrupción Alexeï Navalny, uno de los principales opositores de Vladimir Putin, la Comisión electoral invalidó su candidatura a la elección presidencial del 2018. Perfil.

Alexeï Navalny está acostumbrado a las cárceles rusas. Ha pasado allí sesenta días, solo en el 2017, repartidos en tres estancias. Este abogado tributario y bloguero anti-corrupción, frecuentemente designado por los medios como “el opositor número 1” de Vladimir Putin, no parece ceder a la presión. Tras el rechazo de su candidatura a la elección presidencial del 2018, anunciada el 25 de diciembre por la Comisión electoral rusa, todavía tiene las ganas para negar la legitimidad del resultado y llamar al boicot de la votación.

Desde la apertura de su blog, en 2009, Navalny desafía el poder ruso para convertirse poco a poco en el líder de la oposición, caminando por las calles de Moscú en numerosas protestas y denunciando la corrupción de las esferas más altas del Kremlin. Parece que ha obtenido una estatura bastante preocupante para que el Kremlin le impida participar a la carrera del 2018 hasta la presidencia.

Al principio del año 2010, France 24 reveló que Alexeï Navalny era menos conocido que su expresión “Partido de los ladrones y estafadores” quien fue el primero en utilizarlo en su blog para describir a Rusia Unida (el partido de Vladimir Putin) y que ya pasó a la posteridad política. El partido de centro-izquierda Una Rusia Justa lo había utilizado como eslogan de campaña para las elecciones legislativas del 2011. Seis años después, los esfuerzos de Navalny han dado frutos y sus acciones tocan tanto como sus palabras.

Cécile Vaissié, profesora de estudios rusos y soviéticos: “no podemos decir que (su trabajo) no es serio”

Alexeï Navalny, nacido en 1976 en la periferia de Moscú, se convierte en una figura pública en 2009. Cuando era consejero del gobernador de la región de Kirov, a 900 kilómetros de la capital rusa, lanzó su blog en el cual combate la corrupción que él estima omnipresente en la sociedad rusa. El año siguiente, en 2010, alimentó las noticias cuando acusó a Transneft, un gigante ruso de la industria energética, de haber desviado 4 mil millones de dólares (3.3 mil millones de euros) durante la construcción de una gigantesca tubería que conecta Siberia al Océano Pacifico.

Respetando la metodología suya hasta ahora, fundó sus acusaciones sobre documentos, entre otros algunos internos a la empresa. Es una de las fuerzas de su discurso, explica a France 24 Cécile Vaissié, profesora de estudios rusos y soviéticos en Francia: “lo que es excepcional en su trabajo, es que es siempre muy bien documentado. Tiene los registros catastrales, tiene los elementos de propiedad, incluso algunos de personas cercanas del poder que han invertido en Francia y que tienen pequeños castillos en Francia. No podemos decir que (su trabajo) no es serio”.

En 2011, Navalny fundó la Fundación anticorrupción. Irrita al poder, como lo muestra este tweet de un diputado de Rusia Unida: “hoy, está claro que alguien que habla en su blog del “Partido de los ladrones y estafadores” es un imbécil” que fue brevemente retuiteado por la cuenta de Dmitri Medvedev, antes que él explique que el autor del retuit era un empleado malintencionado. El incidente hizo de Navalny un tema de conversación, quien fue encarcelado por 15 días. El contexto estaba definido.

Dos documentales para 32 millones de vistas

La Fundación anticorrupción, que Alexeï Navalny dirige desde el inicio, se encargó de la producción de dos documentales de investigación, uno sobre el fiscal general de Rusia, Iouri Tchaïka, y otro sobre Dmitri Medvedev el primer ministro, pero también presidente de la Federación de Rusia entre 2008 y 2012. El primer documental, “Tchaïka” (2015, más de 7 millones de vistas), muestra cómo los hijos del fiscal general se han enriquecido de manera ilegal con la ayuda de funcionarios trabajando bajo la autoridad de su padre. El segundo, “Don’t call him Dimon” (“No le llama Dimon”, 2017, más de 25 millones de vistas), acusa a Dmitri Medvedev, el entonces primer ministro, de haber creado un patrimonio inmobiliario excesivo gracias a financiaciones ilegales de oligarcas rusos, todo a través de fundaciones benéficas falsas, dirigidas por familiares o amigos.

En julio del 2013, el pasado de consejero en Kirov lo atrapa. Fue condenado a cinco años de cárcel, convertidos en apelación a una condena condicional por malversaciones de fondos públicos. Esta sentencia, considerada como “arbitraria” y “políticamente motivada” para la Corte Europea de los Derechos Humanos, fue anulada por la Corte Suprema rusa en noviembre del 2014. Alexeï Navalny fue devuelto al tribunal de primera instancia para un segundo procedimiento que produjo el mismo fallo en febrero del 2017. Es sobre la base de esta segunda condena que la Comisión electoral rusa niega al opositor su participación a la elección presidencial. “Es obvio que estos procesos judiciales fueron fabricados para que no pueda presentarme”, denunció el bloguero antes de la decisión de la comisión.

Los asuntos judiciales de Navalny no se resumen a estos dos juicios parecidos. En 2012, ya había recibido 15 días de cárcel tras choques con la policía durante una manifestación. Luego estuvo en arresto domiciliario durante casi un año, entre febrero del 2014 y febrero del 2015, con arreglo a un procedimiento contra él y su hermano Olef, acusados juntos de haber desviado 27 millones de rublos (394.000 mil euros), en detrimento del fabricante francés de cosméticos, Yves Rocher. Durante este año de aislamiento, el opositor se enfrentó a las fuerzas de seguridad, terminando varias veces en la camilla, violando una primera vez el arresto domiciliario para ir en diciembre del 2014 a una protesta y después cortara su pulsera electrónica al inicio de enero del 2015.

¿Un agente de la CIA?

Mientras tanto, el hombre de 40 años también sufrió una campaña de denigración y agresiones físicas. En abril del 2016, la cadena del Estado ruso Rossiya 1 difundió por ejemplo documentos supuestamente del MI6, el servicio de inteligencia británico, que revelaron que Navalny trabajaba para la “desestabilización del orden constitucional de la Federación de Rusia (en nombre de la CIA)”, explicó el periódico francés Courrier International. Rápidamente, varios observadores, entre ellos el corresponsal en Moscú del periódico británico The Guardian, Shaun Walker, criticaron la autenticidad de estos documentos indicando que estaban llenos de errores de gramática y de inexactitudes.

En abril del 2017, Navalny fue atacado: recibió en la cara una substancia verde presentado al inicio como una solución antiséptica, el Zelenka. Tras una nota de humor y luego de haber afirmado que aún parecía a Shrek, se presentará a la elección presidencial, el opositor reveló algunos días después haber perdido la mayor parte de su vista del ojo derecho y que debía ser operado.

Una personalidad ambigua

La historia del bloguero, cuya imagen pública está por supuesto enturbiada por las acusaciones judiciales que Navalny ha siempre negado, contiene además episodios realmente polémicos. Le reprochan frecuentemente mostrar una cierta proximidad con la extrema-derecha rusa. En 2007, participó a la Marcha rusa, una reunión controvertida donde participan grupos racistas. “Si la gente normal no va a la marcha, pues, los marginados van a aprovecharla”, explicó en 2012, según la revista francesa L’Obs.

Asimismo, defendió la invasión rusa en Georgia en agosto del 2008, y llamó varias veces a deportar a los inmigrantes ilegales, indicó el sitio The Atlantic. Entrevistado por The Guardian con respecto a los videos donde compara los trabajadores migrantes a “cucarachas”, invoca la “licencia artística”.

Desde entonces, el ruso con el hoyuelo en el mentón y con los ojos tan azules como los de Vladimir Putin, ha matizado este aspecto nacionalista de su discurso. Lo que sin embargo no le dará acceso a la línea de partida para las presidenciales, cuyo cierre definitivo para las candidaturas es el 12 de enero.

Primera modificación : 03/01/2018

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