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Reactivar la economía y combatir la corrupción, los desafíos de Cyril Ramaphosa en Sudáfrica

© Ruvan Boshoff, Pool, Reuters | El presidente Cyril Ramaphosa pronuncia su discurso sobre el estado de la nación en el Parlamento en Ciudad del Cabo, el 16 de febrero de 2018.

Texto por Federico Cué Barberena

Última modificación : 17/02/2018

El nuevo presidente sudafricano trazó los objetivos de su mandato de diez meses, tras reemplazar a Jacob Zuma, quien renunció bajo presión. El mandatario gobernará el período previo a las elecciones, con la esperanza de ganar crédito para ser electo.

En su primer discurso del estado de la nación ante el Parlamento, Ramaphosa intentó mostrar un liderazgo renovado, luego de asumir de manera anticipada la presidencia sudafricana tras la salida de su antiguo compañero, Jacob Zuma, quien afronta diversas acusaciones por corrupción.

Frente a los legisladores, el nuevo mandatario delineó sus primeras directivas, con un tono sobrio y conciliador, que despertó optimismo en las filas del oficialista Congreso Nacional Africano y cierto escepticismo entre los opositores. Algunos optaron por darle crédito a Ramaphosa, otros consideraron que su discurso no aportó nada diferente.

En su alocución, Ramaphosa anticipó que serán necesarias “decisiones difíciles” para reactivar la estancada economía sudafricana. En ese aspecto, el presidente prometió encarar políticas de generación de empleo y garantizar “seguridad” y “consistencias” en las políticas, con el fin de dar tranquilidad a los mercados.

En este punto pareció diferenciarse de su antecesor, cuestionado por sus cambios de rumbo y sus modificaciones imprevistas en el gabinete, que sacudieron a los mercados financieros nacionales y confundieron a los inversores.

“Los precios de las materias primas han crecido y siguen mejorando. Muchas de nuestras empresas y nuestras minas, están aumentando el número de pedidos. El mercado de valores se incrementó, el rand se ha fortalecido y hay indicios de que la confianza de los inversores está en aumento”, destacó.

También garantizó que continuará con la lucha contra la corrupción, otro de los aspectos cuestionados contra Zuma. Entre los desafíos que deberá enfrentar, Ramaphosa tendrá que fortalecer las debilitadas empresas estatales en la economía más industrializada de África y recortar un gabinete inflado.

“Hay que tomar decisiones difíciles para cerrar nuestra brecha fiscal, estabilizar nuestra deuda y restaurar nuestras empresas estatales”, dijo Ramaphosa, quien prometió luchar contra el desempleo, hoy fijado en un 27 por ciento.

“Estamos decididos a construir una sociedad definida por la decencia y la integridad, que no tolere el saqueo de los recursos públicos, ni el robo por parte de los delincuentes corporativos de los ahorros obtenidos con esfuerzo de la gente común”, agregó.

Entre las medidas económicas que adelantó, Ramaphosa aseguró que implementará una política de "transformación económica radical" que acelerará la expropiación de tierras sin compensación, pero aclaró que éstas deberán ser utilizadas para incrementar la producción agrícola y mejorar la seguridad alimentaria. También depositó esperanzas en el desarrollo de la minería por su potencial de crecimiento y empleo.

La industria minera de Sudáfrica ha sido un importante empleador y contribuyó con un 7,7 por ciento al Producto Interno Bruto en 2016. El sector también representa el 25 por ciento de las exportaciones en la del país y, para este año, las estimaciones indican que el PIB de Sudáfrica crecería alrededor del 1 por ciento este año.

Sensaciones encontradas entre legisladores y ciudadanos tras el discurso

Tras el discurso de Ramaphosa, las reacciones de los parlamentarios no se hicieron esperar. Entre los integrantes del oficialista Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), reina el optimismo tras lograr la renovación anticipada de su liderazgo con la salida de Zuma.

El presidente del ANC, Gwede Mantashe, destacó que Ramaphosa “ajustó un programa en un período corto de tiempo” y dio un discurso “en aquellos problemas que son producto de un largo proceso que nos involucra a todos”.

Por su parte, Lindiwe Sisulu, legisladora oficialista, remarcó que el nuevo presidente transmitió la sensación de que “está determinado a que todos nosotros haremos un cambio, el cual empieza ahora”.

Más precavidos y escépticos fueron los representantes de la oposición. Julius Malema, líder del partido Luchadores por la Libertad Económica (EFF, por sus siglas en inglés) le otorgó “el beneficio de la duda” a Ramaphosa porque “es nuevo en el cargo” y prometió “darle crédito en base a sus compromisos”. No obstante, remarcó que, hasta el momento, el presidente “no tiene un plan” para ejecutar sus ideas.

En tanto, el líder de la oposición y jefe del partido Alianza Democrática, Mmusi Maimane, fue menos complaciente y acusó a Ramaphosa de estar leyendo un viejo guión. “Nos encontramos en una situación difícil, necesitamos una acción completa, decidida y audaz de inmediato que apareció en el discurso”, disparó.

También hubo reacciones dispares entre los ciudadanos. Si bien, en líneas generales, dieron la bienvenida al cambio de aire en el país, advirtieron que se necesitan acciones concretas más que palabras.

En diálogo con la agencia AP, Tebogo Khoza, un habitante de Soweto, un área suburbana al noreste de Johannesburgo, recomendó al gobierno que no solo “hable en televisión”, sino que “vaya a las zonas rurales, creen confianza en los jóvenes y les muestren que el empleo crecerá”.

Por su parte, otro residente local, Tshepo Philwana, se mostró “algo positivo” sobre el pronunciamiento de Ramaphosa, aunque aclaró que “no es la primera vez que escucho esto” y destacó que el presidente se haya referido al problema del empleo.

En este difícil panorama, Ramaphosa encarará un período transicional de diez meses para llegar a las elecciones generales previstas para el próximo año. Esta etapa será clave para sus aspiraciones de alcanzar la presidencia en esos comicios.

Con Reuters y AP

Primera modificación : 17/02/2018

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