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Argentina recurrió al FMI: ¿qué ocurrirá ahora?

© Eitan Abramovich / AFP | Algunos expertos ven como incomparable esta situación a la crisis de 2001, el "corralito".

Texto por Natalio Cosoy

Última modificación : 12/05/2018

Mientras la moneda argentina acelera su depreciación y el Gobierno negocia con el FMI, unos aguardan a que la medida normalice la situación y otros expresan su temor por un desenlace hacia una crisis económica. Esto es lo que está en juego.

Serán unas seis semanas de negociaciones entre el Gobierno de Argentina y el FMI. Tiempo que estará plagado de incertidumbre y de una ciudadanía argentina expectante, dividida entre confiar en que se trata de un camino hacia la estabilidad y sentir no es más que un indicio de profundización de la crisis económica; entre quienes ven asomarse el fantasma del colapso económico de 2001 y quienes aseguran que la situación actual es incomparable a la de aquel entonces.

Tras una sucesión de medidas para intentar contener una escalada del dólar, el gobierno jugó una carta que, o bien no tenía previsto usar o tenía escondida bajo la manga. El presidente Mauricio Macri, en una alocución grabada anunció el martes 8 de mayo que tras más 15 años Argentina volvería a pedir un crédito al FMI.

Según el diagnóstico del presidente, Argentina se vio golpeada por circunstancias externas que llevaron a una caída en los ingresos de divisas al país, necesarias, dijo el mandatario, para sostener una política económica “gradualista”, en la que intentan que los ajustes del gasto público y otras medidas (como reforma laboral) no se implementen todas juntas y creen un shock. Entre otros factores que afectan al plan del Gobierno se encuentran un aumento en la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal de EE.UU. (que modifica la ecuación ganancia/ riesgo, haciendo que el riesgo que implicaba invertir en deuda argentina se vuelva menos atractivo al aumentar lo que paga la deuda de EE.UU.) y una devaluación global del dólar, que empuja al peso argentino (así como a otras monedas de países emergentes) hacia abajo.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y su equipo viajaron a EE.UU. para comenzar las negociaciones con el FMI, que se espera puedan llegar a extenderse hasta mediados de junio, para alcanzar un acuerdo que lleve tranquilidad a los inversores externos. El jueves, Dujovne, tras reunirse con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, confirmó que el país solicitó un acuerdo stand-by de alto acceso, un instrumento que tiene "la flexibilidad necesaria para cumplir el objetivo que estamos buscando", dijo.

El tipo de acuerdo stand-by es el más antiguo de los que otorga el FMI, utilizado por la entidad desde hace más de 50 años, y también es el que tiene más condicionalidades, exigencias al Estado que lo solicita para que se le entreguen los fondos (en el caso de Argentina se espera que solicite en torno a 20.000 y 30.000 millones de dólares). Es el tipo de acuerdo que este país había negociado históricamente con el Fondo, hasta que dejó de solicitar su ayuda en los primeros años de la década del 2000 y que en muchos argentinos trae memorias de ajuste y crisis, fundamentalmente la crisis de 2001, que terminó en el llamado "corralito" (imposiblidad de retiro de fondos bancarios de los ahorristas) y luego en la devaluación que puso fin a diez años de convertibilidad (equidad 1 a 1 entre el peso argentino y el dólar).

Es justo decir que para muchos ciudadanos la mención de las siglas FMI produce al menos, entonces, un estado de alerta. La consultora D'Alessio Irol había hecho un sondeo un par de días antes del anuncio de las negociaciones con el Fondo, que mostraban que un 75% de los encuestados consideraba inadecuado un pedido de ayuda a esa entidad. Es que, aunque los condicionamientos para los fondos saldrán de las negociaciones entre el país y la entidad, siempre se tratará de algún tipo de ajuste.

Factores externos e internos empujaron a los responsables de la economía hacia el pedido de ayuda al FMI

Para el gobierno tomar la decisión de recurrir al Fondo acarrea un indudable alto costo político. Entonces, ¿por qué lo hizo?

Efectivamente, como dijo el presidente, estuvieron los efectos externos, que se sumaron a factores internos: una escalada inflacionaria, la decisión de aplicar un impuesto a inversiones financieras externas (que motivó la salida de algunos capitales) y una avanzada de la oposición en el Congreso para revertir un aumento de tarifas de servicios públicos que implicó un recorte de subsidios y, a la vez, un mayor ingreso a las prestadoras.

A ese contexto se llegó tras una serie de circunstancias que fueron dejando cada vez con menos opciones a los responsables de la economía del país. Las más recientes fueron la depreciación del peso argentino, que el Banco Central intentó contener vendiendo reservas a partir del 5 de marzo, sin éxito en el mediano plazo. Para intentar contener la salida de dólares y el aumento del precio de la divisa, la entidad también subió su tasa de interés, que llegó a 40% el 4 de mayo. Sin embargo, desde marzo, el dólar pasó de 20,45 pesos a más de $23 esta semana.

Martín Alfie, economista jefe de Radar Consultora, resume así los errores del gobierno: "Quedaron muy en offside (fuera de juego), minimizaron los riesgos, no dieron cuenta de un riesgo externo". Argentina estaba muy atado al ingreso dólares externos de inversores poco estables, capaces de salir rápidamente si evalúan que la relación riesgo-ganancia se volvía menos favorable (algo que ocurrió cuando la Reserva Federal subió las tasas de interés en EE.UU.). "Acá lo que se expresó es que el esquema de financiamiento externo del Gobierno era un castillo de naipes", le dijo Alfie a France 24 en Español.

Condiciones: ajuste del Estado y reformas previsionales, laborales e impositivas

Algunos analistas consideran que el Gobierno podría haber recurrido a otras entidades, que no impongan condiciones para otorgar financiamiento, como la Reserva Federal de EE.UU. No obstante, Claudio Loser, quien dirigió el departamento para el Hemisferio Occidental del FMI entre 1994 y 2002, le dijo a France 24 en Español: "Yo siempre creo que hay alternativas, pero creo que esta fue una buena alternativa, creo que era lo adecuado".

Y es lo que ocurrió. Entonces, ahora, ¿cuáles pueden ser las exigencias del FMI para otorgar dólares a Argentina?

El menú incluye ajuste del Estado y reformas previsionales, laborales e impositivas. "Lo más fácil, pero lo más tonto, es cortar inversión", dijo Loser. Dice que es lo más "tonto", porque las inversiones del Estado, en infraestructura por ejemplo, alimenta el crecimiento del país. Sin embargo, las autoridades ya anunciaron que se recortará la obra pública en 30.000 millones de pesos (1.320 millones de dólares).

Loser cree que el foco debería estar puesto en recortes del empleo público, un menor aumento de salarios por inflación y un incremento de la edad jubilatoria. Esos puntos coinciden con las recomendaciones que el FMI le hizo Argentina en la revisión que hizo de su economía en 2017. Todas sugerencias que pueden ahora terminar convirtiéndose ahora en exigencias que terminarían no tanto desviando el programa de reforma del Gobierno, sino acelerándolo.

Otra alternativa es que el Fondo exija que el Gobierno deje flotar más libremente el dólar, que hoy se encuentra en torno a los 24 pesos. Pero eso terminaría trasladándose a precios y tener un efecto recesivo, por caída en el consumo.

Dante Sica: "la plata del Fondo es como decir 'tengo la bomba atómica', tiene poder disuasorio"

Fundamentalmente, la asistencia del FMI no consiste de fondos para el sector público, sino para una economía Argentina muy dependiente de los dólares e incapaz de generar los suficiente con exportaciones. "Ir al Fondo sirvió para calmar el mercado", le dijo a France 24 en Español, Dante Sica director de la consultora Abeceb. "La plata del Fondo es como decir 'tengo la bomba atómica': tiene poder disuasorio".

Pero es también "una señal de debilidad", para Alfie. Es paradójico: Argentina va al Fondo para dar un mensaje de solidez (por el respaldo del organismo), pero el simple hecho de recurrir a esa asistencia da cuenta de una fragilidad. La duda que queda, entonces, es ¿con qué parte del mensaje se quedarán los mercados internacionales?

Varios analistas coinciden en que cualquier escenario de ajuste probablemente termine con mayor inflación (tal vez cercana al 25% de 2017), un dólar más caro, menor crecimiento, caída en el poder adquisitivo e incertidumbre.

Pero no una crisis extrema. "No veo que estemos al borde del abismo", dijo Alfie, para quien no se puede comparar esta situación a la de 2001. Entre otras cosas, ya no está la paridad peso-dólar, que hacía prácticamente imposible contener una corrida; además en ese entonces una enorme cantidad de los contratos (hipotecas, deudas de empresas) estaban en dólares, por lo cual al caer la convertibilidad se rompió la cadena de pagos. Hoy no existen esos riesgos.

El dinero del Fondo, si es que el Gobierno recurre a él, no sería para cubrir cuentas públicas (esas necesidades están cubiertas para 2018), sino que al dejar abierta la opción de fortalecer las reservas del Banco Central se le da más margen de acción a la hora de contener la tendencia alcista del dólar, y sobre todo se da un mensaje de menor riesgo a los inversores globales, porque saben que habrá dinero para pagar las deuda que Argentina contraiga con ellos.

Esta misión del Gobierno por llevar tranquilidad a los inversores externos no se limita solo a recurrir al FMI. Las autoridades también dijeron que están explorando posibles líneas de crédito con el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento, además de bancos privados. El miércoles el BIS (Bank of International Settlements, Banco de Pagos Internacionales, con sede en Suiza) le había concedido a Argentina una línea de crédito de 2.000 millones de dólares. Cuantos más respaldos sume, más pueden mirar a los mercados a los ojos y convencerlos de la estabilidad y el respaldo general que tiene la economía del país. En algún punto, coinciden todos los analistas consultados, se trata más del mensaje que de los fondos específicos que recaude.

¿Funcionará? La próxima semana habrá renovación de más de 670.000 millones de pesos (unos 30.000 dólares) en LEBAC, títulos de deuda que emite el Banco Central todos los meses; los expertos creen que esa será una gran prueba. Si la renovación es alta significaría que, en principio, la decisión dio resultado.

Mientras tanto, el equipo argentino y el del FMI continuarán negociando los términos del acuerdo la semana próxima en Washington. Las seis semanas de negociaciones entre el Gobierno y el FMI terminarán, si es ese finalmente el cronograma (todo es tan difícil de prever en el devenir económico local), cuando el país esté jugando partidos de fase de grupos del Mundial de Fútbol Rusia 2018. Serán días de alta intensidad emocional en Argentina, se mire por donde se mire. Y muchos en el país se preguntarán si el costo a nivel interno, tanto político como social, era la opción adecuada para dar un mensaje de tranquilidad externo.

Primera modificación : 12/05/2018

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