Rendez-vous

Repetición


LOS ÚLTIMOS PROGRAMAS

ECONOMIA

El rescate económico de Grecia llega a su fin

Saber más

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Así fue realizado el primer trasplante bipulmonar en Ecuador

Saber más

CULTURA

El boom Anitta que ha despertado al funk brasileño de su letargo

Saber más

ESCALA EN PARÍS

Rubén Alterio: "cada obra es un espectáculo"

Saber más

ECONOMIA

China y Estados Unidos retoman conversaciones

Saber más

Deportes

Veinte años después, Francia vuelve a consagrarse en la historia del fútbol

© Charles Platiau / Reuters | Fanáticos celebran en la icónica avenida de los Campos Elíseos después de que Francia ganara la final de la Copa Mundial de Fútbol, París, Francia, 15 de julio de 2018.

Texto por France 24

Última modificación : 16/07/2018

Francia se convirtió en campeona de un Mundial 20 años después. La victoria de los “azules” en la final contra Croacia (4-2) consagra una generación dorada que forjó su éxito sobre las cenizas de una Eurocopa del 2016 marcada por la decepción.

La selección gala triunfó donde dos siglos antes Napoleón Bonaparte fue derrotado. En la lejana tierra de Rusia, la nueva generación dirigida por Didier Deschamps ha conquistado la cima veinte años después de la victoria del año 98.

Como los victoriosos de aquel año, Griezmann, Pogba y Mbappé han ganado su derecho de gritar en voz alta que ellos también son los campeones del mundo.
Sin embargo, la aventura no fue fácil para aquellos que al fallar siempre fueron capaces de mostrar su mejor cara ante sus oponentes.

Enfrentando a Croacia en la final de la Copa Mundial de 2018, el margen de diferencia fue aún más visible, especialmente después de que Francia pasara milagrosamente todas las etapas.

Como en el partido anterior con Bélgica, los franceses tuvieron muchas dificultades para encontrar su espacio en la cancha. Todo comenzó bien cuando en un tiro de esquina del delantero Antoine Griezmann, el jugador croata, Mario Mandzukic cabeceó contra su propia portería (1-0). Solo que en revancha, Ivan Perišić castigó al equipo francés con un empate en el minuto 28.

Incluso al borde de la ruptura, la selección francesa siguió manteniéndose a flote.
A pesar de estar más arrinconados que nunca, fue la precisión milimétrica de casi cada ocasión la que dobló el curso del juego y los llevó a la final de este domingo 15 de julio con una estrategia que no siempre dominaron.

Al final del primer tiempo, gracias al sistema VAR que usó el árbitro Néstor Pitana, se penalizó una mano del jugador croata Perišić, que naturalmente se convirtió en un obsequio para Griezmann que no pudo rechazar dejando el marcador a 2-1.
Luego del descanso de medio tiempo, la maquinaria francesa comenzó a funcionar para el desconsuelo de los croatas. Primero con Paul Pogba con un buen tiro curvado (3-1) y después la joven promesa Kylian Mbappé, quién selló el destino del Mundial con un gol en el minuto 65.

Incluso la actuación de Hugo Lloris no pudo arruinar la fiesta.

El portero de Francia inexplicablemente retrasó su saque cuando Mario Mandzukic, que llegó como una bala a la portería, le arrebató la pelota de sus pies reduciendo la diferencia a un 4-2 a falta de 20 minutos.

El error de Lloris le dio un segundo empuje a la selección ajedrezada, que comenzó a plantear nuevamente su ataque. Sin embargo, la Copa del Mundo ya había elegido a su equipo ganador.

Una maldición al fin rota

Detrás de la inmensa alegría de todo un grupo, la imagen de Didier Deschamps quedará grabada definitivamente. El capitán de Francia del 98, que agitó el famoso trofeo hace dos décadas, pasó el testigo en este nuevo proclamamiento. Una victoria llena de simbolismo para alguien que tuvo tanto éxito como jugador, antes de fallar muchas veces frente a las puertas de la gloria.

A pesar de sus títulos con el Olympique de Marsella como técnico en la liga francesa (2010, 2011 y 2012) o en Mónaco (2003), aún arrastraba ser el hombre de las epopeyas desafortunadas. En 2004, con sus monegascos, perdió la final de la prestigiosa Champions League. Doce años más tarde, la historia se repitió, pero en casa, con una derrota ante Portugal.

Este 15 de julio, las fallas desaparecieron y como el equipo, Deschamps también cambió de velocidad.

Pero más que un logro para este hombre se trata de la victoria de un estilo, de una elección que solo se lleva los méritos en caso de una victoria final. Donde el ‘Tiki-Taka’ español, el juego bonito brasileño o la ‘grinta’ argentina fallaron, el pragmatismo del excentrocampista defensivo fue el que permaneció y ganó.

Bajo su dirección, Pogba corrigió su apatía, Giroud hizo brillar a sus compañeros –algo inusual para el portador del número 9-, Griezmann y Mbappé acumularon kilómetros, Kanté y Matuidi peinaron ampliamente y la articulación defensiva encontró por fin un buen ritmo.

Un pequeño milagro, viendo lo que “Les Bleus” habían propuesto en los meses anteriores al evento.

La victoria de una ideología impopular

Pero este Mundial fue el del renacimiento y Francia lo sintió. Poco inspirada cuando estaba obligada a practicar un juego de posesión, supo aceptar dejar lo más posible la pelota a su adversario para confundirlo. Una decisión percibida durante mucho tiempo como una falta de ambición, pero que preservó a la selección francesa del pecado del orgullo y que hizo caer al suelo a Alemania y España bastante rápido en la competición.

"Si tengo la estrella, no me importa ser un campeón del mundo 'feo'", dijo Griezmann al salir del partido Francia - Bélgica, durante el cual mostró que el resplandor belga se desvaneció contra la fortaleza francesa.

En respuesta a muchas críticas, Griezmann tenía obviamente el recuerdo de dos años antes. “El mejor goleador de la Eurocopa 2016” no se preocupaba de esta distinción personal después de haber perdido la final, mientras Portugal festejaba su primer título grande. No obstante, Cristiano Ronaldo y sus compañeros ganaron solamente un partido de cada siete en el tiempo reglamentario.

La fealdad es un concepto conmovedor. El catenaccio italiano de los años 90, el ‘Tiki-Taka’ de España y el Barça, fueron todos llevados a los cielos y luego se rompieron en el altar de una pelota de fútbol con ideologías constantemente renovadas. Y esta "victoria fea" hace gritar tanto a los amantes del fútbol, ya que ella corona a los estrategas y ya no al artista, tampoco tiene vocación de continuar. Lo que quedará, sin embargo, es una segunda estrella, finamente bordada en la camiseta azul que los seleccionados portan cuando caminan en el césped en nombre de Francia.
 

Primera modificación : 16/07/2018