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Las partes en conflicto en Libia firmaron un alto el fuego "permanente" lleno de desafíos

Esta foto del 23 de octubre de 2020, cedida por la Oficina de las Naciones Unidas, muestra a los representantes de las dos facciones rivales de Libia posando con la representante especial adjunta del secretario general de Asuntos Políticos de la ONU en Libia, Stephanie Williams, después de una ceremonia de firma en Ginebra, Suiza.
Esta foto del 23 de octubre de 2020, cedida por la Oficina de las Naciones Unidas, muestra a los representantes de las dos facciones rivales de Libia posando con la representante especial adjunta del secretario general de Asuntos Políticos de la ONU en Libia, Stephanie Williams, después de una ceremonia de firma en Ginebra, Suiza. © Violaine Martin / Naciones Unidas / AFP

El Gobierno y el Parlamento de Libia, protagonistas del enfrentamiento, sellaron este viernes un acuerdo de cese al fuego "nacional y permanente", con efecto inmediato, gracias a la mediación de la ONU. La firma, que prevé la salida de fuerzas extranjeras, ha sido vista −salvo por Turquía− como un inicio de regreso a la paz, aunque esta se antoja difícil, con duras negociaciones políticas y económicas por delante, que no están exentas de intereses internacionales por tratarse del país con más reservas de petróleo de África.

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Tras cinco días de negociaciones en Ginebra, los representantes de los dos bandos enfrentados en Libia −el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) con base en Trípoli y el Parlamento del Este afincado en Tobruk− sellaron este viernes 23 de octubre un acuerdo de alto el fuego "permanente", que prevé cubrir todo el territorio nacional.

"Las partes libias han llegado a un cese el fuego permanente para toda Libia. Este logro representa un giro importante hacia la paz y la estabilidad en el país", declaró la Misión de Apoyo de Naciones Unidas para Libia (UNSMIL), mediadora del pacto, que se ha conseguido gracias a la representante de la ONU Stephanie Williams. 

Esta, antes de la firma −retransmitida en directo desde el Palacio de las Naciones−, se dijo confiada por la durabilidad del resultado de la Comisión Militar Conjunta 5+5, formada por diez representantes de los dos ejércitos en conflicto. A su vez, la Unión Europea tildó el acuerdo de "muy buena noticia". Sin embargo, para Turquía, que es un actor clave en la historia, este "no se ha logrado al más alto nivel, sino a un nivel inferior, (con personas) designadas por Khalifa Haftar y el exlíder del GNA, Fayez al Sarraj", en palabras del presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

En concreto, ¿qué supone este acuerdo de efecto inmediato?

Si a Erdogan "no (le) parece fiable" el alto el fuego es porque considera que debería haberse acordado entre el jefe del Gobierno Nacional, sostenido por la comunidad internacional (especialmente por Turquía y Qatar), y las autoridades de la facción del Este, cuyo rostro más visible es el mariscal Khalifa Haftar, que recibe apoyo de Rusia, Egipto y Emiratos Árabes Unidos.

Pero es Turquía y no otro quien tiene soldados y oficiales turcos sobre el terreno, y ha subcontratado a mercenarios sirios, además de entrenar a las fuerzas libias para ayudar al GNA. Por lo que no cree que la salida de toda fuerza extranjera en el país y de los mercenarios extranjeros, en un plazo de 90 días, vaya a ejecutarse.

En especial, por los miles de mercenarios rusos y sudaneses que están del lado del Este, a los que llama "combatientes (rusos) pagados por Wagner" −no reconocidos por el Kremlin−, en referencia a la compañía paramilitar de origen ruso, que se cree que Moscú habría enviado a Libia para apoyar a Haftar. 

Representantes de las dos facciones rivales de Libia se dan la mano, después de la ceremonia de firma de cese el fuego, el 23 de octubre de 2020 en Ginebra, Suiza.
Representantes de las dos facciones rivales de Libia se dan la mano, después de la ceremonia de firma de cese el fuego, el 23 de octubre de 2020 en Ginebra, Suiza. © Violaine Martin / Naciones Unidas / AFP

Este es el punto más difícil del pacto, por el hecho de que "todas las unidades militares y grupos armados desplegados deben retornar a sus cuarteles", además de cumplir la "salida del territorio libio, de todos los mercenarios y tropas extranjeras que estén operando por tierra, mar y aire". Lo que no incluye, como indicó la jefa en funciones del UNSMIL, a las organizaciones consideradas como terroristas por la ONU.

Además de esto, el acuerdo contempla que, hasta que un gobierno unificado de las dos partes no asuma sus funciones, se parará el entrenamiento de tropas, así como saldrán del país los equipos extranjeros de formación militar −como el ya nombrado de Turquía−, con miras a crear centros de operaciones de Policía y de Ejército, que sean conjuntos y que reintegren potencialmente en "instituciones estatales" a varios miembros de los grupos armados.

Por el lado del GNA, llamado también Gobierno de Acción Nacional, el coronel Ali Abushahma expresó su deseo de que el alto el fuego "ponga fin al conflicto armado y al derramamiento de sangre en Libia": "(Pido a los responsables de tropas) hacer todo lo posible para cumplir el acuerdo con responsabilidad y reconstituir el aparato militar para que sea una fuerte mano contra quien mine la estabilidad de Libia".

Mientras que del lado del Parlamento de Tobruk, el jefe de la delegación, Amhimmid Mohammed Alamami, hizo hincapié en que la Comisión 5+5 "ha conseguido lograr lo que todos los libios estábamos esperando: mostrar la pertenencia a una nación y extender la paz y la seguridad".

Carreteras y rutas aéreas abiertas, más un reparto del ingreso petrolero

Tanto Abushahma como Alamami han solicitado que, ya con la firma en la mano, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adopte una resolución que garantice su cumplimiento. No solo por los actores libios internos, sino también por los externos. Y es que los primeros, se han comprometido a desechar esa "retórica del odio" en medios y redes sociales. Pero se antoja difícil que los segundos vayan a abandonar sus intereses en el país africano con mayores reservas petroleras, cuando Turquía ha afianzado su presencia y Rusia ejerce gran influencia con sus mercenarios.

Lo interesantes es que, al margen de ellos, la Comisión libia 5+5 ha marcado pasos significativos. Ya desde el miércoles convino una reapertura de las rutas terrestres y aéreas en el país. Esto se había medio acordado en septiembre en la urbe egipcia de Hurgada, si bien, para la población −exhausta de combates y divisiones− supone una chispa de esperanza. Tras meses de separación forzada, por una ofensiva que duró de abril de 2019 hasta junio de este 2020, lanzada por las fuerzas pro-Haftar, que buscaba acorralar Trípoli, al fin podrán ver a sus familias. 

En esta línea, también han decidido aumentar y compartir la producción de petróleo siempre que, como ha afirmado Stephanie Williams, sus comandantes "trabajen con el representante de la National Oil Corporation para hacer una reestructuración de los guardias de las instalaciones petroleras". En el pasado, dichos guardias mutaron en miembros de grupos armados, con tendencia a cambiar de bando. Sin embargo, desde este septiembre, los pro-Haftar levantaron su bloqueo en las instalaciones a cambio de compartir la producción, que desde enero perdió más de 9.800 millones de dólares, según la compañía nacional petrolera, por este bloqueo. 

La Representante Especial Adjunta del Secretario General de la ONU para Asuntos Políticos en Libia, Stephanie Williams, se quita la mascarilla durante una conferencia sobre las conversaciones entre las facciones rivales en el conflicto de Libia, el 21 de octubre de 2020, en las oficinas de Naciones Unidas en Suiza.
La Representante Especial Adjunta del Secretario General de la ONU para Asuntos Políticos en Libia, Stephanie Williams, se quita la mascarilla durante una conferencia sobre las conversaciones entre las facciones rivales en el conflicto de Libia, el 21 de octubre de 2020, en las oficinas de Naciones Unidas en Suiza. © Fabrice Coffrini / Pool / AFP

Así, esta semana Libia protagonizó varios vuelos entre Trípoli y Bengasi −uno bajo control estatal y otro bajo control parlamentario−, mientras que la producción de petróleo se podrá reanudar muy pronto, de acuerdo con Williams, que aplaude este día, pero insiste en que "aún queda mucho trabajo por hacer".

Un acuerdo que cese, en realidad, "el sufrimiento del pueblo libio"

Libia convive con un caos enquistado desde 2011, con el derrocamiento de Muamar al Gadafi por parte de varios grupos y milicias rebeldes que, ayudadas por la OTAN, sembraron un Estado fallido y en guerra. Precisamente, la guerra civil ha ganado en los últimos seis años, entre los poderes rivales Gobierno de Acuerdo Nacional y las autoridades del Este. Pero también debido a la internacionalización bélica por parte de Turquía, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Rusa y Francia.

Por todo ello, el camino trazado hasta aquí, hasta las negociaciones, "ha sido largo y difícil", dice la responsable de la ONU, quien espera que el acuerdo contribuya "a poner fin a los sufrimientos del pueblo libio, permitiendo a personas desplazadas y a refugiados volver a vivir en paz y seguridad en su país".

Por lo pronto, las partes van a detallar la desmovilización de tropas, la reintegración de sus miembros y la lucha antiterrorista porque, junto a las negociaciones militares en Ginebra, deben proseguir las discusiones políticas y económicas en Berlín, así como la creación de un Gobierno de unidad y la asignación de altos cargos en los principales puestos financieros. Unas conversaciones que se darán en noviembre en la vecina Túnez. 

Sobre estas, la responsable Stephanie Williams ha querido subrayar que no habrían tenido éxito sin la petición del secretario general de la ONU António Guterres que, ante la crisis sanitaria, ha lanzado una campaña de alto el fuego en todos los países en conflicto.

Con Reuters, AFP y EFE

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