Dos aeropuertos próximos a la región etíope de Tigray fueron atacados con misiles

Archivo-Miembros de la Fuerza Especial de Amhara regresan a la base militar de la 5ta división mecanizada de Dansha después de luchar contra el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF), en Danasha, región de Amhara, cerca de la frontera con Tigray, Etiopía, el 9 de noviembre de 2020.
Archivo-Miembros de la Fuerza Especial de Amhara regresan a la base militar de la 5ta división mecanizada de Dansha después de luchar contra el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF), en Danasha, región de Amhara, cerca de la frontera con Tigray, Etiopía, el 9 de noviembre de 2020. © Reuters/Tiksa Negeri

Usados tanto por militares como por civiles, estos aeropuertos en Amhara habrían sido bombardeados por tropas locales del Frente de Liberación de Tigray, según lo denuncia el primer ministro de Etiopía. Se trata del más reciente ataque sabido –las comunicaciones siguen caídas–, en un enfrentamiento entre el Ejecutivo nacional y el Gobierno regional que empieza a expandirse, con masacres, cambios de poder y acusaciones de crímenes de guerra.

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La amenaza de una guerra civil en Etiopía, el segundo país más poblado de África, parece cada vez más latente. En la región de Tigray –ubicada al norte, con cerca de cinco millones de habitantes–, se libra una fatídica batalla desde el 4 de noviembre.

Entonces, el Ejército del primer ministro etíope, Abiy Ahmed, culpó a fuerzas locales del partido Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF), que gobierna la zona, como responsables de atacar una base federal.

Aunque esas milicias negaron las acusaciones y culparon al Ejército de perseguirlos en los dos años que lleva el nuevo Gobierno, este hecho desencadenó el episodio más reciente y sangriento de la historia del país, que ya tenía sus antecedentes.

En el último capítulo del enfrentamiento está un bombardeo contra dos aeropuertos del estado Amhara, vecino de la región en disputa. Lo que empeora el escenario y derriba cualquier esperanza de un cese de las hostilidades, ante las peticiones de Naciones Unidas y Amnistía Internacional. Hace dos días la Administración de Abiy proclamaba la victoria en Tigray, imponiendo una "vuelta a la normalidad" y el fin de la "anarquía" en la región. Si bien, solo hay evidencias de que el conflicto empeora.

"En las últimas horas del 13 de noviembre de 2020, se disparó un cohete hacia las ciudades de Bahir Dar y Gondar. Como resultado, las áreas del aeropuerto han sufrido daños", afirmó en un comunicado el Gobierno etíope.

Uno de los ataques alcanzó el aeropuerto de Gondar y lo dañó parcialmente –según Awoke Worku, portavoz de la zona central de Gondar–, mientras que un segundo misil disparado simultáneamente aterrizó a las afueras del aeropuerto de Bahir Dar. Esas terminales aéreas son utilizadas tanto por aviones militares como por civiles.

En estos lanzamientos, al menos dos personas habrían muerto y alrededor de 15 habrían resultado heridas, además de bajas de soldados, de acuerdo a un médico de un hospital de Gondar, que habló bajo condición de anonimato.

Tanto el Gobierno como el Frente se culpan del ataque

El Ejército Nacional responsabiliza a las tropas locales de lo ocurrido y el TPFL ha sido ambiguo al admitir su presunta responsabilidad. El Frente de Liberación del Pueblo de Tigray indicó que sus fuerzas realizaron ataques con proyectiles en bases militares en Bahir Dar y Gondar, en represalia por los ataques aéreos de las tropas del primer ministro en varias partes del estado.

Pero más tarde, su líder, el presidente Debretsion Gebremichael, declaró que no tenía información sobre las ofensivas denunciadas. No obstante, señaló que los dirigentes de su grupo han ordenado que "cualquier aeropuerto utilizado para atacar Tigray será un objetivo legítimo".

Previamente, el primer ministro dijo que aviones de combate del Gobierno estaban bombardeando objetivos militares en la región, incluidos depósitos de armas y equipos controlados por las fuerzas de Tigray. Abiy Ahmed asegura que sus operaciones militares tienen como objetivo restaurar el estado de derecho en el estado montañoso.

Los etíopes que huyeron de los combates en curso en la región de Tigray se preparan para cruzar el río Setit en la frontera entre Sudán y Etiopía en la aldea de Hamdait en el estado oriental de Kassala, Sudán, el 14 de noviembre de 2020.
Los etíopes que huyeron de los combates en curso en la región de Tigray se preparan para cruzar el río Setit en la frontera entre Sudán y Etiopía en la aldea de Hamdait en el estado oriental de Kassala, Sudán, el 14 de noviembre de 2020. © Reuters/El Tayeb Siddig

Las acusaciones se producen en medio de un desplazamiento masivo de miles de etíopes, que siguen cruzando la frontera hacia la vecina Sudán. Por lo que algunos trabajadores humanitarios solicitan con "extrema urgencia" acceder a Tigray para llevar medicinas, agua y alimentos. Hasta el viernes por la noche, al menos 21.000 etíopes habían huido de la zona, según la agencia de la ONU para los refugiados.

En medio, acusaciones de masacres contra civiles

Tigray ha sufrido un corte de las comunicaciones desde que inició el conflicto. Lo que está dificultando la verificación de las afirmaciones de ambos bandos sobre la situación en el terreno.

No obstante, Amnistía Internacional (AI) denunció este jueves lo que considera que son pruebas verificadas de asesinatos en masa. Según la organización, decenas, y posiblemente cientos de civiles, habrían sido asesinados por apuñalamiento en la región, el pasado 9 de noviembre. No ha podido confirmar qué parte de la batalla estaría detrás de esa masacre, pero varios testigos apuntan a combatientes leales a las fuerzas locales de Tigray. El Gobierno de la región lo refuta.

"El TPLF refuta absolutamente las acusaciones de que sus miembros y la fuerza policial especial de Tigray estarían involucrados en este evento tan trágico", declaró en un comunicado.

La más reciente raíz de esta disputa se remonta a 2018, ya que el TLPF dominó la política etíope durante cerca de tres décadas –no exentos de protestas–, hasta que hace dos años Ahmed asumió el cargo de primer ministro. Como líder rápidamente ganó elogios, hasta el premio Nobel de la Paz, por abrir espacios políticos y frenar las medidas represivas en el país, con unos 110 millones de habitantes y decenas de etnias.

Pero desde entonces, el TPLF se ha quejado de haber sido marginado y convertido en un chivo expiatorio de los problemas de la nación.

La disputa se hizo más amarga después de que Tigray siguió adelante con sus propias elecciones en septiembre, desafiando una prohibición nacional impuesta debido a la pandemia del Covid-19 y trató de calificar a Ahmed de gobernante ilegítimo. El Gobierno desestimó los comicios y luego desvió fondos del ejecutivo del TPLF a gobiernos locales, reemplazó al líder de Tigray y nombró a otro afín a él, lo que enfureció aún más a este partido político y a su grupo armado.

La Organización de Naciones Unidas y la Unión Africana, entre otras, muestran su preocupación por que la lucha armada pueda extenderse a otras partes de Etiopía, así como propiciar una crisis humanitaria "sin control", desestabilizando a la región más amplia del Cuerno de África.

Con Reuters y AFP

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