Etiopía mantiene el conflicto pese al aumento de la presión internacional

Los miembros de las milicias de la región de Amhara viajan en su camión mientras se dirigen a la misión para enfrentar al Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF), en Sanja, región de Amhara, cerca de la frontera con Tigray, Etiopía, el 9 de noviembre de 2020.
Los miembros de las milicias de la región de Amhara viajan en su camión mientras se dirigen a la misión para enfrentar al Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF), en Sanja, región de Amhara, cerca de la frontera con Tigray, Etiopía, el 9 de noviembre de 2020. © Tiksa Negeri / Reuters

Aunque tres países africanos se unieron al llamado por un cese al fuego, que ya habían hecho la ONU y la Unión Europea; el gobierno federal de Etiopía pide más tiempo para derrotar a las fuerzas de la región de Tigray.

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Desde la ONU hasta los países africanos vecinos han encendido las alarmas por la crisis humanitaria que se está desatando con los bombardeos a la región de Tigray, en el norte de Etiopía; y los enfrentamientos en el campo de batalla.

El más reciente reporte de ACNUR registra que por lo menos 25.300 etíopes se desplazaron forzosamente hacia Sudán y desde el oeste hacia el norte de Tigray, aunque esta información no la han podido verificar porque el Gobierno etíope cortó las comunicaciones y las vías desde que le declaró la guerra a la región del Tigray. La mayoría de los refugiados que llegan a Sudán son niños y mujeres que caminaron largas distancias para ponerse a salvo.

Por eso y por el escalamiento del conflicto interno, que ya se extendió hasta el país vecino de Eritrea, la comunidad internacional refuerza el llamado a un cese al fuego. El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, se reunió este lunes 16 noviembre con el ministro de Relaciones Exteriores de Etiopía, Demeke Mekonnen, en la ciudad ugandesa de Gulu.

El mandatario hizo un llamado al Gobierno etíope para que negocie y se detenga el conflicto. Luego, el ministro Mekonnen viajó a Kenia y un diplomático de este país se unió a la petición. “Todo el mundo está fomentando las conversaciones, es muy urgente (...) Deberíamos centrarnos en un alto al fuego”, dijo Mahboub Maalim, un diplomático keniano que dirige el grupo de expertos regional Sahan.

Yibuti también pidió una resolución pacífica y la apertura de corredores humanitarios en sus fronteras con Etiopía; mientras que el expresidente de Nigeria Olusegun Obasanjo viajó este lunes a la capital etíope, Adís Abeba.

Desde Europa, también hay un llamado al unísono para frenar las hostilidades. El jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell, habló telefónicamente con el primer ministro etíope Abiy Ahmed hace casi una semana para ofrecerle la ayuda de los países europeos con el fin de desescalar las tensiones; mientras que Noruega planea designar un enviado especial.

Pero nada convence a las partes del conflicto etíope y contrario a estar abiertos a una negociación, las tropas de Ahmed están empeñadas en continuar hasta que las fuerzas de Tigray queden derrotadas. “Estamos diciendo ‘dennos tiempo’. No tomará hasta la eternidad. Será una operación de corta duración”, dijo este lunes a los periodistas Redwan Hussein, portavoz del grupo de trabajo de crisis de Tigray del gobierno federal. Hussein cerró la puerta al diálogo al sostener que nunca le han pedido “a Uganda ni a ningún otro país que medie”.

 

 

Incluso, la diplomacia africana se movilizó por un cese al fuego mientras la fuerza aérea del gobierno federal bombardeó de nuevo a Mekelle, la capital de Tigray. Paralelamente, la ciudad de Alamata recibió un ataque con drones, según Debretsion Gebremichael, presidente de la región. El gobierno federal, por su parte, dijo que el Frente de Liberación del Pueblo Tigray (TPLF) fue derrotado en ese lugar.

Una guerra civil en Etiopía, el peligro en el Cuerno de África

El interés internacional por lo que sucede en Etiopía se debe a que la calma del país es clave para garantizar la estabilidad de la región del Cuerno de África, como lo advierte la ONU; pues si el conflicto deriva en una guerra civil, esta podría extenderse a toda la región. “Si las fuerzas regionales de Tigray y las fuerzas del gobierno etíope continúan por el camino que están siguiendo, existe el riesgo de que esta situación se salga totalmente de control”, expresó Michelle Bachelet, la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Parte de ello se explica en el poder militar. Etiopía es una de las naciones mejor armadas de África. Su defensa nacional consta de 140.000 efectivos con mucha experiencia en combates por sus confrontaciones contra militantes somalíes y las antiguas guerras fronterizas. Además, el gobierno local de Tigray es particularmente fuerte pues ejerció el poder de todo el país desde 1991 hasta 2018.

Además, Etiopía tiene antecedentes de enfrentamientos con los países vecinos, particularmente con Eritrea. Ambas naciones estuvieron en guerra entre 1998 y 2000, luego de que Eritrea declarara su independencia y se quedara con todo el territorio que le daba el acceso al mar a los etíopes. Luego, los países firmaron el Acuerdo de Argel, con el que cesaron las hostilidades y crearon una comisión para definir las fronteras del territorio en disputa.

Sin embargo, dos años después, las tensiones volvieron a su punto máximo cuando la comisión resolvió darle la zona en disputa a Eritrea, y Etiopía se negó a aceptar el fallo. En ese momento estaba en el poder etíope precisamente el Frente de Liberación del Pueblo Tigray, al que el actual gobierno ataca. 

Esas tensiones se acabaron oficialmente cuando el actual primer ministro etíope asumió el poder en 2018. En una de sus acciones principales, Abiy Ahmed reconoció la decisión que le daba a Eritrea una parte del antiguo territorio de Etiopía. En gran parte, esto le valió el premio Nobel de Paz un año después, aunque la organización advirtió que el galardón llegaba en un momento en el que “había un suspenso considerable sobre si (Ahmed) lograría cumplir su promesa de elecciones libres y justas en 2020”. Paradójicamente, esas votaciones marcaron el punto de no retorno de las actuales confrontaciones.

El año en el que aumentó la violencia contra las etnias

A pesar de que Ahmed llegó a ser el primer ministro con la coalición Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF, por sus siglas en inglés), de la que hacía parte el partido de Tigray; una vez en el poder el político se distanció de esta colectividad.

Al inicio de su gobierno en 2018, Ahmed se perfiló como un demócrata que haría reformas importantes en la política del país. Pero en la práctica, esto comenzó a afectar la identidad federada de Etiopía, donde hay más de 80 etnias, incluida la minoría tigrayana. Los buenos deseos de Ahmed contrastaron con las advertencias de la ONU.

Desde el mismo año que asumió el primer ministro, la asesora especial de la ONU para la prevención del genocidio y la asesora especial sobre la responsabilidad de proteger, comenzaron a observar un “nivel alarmante” de violencia étnica y de estigmatización contra grupos como los tigray, los amhara, los somalíes y los oromo.

El gobierno de la región de Tigray dice haberse sentido excluido de las políticas de Ahmed y cuando este lideró la creación de un nuevo partido, con lo que acababa la coalición, los tigrayanos se separaron definitivamente del movimiento del primer ministro.

Las tensiones escalaron a mediados de 2020, cuando Ahmed anunció que postergaría las elecciones presidenciales por lo menos un año más a causa de la pandemia del Covid-19. El grupo tigrayano de TPLF consideró que todo era una estrategia del primer ministro para permanecer en el poder y en septiembre, organizó unas elecciones locales. La situación terminó en que ambos gobiernos, el federal y el regional, se consideran mutuamente como ilegales.

Las divisiones políticas se convirtieron en un enfrentamiento militar desde el 4 de noviembre y tras la declaración de guerra de Ahmed contra la región de Tigray. Y desde entonces el conflicto solo ha escalado. Amnistía Internacional dice que el 9 de noviembre hubo una masacre en la urbe de Mai-Kadra, en la que posiblemente cientos de personas fueron asesinadas con cuchillo y machetes. Testigos le aseguraron a la ONG que el TPLF es el responsable.

        

El 13 de noviembre fue la primera vez que las fuerzas tigrayanas dispararon misiles por fuera de la región y atacaron los aeropuertos de las ciudades etíopes de Bahir Dar y Gondar, de donde despegaban los militares federales. Al siguiente día, al menos tres misiles impactaron en Asmara, la capital de Eritrea. El TPLF se atribuyó los hechos diciendo que era una retaliación por permitir que las fuerzas etíopes despegaran sus aviones desde allí para bombardear Tigray y por enviar tropas a los combates terrestres. 

El atentado contra Eritrea fortaleció el llamado de la comunidad internacional para que cese el conflicto en el país, pero ninguna de las dos partes parece dispuesta a dejar las armas.

Con Reuters, AP y AFP

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