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Idriss Déby Itno, el jefe de guerra convertido en “gendarme del Sahel” en Chad

Archivo: El presidente de Chad, Idriss Déby Itno, rodeado de soldados en N'Djamena en diciembre de 2015. Saluda a las tropas chadianas que regresan de Níger, donde lucharon contra Boko Haram.
Archivo: El presidente de Chad, Idriss Déby Itno, rodeado de soldados en N'Djamena en diciembre de 2015. Saluda a las tropas chadianas que regresan de Níger, donde lucharon contra Boko Haram. © AFP

A la cabeza de Chad desde 1990, el presidente Idriss Déby Itno falleció a causa de unas heridas que recibió durante un combate contra los rebeldes. Desprestigiado en su país, el jefe de Estado había logrado ganarse la confianza de los occidentales situándose a la cabeza de la lucha antiterrorista. Perfil.

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Cambió su caftán por una capa de seda azul bordada con hojas de roble con hilo de oro, bastón “de mariscal” en mano. Se trata del 11 de agosto de 2020, durante una ceremonia en la que fue elevado al rango de “Mariscal de Chad”. Idriss Déby Itno murió el martes 20 de abril a causa de unas heridas recibidas en el campo de batalla contra una división de rebeldes infiltrados en el norte, provenientes de sus bases traseras en Libia, anunció el martes el Ejército en la televisión estatal, al día siguiente de la declaración de su reelección para un sexto mandato para encabezar el país, tras las presidenciales del 11 de abril.

Este hijo de un ganadero humilde, militar de carrera y combatiente rebelde, tomó el poder por un golpe de Estado en 1990. No dejó de presentarse como un “guerrero”. Fue esta imagen, labrada desde sus primeros pasos junto a Hissène Habré -que subió al poder en 1982-, hasta el uniforme que seguía utilizando de manera voluntaria durante estos últimos años, lo que le significó un apoyo casi unánime de la comunidad internacional, a pesar de tener un balance muy criticado en materia de derechos humanos. 

En el seno del poder, Idriss Déby reinaba de buena gana con “intimidación” y nepotismo, según sus detractores. 

Nombró a miembros de su familia o a personas cercanas en puestos clave del Ejército, en el aparato estatal o económico, y nunca dejaba que el resto permaneciera mucho tiempo en sus cargos. 17 primeros ministros se sucedieron entre 1991 y 2018, antes de que Idriss Déby suprimiera esa función para apoderarse de todas las prerrogativas del Ejecutivo.

“Todo está centralizado en la Presidencia, él utiliza todas las armas del poder absoluto brutalizando a la sociedad”, declara Roland Marchal, investigador del Centro de Investigaciones Internacionales (Ceri) de Sciences Po París. 

A la cabeza de la lucha anti-terrorista

Con frecuencia criticado en su país, Idriss Déby contaba con la confianza de sus aliados africanos y occidentales. El hombre que aseguró la presidencia de la Unión Africana (UA) en 2016 adquirió durante los últimos años un lugar destacado al posicionar a su poderoso ejército a la cabeza de la lucha contra el terrorismo. 

En primera línea junto a los soldados franceses, sus tropas partieron al asalto de los yihadistas en el norte de Mali en 2013, luego intervinieron en 2014 en África Central antes de retirarse tras haber sido acusadas de cometer exacciones. En el frente de la lucha contra Boko Haram, el Ejército chadiano lanzó a principios de 2015 una amplia ofensiva en Camerún, Nigeria y Níger contra los islamistas armados de la secta nigeriana que Idriss Déby calificó como una “horda de fanáticos y de drogados”.

Idriss Déby Itno, en el poder desde hace 30 años, murió el 20 de abril por las heridas sufridas mientras comandaba su ejército en los combates contra los rebeldes en el norte.
Idriss Déby Itno, en el poder desde hace 30 años, murió el 20 de abril por las heridas sufridas mientras comandaba su ejército en los combates contra los rebeldes en el norte. © Marco Longari / AFP

Este antiguo odio por los yihadistas fue de hecho un rasgo del carácter de este “gendarme del Sahel”, musulmán, en un país donde los cristianos constituyen más de un tercio de la población. A la hora de la movilización internacional contra los grupos terroristas, sus intervenciones le significaron sólidos apoyos entre los occidentales, particularmente en Francia, antigua potencia colonial y aliada de larga data. 

Pero en N’Djamena, este inmenso respaldo preocupaba a más de uno. Desde 2014, el jefe de filas de la oposición, Saleh Kebzabo, candidato desafortunado con 12,8% de los sufragios, le pidió “encarecidamente a los aliados económicos de Chad, en particular Francia, ser más exigentes con la gobernanza económica, el respeto de los derechos humanos”, frente a un “régimen que ha arrinconado a la población hasta una pauperización creciente y que se distingue por la gestión patrimonial del Estado”.    

Ilustración del cansancio y del malestar social entre una parte de la población, unas manifestaciones -prohibidas- de la sociedad civil le pidieron que no se volviera a presentar durante las presidenciales del 11 de abril. Aunque Idriss Déby dejaba que algunos de sus opositores se expresaran con relativa libertad, sus tropas vigilaban cuidadosamente que la crítica no ganara terreno, realizando detenciones dirigidas y prohibiendo toda aglomeración política. 

Un destino atado al de Habré

Para el jefe de Estado chadiano la vida fue una sucesión de combates. Nacido en 1952 en Berdoba (al noroeste) en una familia Zaghawa, una rama del grupo Gorane, presente en ambos lados de la frontera entre Chad y Sudán, se dedica desde joven al oficio de las armas. Con un diploma de Baccalauréat, entra a la escuela de oficiales de N’Djamena, luego obtiene en Francia su título de piloto. 

De regreso al país, ata su destino al de Hissène Habré -condenado en 2016 por crímenes contra la humanidad- que toma el poder en 1982. Comandante en jefe de los ejércitos, Idriss Déby verá crecer su aura con la guerra de “reconquista” que le permite a Chad retomar el Norte ocupado por los libaneses. Consejero militar del presidente, es acusado de complot en 1989, huye a Libia y luego a Sudán. Constituyó su propio ejército: el Movimiento Patriótico de Salvación (MPS).

En diciembre de 1990, sus tropas toman N’Djamena. Una vez en el poder, abre el país al multipartidismo. Elegido en 1996 y reelegido desde entonces, es criticado por una oposición que le reprocha fraudes electorales, violaciones de los derechos humanos y, a pesar de su entrada en 2003 al club de los países productores de petróleo, la extrema pobreza de la población chadiana. 

Fue gracias al Ejército que este militar asentó su poder. Constituido esencialmente por oficiales de su etnia Zaghawa y dirigido por sus allegados, es considerado como uno de los mejores ejércitos de la región. 

Pero durante los últimos meses, la unidad de los Zaghawas se volvió a fracturar, y el jefe de Estado tuvo que alejar algunos oficiales “sospechosos”, según los cercanos al Palacio. 

A finales de los años 2000, esa unidad se había visto seriamente afectada, con unos Zaghawas pasándose al bando de la rebelión, en particular Timan Erdimi: un sobrino que Idriss Déby atrapó en 2008 encabezando una coalición rebelde que fracasó, a puertas del palacio presidencial en N’Djamena, tratando de derrocar al presidente. 

Siendo de origen militar, Francia le propuso entonces al presidente evacuarlo. Él se negó, jurando mantener el poder o morir con las armas en la mano. 

Ese ataque es una de las sombras en el largo recorrido del presidente-soldado: en medio de la confusión tras el combate, uno de los principales opositores, Ibni Oumar Mahamat Saleh fue arrestado por las fuerzas de seguridad. Declarado “desaparecido”, fue después dado por muerto. 

“Amigo de peso para Francia”

Una nueva ofensiva rebelde muy amenazante para el poder se lanza en 2019, pero es detenida lejos de N’Djamena por bombardeos decisivos de aviones de combate franceses. Al final, manteniendo mal que bien a su país, rodeado de Estados tan fallidos como Libia, África Central o Sudán, Idriss Déby surge como el elemento estabilizador de una región atormentada. 

Pero el país paga un precio alto por la lucha contra los yihadistas. El grupo nigeriano Boko Haram multiplica los ataques devastadores alrededor del lago Chad, obligando a Idriss Déby a ponerse de nuevo el uniforme para llevar a cabo él mismo -al menos delante de los medios- una contraofensiva hasta el territorio nigeriano en marzo y abril de 2020.

El “amigo de peso de Francia” y de los occidentales, como lo califican muchos expertos de la región, supo cómo volverse indispensable para ellos en la lucha contra los yihadistas. 

 

Con AFP

Este artículo fue adaptado de su original en francés 

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