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Somalilandia y la sequía de nunca acabar

El cuerpo de un camello en Somalilandia, donde la sequía ha matado al 80 por ciento del ganado.
El cuerpo de un camello en Somalilandia, donde la sequía ha matado al 80 por ciento del ganado. France 24

A pesar de haber declarado su independencia de Somalia en 1991, Somalilandia aún no ha logrado el reconocimiento internacional.

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Cuando llegas a la ciudad de Hargeisa, aterrizas en un país que no existe. Más de 3 millones de personas viven ahí, pero ninguna otra nación lo reconoce. Somalilandia proclamó su independencia en 1991 luego de una sangrienta guerra civil con el resto de Somalia. Desde entonces, ha logrado celebrar elecciones democráticas y conseguir paz y estabilidad.

Pero debido a que no es reconocido, no puede acceder a los fondos de las principales instituciones financieras como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). La paradoja es que Somalilandia es mucho más estable y seguro que Somalia, país que ha recibido millones de euros en ayuda monetaria desde Occidente.

No hay edificios antiguos en Hargeisa: fueron arrasados por Somalia en 1988 para destruir a la insurgencia. Hemos venido aquí para informar la terrible sequía que empezó hace tres años. El gobierno culpa al calentamiento global. Cuando la cámara está apagada, algunos habitantes aseguran que la respuesta de las autoridades a veces estuvo mal coordinada. Un problema es que la mitad del presupuesto es destinado (con éxito) al mantenimiento de la seguridad. Por ejemplo, todos los extranjeros que viajan a Somalilandia deben tener una escolta armada compuesta por dos policías. Somalilandia está ansioso de mostrar que es segura, a diferencia de Somalia, que regularmente es golpeada por los ataques del grupo yihadista Al-Shabaab.

Nos dirigimos a la ciudad de Burao, a cuatro horas en automóvil de Hargeisa. Durante la mayor parte del recorrido, observamos vastas franjas de paisaje seco y unos cuantos camellos. Después de llegar al puerto de Berbera, subes a las montañas y luego a Burao. El doctor Yusuf Dirir Alí nos muestra el interior del hospital. “Desafortunadamente, dos chicos murieron anoche”, suspira. En el hospital, vemos docenas de niños demacrados, víctimas de desnutrición. Una abuela de 50 años que carga un bebe nos dice: “Nunca he visto semejante sequía en mi vida”. Es un comentario que oiremos muchas veces durante nuestra estadía de 10 días en Somalilandia.

Por culpa de la sequía, perdió a su hija de 3 años

En las zonas rurales fuera de Burao, se han creado varios campamentos de desplazados internos (IDP). Éstos están compuestos de familias que han huido de las regiones más secas y se han reunido en las afueras de las aldeas donde pueden recibir ayuda. Una mujer devastada nos cuenta que, por culpa de la sequía, perdió a su hija de 3 años. El campamento está en la aldea de Yagori, donde, por ejemplo, la organización Save The Children trasfiere alrededor de 100 dólares (86 euros) al mes a los teléfonos móviles de los receptores más pobres.

En Ilcarmo, otra aldea, Degmo, que dice tener 80 años, explica que tenía 185 cabras y solo ocho aún están con vida. Como la mayoría de la población en Somalilandia, ella vendía sus animales en Burao, uno de los mercados de ganado más grandes en el este de África. Cuando vamos allí, todo el mundo nos dice que solía ser mucho más concurrido antes de la sequía. Hoy, un puñado de camellos y algunas cabras están a la venta. La escasez de animales se traduce en precios que han subido un 20 por ciento.

La prohibición sobre el ganado de Somalilandia impuesta por Arabia Saudita

El ganado vendido en Burao es transportado al puerto de Berbera, desde donde se exporta a los países del Golfo. Berbera tiene el mismo encanto y la arquitectura otomana como Massawa en Eritrea, un poco más arriba en la costa. Berbera está ahora dirigido por la compañía Dubai Ports World. Su actividad ha sido duramente golpeada por la sequía y la prohibición sobre el ganado de Somalilandia impuesta por Arabia Saudita (oficialmente, por razones de salud), habitualmente su mayor cliente.

En su oficina de la “capital” Hargeisa, el ministro de Medio Ambiente, Shukri Haji Ismail resume la grave situación: “Por cada cabra, 29 personas se benefician, desde aquellos que las retienen hasta los que las exportan en el puerto. Es una cadena y toda la cadena se ha visto afectada, toda la economía, todo el país”.

Somalilandia tiene dos metas principales: acciones concretas de líderes globales (como Donald Trump…) contra el calentamiento global y las sequías; y reconocimiento internacional para una región que ha sido independiente de facto desde hace casi tres décadas. Ambos objetivos serán innegablemente difíciles de alcanzar.

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