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El difícil regreso a Camboya de los "bad boys" criados en EEUU

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Ciudad de Battambang (Camboya) (AFP)

Sentados a la mesa -con una pizza, cervezas y de fondo música hip hop-, Kookie y sus amigos tienen la impresión de revivir su adolescencia en Estados Unidos, pero están "condenados a vivir" en Camboya.

"¡Carajo! No nos acordamos de nada" de Camboya, afirma Kookie, de 41 años. "Nuestras mentes están americanizadas".

"Aquí sólo está mi cuerpo, mi corazón se ha quedado allá", añade Vuthy Ying mientras observa los arrozales cercanos.

Son algunos de los cientos de descendientes de los refugiados camboyanos expulsados por Washington desde el comienzo de los años 2000.

Cada año, miles de personas con "green card" (la preciada tarjeta de residencia permanente en Estados Unidos) pagan el precio de tener antecedentes penales.

La historia de estos camboyanos es especialmente dramática. Sus padres se refugiaron en Estados Unidos para huir del régimen de los Jemeres Rojos, que diezmó a la población de Camboya al final de los años 70.

Como se contentaron con el estatuto de residente permanente y no pidieron la nacionalidad estadounidense, acabaron deportados al país del que sus padres huyeron, uno de los más pobres del sudeste asiático.

- "Jemericanos" -

La adaptación es complicada para estos hombres, que apenas hablan el idioma. Les han puesto un apodo: los "jemericanos".

En sus cuerpos llevan tatuajes impresionantes, algunos de su paso por las cárceles estadounidenses por delitos sobre los que prefieren no explayarse.

Cuentan cómo cayeron en la delincuencia y en ocasiones los metieron a la fuerza en aviones con destino a Camboya años después de su excarcelación, justo cuando rehacían sus vidas.

Les cuesta integrarse y viven gracias a trabajos precarios como profesores particulares de inglés o el dinero enviado por familiares que se quedaron en Estados Unidos.

"Es difícil adaptarse porque aquí nos ven como personas diferentes... La gente nos dice: 'Teníais la suerte de estar en Estados Unidos, ¿por qué os deportaron?'", cuenta Kookie.

Alrededor de 2.000 camboyanos figuran en una lista de personas que serán expulsadas en el futuro y más de 550 "jemericanos" ya lo fueron.

La cruzada contra la inmigración del presidente Donald Trump es un obstáculo adicional. "Mientras Trump esté en el poder no cambiará nada", opina Kookie.

Más de 100.000 camboyanos se refugiaron en Estados Unidos después del terror de los Jemeres Rojos de finales de los años 70.

- Guerra entre pandillas -

Muchos de los hijos de estos inmigrantes, que eran bebés o niños cuando se fueron de su país, vivieron una adolescencia tormentosa, inmersos en las guerras entre pandillas en los suburbios pobres de California, Massachusetts o el estado de Washington.

En un entorno marcado por el racismo antiasiático tras la guerra de Vietnam, integrar una pandilla de camboyanos era una forma de apoyarse mutuamente, como en las otras bandas étnicas, de hispanos o negros.

"Al comienzo, no sabíamos lo que era una pandilla, nos limitábamos a protegernos", explica con voz pausada Van Vath, de 43 años, que pasó 20 años en la cárcel por intento de asesinato. En cuanto salió de prisión lo metieron en un avión sin que pudiera despedirse de sus padres y su hijo. Cuando puede trabaja como traductor para una oenegé estadounidense, pero depende del dinero enviado por su familia.

El caso de Kookie es distinto. "Hacía tiempo que había salido (de la cárcel). Tenía dos hijos, de diez y 18 años", cuenta este hombre, expulsado en 2014 por un delito cometido en 1996, cuando aún era adolescente.

A su llegada a Camboya se encontró con que no había ayudas para los retornados, aunque el Returnee Integration Supportive Center (RISC), subvencionado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), les ayuda a encontrar trabajo y los aloja temporalmente.

Algunos logran integrarse y se casan con camboyanas, otros se suicidan.

Desde su llegada a Camboya, en 2015, Van trata de unir al grupo de jemeres-estadounidenses de Battambang organizando sesiones de lectura de la Biblia, algo típico de Estados Unidos.

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