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Los ahmadíes, rama reformista del islam condenada a la clandestinidad en Argelia

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Argel (AFP)

La comunidad islámica Ahmadía, una rama reformista, vive bajo asedio en Argelia, donde sufren el oprobio, las detenciones y la cárcel.

Considerados como herejes, a falta de un lugar entre chiitas y sunitas, son injuriados por muchos de sus compatriotas y quedan relegados a la clandestinidad.

Fundada por Mirza Ghulam Ahmad a finales del siglo XIX en el norte de la India, el ahmadismo se implantó en Argelia recién a partir de 2007, cuando empezó a captarse una cadena de televisión del movimiento.

Durante casi diez años, la comunidad Ahmadía de Argelia, siempre discreta, pudo practicar libremente su credo.

Su perfil era tan bajo que la mayoría de los argelinos descubrieron su existencia recién en junio de 2016, cuando la comunidad comenzó a sufrir una represión muy mediatizada y las autoridades la calificaron de "secta".

En Argelia el islam es la religión de Estado y la corriente sunita malikí es la dominante.

Sin embargo, la constitución garantiza la libertad de culto, bajo reserva de aprobación de las autoridades para el lugar de culto y el predicador.

Los ahmadíes nunca la pidieron ya que pensaban que jamás la iban a obtener.

El 2 de junio de 2016, el líder del movimiento en Argelia, Mohamed Fali, un comerciante de 44 años, y su ayudante fueron detenidos, sus domicilios fueron allanados y las autoridades confiscaron sus pasaportes.

Poco antes habían enviado al Ministerio del Interior una demanda para registrar una asociación de beneficencia.

Según Falí, desde entonces, 286 personas, entre ellas cinco mujeres, fueron perseguidas.

Algunos tenían cargos en la organización y otros simplemente eran fieles.

Los procesados tenían entre 20 y 71 años y fueron condenados a penas que iban de tres meses de cárcel en suspenso a cuatro años, salvo en tres casos, que sólo sufrieron una multa.

Entre los cargos citados por las autoridades había diversas infracciones al derecho de asociación, pero sus abogados aseguran que fueron perseguidos por su credo religioso.

- Laicidad y no violencia -

Mohamed Fali enfrenta cargo en seis procesos diferentes por "recolección no autorizada de fondos", "constitución de asociación sin autorización", "distribución de documentos que representan una amenaza contra el interés nacional", "ofensa contra el profeta y los enviados de Dios" y por "denigrar el dogma y los preceptos del islam".

Aunque la comunidad Ahmadía se considera musulmana, fue declarada como una secta no ligada al islam en 1973 por la Organización de la Cooperación Islámica (OCI), a la cual Argelia pertenece.

Sus fieles, estimados en cerca de diez millones de personas e implantados en 190 países, sufren numerosas persecuciones.

En Argelia hay cerca de 2.000 creyentes, que generan suspicacia e incluso oprobio.

Su culto es similar al de las corrientes mayoritarias del islam, pero se diferencia en que éstos consideran a Mirza Ghulam Ahmad como el "Mesías de los Últimos Días" anunciado por el profeta Mahoma. Para los musulmanes dogmáticos esto es una herejía.

Para la comunidad Ahmadía la no-violencia y la laicidad son valores fundamentales, una visión que choca con los partidarios de una visión rigorista del islam en el Estado y el wahabismo de Arabia Saudita.

- Apostasía -

En una reunión, comerciantes, profesores, ingenieros, médicos y estudiantes contaron a la AFP que el ahmadismo les aportó respuestas en su vida cotidiana.

La cita se celebró en el hogar de Mohamed Fali, ubicado en la región de Tipasa, a unos 80 kilómetros de Argel.

Fali comienza la conversación hablando de la shahada, la profesión de la fe en el islam, destacando que el Corán es el texto de referencia para la comunidad.

Dice que privilegiaba el espíritu del texto a la hora de la interpretación.

Los fieles pidieron no ser filmados y hablaron bajo condición de anonimato por miedo a las represalias contra sus parientes.

Abderahman, un comerciante de 42 años, conservó las vestimentas propias del salafismo, una tendencia que definió como "no violenta pero intolerante".

Desde que dejó esta rama del islam para seguir la comunidad Ahmadía sus antiguos correligionarios lo denunciaron al imán local, que lo acusó públicamente de apostasía y prohibió a los fieles que sus hijos jueguen con los niños de la comunidad Ahmadía.

Después, el prometido de su hermana anuló el compromiso tras haber oído que él era un "kâfir" (infiel), contó.

- "Ensañamiento" -

"El debate no debería girar en torno al ahmadismo, sino a la libertad de culto", dijo Hamid durante la reunión celebrada en un gran salón que hace las veces de sala de rezo y que está decorado únicamente con un retrato de Mirza Ghulam Ahmad.

En julio pasado, el ministro argelino de Asuntos Religiosos, Mohamed Aissa, acusó ante la prensa a los ahmadíes de estar implicados en un "complot" para desestabilizar Argelia, un plan orquestado supuestamente desde Israel, un país donde esta rama se puede practicar libremente y hay una pequeña comunidad en Haifa, con una mezquita y una cadena de televisión.

Mohamed Fali calificó la represión como un hecho "político" y dijo que puede tener vínculos con el hecho de que "Arabia Saudita combate el ahamadismo, ya que es un peligro para el wahabismo", en vigor en ese país.

Después de haber acordado una entrevista con la AFP, el ministro argelino finalmente decidió anular la cita.

Para Sirine Rached, de la organización Amnistía Internacional, las acusaciones contra los ahmadíes no tienen "fundamento". Éstas sólo "estigmatizan y alimentan la intolerancia religiosa", dijo en un llamado a las autoridades argelinas para que protejan a "las minorías y la diversidad religiosa".

Según Rached, el "ensañamiento contra los ahmadíes en Argelia es una situación única en el Magreb".

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