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Bruselas tema convertirse en "la nueva Calais" por un campamento en un parque

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Bruselas (AFP)

Centenares de personas, en su mayoría sudaneses y eritreos que esperan poder viajar al Reino Unido, duermen cada noche en un parque de Bruselas, un fenómeno que se intensificó este verano (boreal), haciendo temer una concentración masiva de migrantes.

Un colectivo de ONG lleva un mes alertando sobre el campamento del parque Maximiliano y pidiendo a los políticos que actúen "para que Bruselas no se convierta en una nueva Calais", la ciudad del norte de Francia que albergó un enorme campamento salvaje desmantelado a finales de 2016.

Pero su petición de apertura de un centro de acogida para los migrantes, con una oferta de cuidados y orientación jurídica, quedó sin respuesta.

Theo Francken, secretario de Estado de Asilo y Migración y miembro de la derecha nacionalista flamenca, se niega rotundamente a ocuparse de "ilegales" que "no quieren obtener el asilo en Bélgica".

En el parque, situado muy cerca de la estación del Norte, la situación es más compleja.

Estos jóvenes africanos sueñan sobre todo con Inglaterra, como los que vivían en la llamada "Jungla" de Calais, de donde fueron evacuadas unas 7.000 personas, explican varios responsables y militantes de ONG consultados por la AFP.

Pero hay excepciones. Adam, de 25 años, que abandonó su Sudán natal el año pasado y pasó seis meses "muy difíciles" en Libia, considera Bruselas como la etapa final de su periplo.

"Sufro demasiado, quiero que el Gobierno [belga] me dé su protección", asegura en inglés, pidiendo la destrucción de las huellas dactilares que tomaron a su llegada a Italia.

En el campamento donde, según Médicos del Mundo (MDM) y la asociación Belgium Kitchen, viven entre 500 y 600 migrantes, muchos están en la misma situación que Adam.

Llegaron a Europa por las costas italianas y son los llamados "casos Dublín", una norma europea que impone que la demanda de asilo se curse en el primer país europeo de entrada.

- "Acoso" policial -

Las autoridades belgas recuerdan que esa norma significa que los migrantes deben abandonar el territorio.

Pero, para las ONG, los frecuentes controles policiales en el parque son actos de "acoso". Una acusación rechazada por la oficina de extranjería, que asegura que solo informa a los migrantes sobre sus derechos.

Ante la pasividad del Gobierno, algunos habitantes de Bruselas decidieron ayudar a los migrantes, dándoles sacos de dormir y comida.

En una noche de agosto, Belgium Kitchen distribuyó en 40 minutos unos 620 platos de arroz con salsa de tomate y verdura, acercándose a los migrantes repartidos en pequeños grupos en el parque rodeado de edificios.

En el campamento, cuyo número de habitantes se triplicó entre abril y julio, pueden verse latas vacías en el césped durante el día.

Pero, al amanecer, se habrá limpiado todo para darle al parque una apariencia de normalidad. Y los migrantes volverán a deambular cerca de la estación, entre ellos algunos muy decididos a seguir su viaje hacia el norte.

Un periplo en el que intentarán evitar otros controles policiales a lo largo de las grandes carreteras o en el puerto de Zeebrugge. Solo en Flandes Occidental, la provincia del litoral, ha habido una media de 100 arrestos semanales desde principios del año.

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