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A falta de bossa nova, el jazz gana espacios en Rio de Janeiro

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Río de Janeiro (AFP)

Si su sueño es ir a Rio de Janeiro, sentarse en un bar cerca del mar y escuchar una dulce bossa nova, vaya olvidándose.

La música brasileña más internacional prácticamente desapareció de la ciudad donde nació, pero si la samba le apabulla puede probar con el jazz.

Y tiene de dónde escoger: desde una sesión en un hostel en plena favela, a un toque informal regado de cerveza en un callejón del centro, tal vez con un vino en una cafetería bohemia en Laranjeiras o, a partir de esta semana, también en la nueva sucursal del exclusivo club neoyorquino Blue Note.

"El jazz forma parte del alma de buena parte de los artistas brasileños, es una gran inspiración y está en un momento de efervescencia, de modo que la llegada del Blue Note a Rio no podría ser en mejor momento", dice a la AFP Luiz Calainho, el empresario que trajo esa prestigiosa franquicia, con filiales en Tokio o Milán, a la "Ciudad Maravillosa".

En una esquina de la laguna dominada por el Cristo Redentor, la Brazil Jazz Stars -un sexteto de piano, batería, contrabajo, trompeta, saxo y guitarra- probaba este miércoles la acústica intimista del local, aunque será el jueves cuando abra sus puertas al público, con un programa nacional e internacional que retomará el que dejaron emblemáticos clubes ya cerrados como el Jazz Mania o el Mistura Fina.

El aterrizaje del Blue Note es, de hecho, una doble buena noticia para Rio, una ciudad que después de los fastuosos Juegos Olímpicos de 2016 vive épocas grises, de vacas flacas y con una banda sonora creciente de tiros.

- Jazz "de rua" -

Aunque es difícil que alguien desbanque a la samba, la reina de Brasil, el jazz viene ganando adeptos, bandas, espacios y un "jeitinho" especial carioca.

Muchas veces, de la mano de su informalidad y jovialidad tan características, lejos del estilo sofisticado del Blue Note.

Por ejemplo, miembros de Amigos da Onça, uno de los "blocos" callejeros de moda del Carnaval, creó en mayo el quinteto SoujazZ.

Y en uno de los locales estelares del circuito alternativo de la ciudad, el Bar do Nanam, el miércoles es de jazz desde hace un año y va hasta altas horas de madrugada.

En ese callejón del centro lleno de grafitis, más de un centenar de jóvenes vestidos con camisas tropicales y havaianas fuman, beben, se besan y contonean al son de versiones instrumentales de íconos del jazz como Chick Corea o Michael Brecker, pero también del padre de la bossa nova, Tom Jobim.

La improvisación entre el trío residente Jazz com Boteco, que usa la acera como escenario y lo delimita con cajas de cerveza, también se reproduce en el público, donde los sin techo disfrutan como uno más.

"¡Mira este evento! Parece de samba, de carnaval, pero es instrumental. Se adaptó a la cultura carioca de calle, es un jazz de calle, ¡maravilloso!", se emociona el líder del grupo, el baterista Guga Pellicciotti.

- Samba-jazz -

De hecho, la samba y el jazz son géneros que nacieron de una forma similar, clandestinamente y de la mano de negros en dos puntas de las Américas, entre finales del siglo XIX e inicios del XX.

Guga asegura que la fusión es inevitable y que Rio, una de las ciudades más musicales del mundo, deja su impronta en su jazz. Hay influencias de la omnipresente samba (que tiene su propio subgénero, el samba-jazz), del delicado "chorinho" o de su tradición de música instrumental.

Sin ir más lejos, una de las hijas de la samba, la bossa nova, surgió en 1957 con una fuerte influencia del jazz y llegó a tener con ella cruces magistrales, por ejemplo, en los discos del saxofonista Stan Getz "Jazz Samba", "Big Band Bossa Nova" o "Jazz Samba Encore!" o en las más que famosas versiones en inglés de Frank Sinatra o Ella Fitzgerald de "Garota de Ipanema".

"Lo que me gusta del jazz es que cada día es una sorpresa, nunca es la misma cosa", dice Thiago, un programador de 35 años que no se pierde un miércoles en el Bar do Nanam.

Aunque muchas de las canciones que suenan son versiones de bossa nova, la mayoría aquí considera esa música pasada de moda, además de una interpretación elitista y americanizada de la samba.

De hecho, para los nostálgicos es difícil encontrar un lugar donde se toque en Rio.

"No existe una demanda de la bossa nova. Fue un fenómeno de un momento, que ya no se hace. Es como el rock progresivo, quedó medio anticuado", cree el crítico musical Bernardo Araújo.

El dueño del Blue Note, sin embargo, promete: "Aquí también será la casa de la bossa nova".

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