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Tras más de 30 años coronando cimas, un alpinista español se retira en lo más alto

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Islamabad (AFP)

Durante más de tres décadas, Óscar Cadiach ha arriesgado su vida y su salud para conquistar las cumbres más altas del Himalaya y del mundo, movido por el deseo de entrar en la élite del alpinismo mundial.

A sus 64 años, por fin puede despedirse y jubilarse tras haber escalado las 14 cumbres de más de 8.000 metros sin suministro de oxígeno, asegura.

Solo una veintena de personas habrían logrado este reto antes que él. Aunque no existe ninguna autoridad oficial que pueda certificar su rendimiento, tampoco nadie lo ha rebatido y Óscar Cadiach es una figura conocida entre los especialistas del alpinismo extremo.

Su hazaña comenzó con la ascensión con éxito del Nanga Parbat (8.126 m) en 1984. A esta le siguieron las del Everest (dos veces), el Makalu, el Lhotse, el Annapurna y el K2, entre otros.

Su carrera terminó en julio con la conquista del Broad Peak, en Pakistán, tal y como confirmó el Club Alpino de Pakistán, la 14ª y última cumbre que le faltaba en su palmarés y a la que había tratado de ascender, en vano, en tres ocasiones.

El español se ha convertido en el alpinista de más edad en escalar los 14 picos de más de 8.000 metros sin suministro de oxígeno, según los datos disponibles compilados por los especialistas de las montañas más altas del mundo.

Pero en sus 33 años de aventuras estuvo a punto de morir en varias ocasiones y muchos de sus amigos que escalaron con él perdieron la vida en la montaña.

"Es como si te quitaras un peso enorme de encima", explica el catalán, con el rostro todavía quemado por el sol y su mata de pelo rebelde, en una entrevista con la AFP durante su paso por Islamabad, ya de vuelta.

"He hecho mi trabajo y es hora de jubilarme", agrega, subrayando que piensa seguir formando a alpinistas y publicar su historia.

Óscar Cadiach también "hizo algunas cosas destacables", según Billi Bierling, una alpinista basada en Katmandú y periodista que gestiona el banco de datos Himalayan Database. "Por ejemplo, intentó escalar la cresta noreste del Everest vestido como iban George Mallory y Andrew Irvine en los años 20. Fue en el año 2000. Pero esta expedición no pudo cumplirse porque (él y sus compañeros de equipo) tenían demasiado frío".

- "La montaña asesina" para empezar -

Cadiach se formó en España como guía de montaña profesional. Con el apoyo de patrocinadores ha participado en 67 expediciones de alpinismo, 37 de las cuales comprendían el ascenso por encima de los 8.000 metros.

Para su primer 8.000, en 1984, también en Pakistán, eligió el Nanga Parbat, apodado "la montaña asesina" por las numerosas tragedias ocurridas en ella. Después vendrían los picos en estilo "alpino" (autónomo), los que requieren más esfuerzo.

Una expedición en 2007 al Kangchenjunga, en Nepal, casi pone fin a su carrera. Aterido de frío y expuesto a ráfagas de unos 100 km/h, estuvo agarrado sin cuerdas durante un día entero a una pared y por poco no cae al vacío.

"Mis manos casi se resbalaban de la roca pero conseguí enderezarme", cuenta.

Otros tuvieron menos suerte. "Hasta más tarde no me di cuenta de que mi amigo, que estaba colgando de este precipicio conmigo, había caído y había desaparecido para siempre", explica.

En 2004 ya había perdido a su compañero de expedición Manel de la Matta, afectado por un edema pulmonar, mientras escalaban el K2. Tuvieron que enterrarlo en el campamento base.

Ocho años después, Cadiach volvió a intentar coronar el K2. Esta vez, con éxito. "Estaba sentado cerca de su tumba antes de llegar a la cima y le decía que, o bien le traería una buena noticia, o bien me quedaría allí con él".

"El K2 me ha dado lo mejor y lo peor", subraya. "Estar en la cima una noche de luna llena fue el momento más bonito de mi vida. Me quedé allí sin moverme, viendo las estrellas, la luna y el mundo a mis pies. Era la eternidad".

Según él, alcanzar o no el éxito no depende únicamente de la preparación física o mental, aunque también cuenta la suerte. "A veces, se dan todas las condiciones pero aún así fracasas porque simplemente no es el momento", indica Cadiach, padre de tres hijos.

Otras veces se llega a la meta. Y ahí, "cuando estás en la cima de la montaña y miras hacia abajo, te sientes muy bien. Pero al mismo tiempo cuando miras el tamaño de la montaña, te sientes muy pequeño".

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