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El día más largo en un Parlamento decidido a cambiar la historia de Cataluña

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Barcelona (AFP)

Antiguo símbolo de la represión de la monarquía española, el palacio que alberga el Parlamento de Cataluña fue el miércoles escenario de una crispada y caótica sesión, al término de la cual se adoptó una ley para cambiar la historia de esta comunidad autónoma.

Entre las gruesas paredes del antiguo recinto militar, construido por el rey español Felipe V para controlar la ciudad, que se había rebelado contra él en la Guerra de Sucesión (1701-1715), los independentistas aprobaron una ley para convocar un referéndum de autodeterminación el 1 de octubre tras una maratoniana sesión.

Broncas, reproches, abucheos y encendidos debates marcaron la jornada, calificada como histórica por el separatismo y de "vergüenza democrática" por el Gobierno de Mariano Rajoy, que pidió al Tribunal Constitucional anular estas decisiones.

"Es la sesión más dura y bronca que recuerdo", señalaba un empleado de la cámara con más de una década de experiencia sobre el ambiente en la sala de sesiones, clausurada durante la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), marcada por la represión hacia Cataluña.

"Entra dentro de lo previsto. Esto es como una escalada. Estamos en el último campamento antes de subir al Everest, la tensión aumenta y cada vez hay menos oxígeno", explicó el exdiputado ecologista e independentista David Companyon en la zona de invitados.

En la agenda figuraba como un pleno ordinario. Pero los numerosos platós televisivos y estudios radiofónicos instalados en los pasillos, la elevada afluencia de invitados y la tensión que se respiraba en el ambiente denotaban lo contrario.

Al inicio del debate, en un silencio sepulcral, la coalición de Gobierno reclamó alterar el orden del pleno para votar esta ley, concediendo sólo dos horas a la oposición para presentar enmiendas.

La oposición se amotinó -"es un atropello a los diputados", "nos pisotean los derechos"- y a través de varios recursos y artimañas legales consiguió detener en varias ocasiones la sesión.

"Es vergonzoso", decía airado un diputado en un corrillo tras una de las muchas reuniones con los dirigentes independentistas de la cámara.

"Lo van a aprobar porque son mayoría, pero no servirá de nada, el Estado lo suspenderá", añadía otra.

En el pleno, suspendido en varias ocasiones, la tensión era evidente: "¡Vamos a votar, vamos a votar!", gritaba la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, ante las múltiples interrupciones y el griterío de la oposición.

La líder de la oposición, Inés Arrimadas, de Ciudadanos, se llevaba las manos a la cabeza, algunos diputados le pedían a gritos a Forcadell el uso de la palabra, comentarios como "qué inquisición", recriminaciones cruzadas entre pasillos...

"Esperpéntico", resumía la diputada del Partido Popular Andrea Levy. "Para ser un día que para los independentistas tenía que ser histórico, han creado un buen caos", añadió.

Mientras, fuera del Parlamento, el apacible parque de la Ciutadella parecía ajeno a su ajetreo interior: apenas una quincena de ciudadanos seguían los acontecimientos, algunos ilusionados por votar, otros preocupados.

"Es el proceso más antidemocrático de las últimas décadas", lamentaba Nuria Suárez, una activista de 40 años. "Con un referéndum ilegal y sin mínimo de participación, quieren declarar la independencia en 48 horas, algo que nos afectará a toda la sociedad y las generaciones futuras", criticaba.

La jornada histórica del independentismo terminó con sus filas llenas de júbilo y cantando el himno de Cataluña frente a una bancada de desolación, con una cuarentena de butacas de terciopelo rojo vacías, solo decoradas por una decena de banderas catalanas y españolas, juntas.

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