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Barcelona y Madrid, o el empeño por volver a la normalidad tras los atentados

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Madrid (AFP)

En 2004, Madrid fue sacudida por los atentados yihadistas más mortíferos jamás cometidos en suelo europeo. Barcelona fue atacada recientemente en su paseo más emblemático. Pero ambas ciudades reaccionaron de igual forma: recuperando rápidamente una aparente normalidad.

"Escuché un estruendo, una explosión. Vi que los torniquetes se abrían y la gente salía", dice Manuela Yela de la Torre, una vendedora de golosinas en la estación de Atocha en Madrid, con el recuerdo todavía vivo de los atentados del 11 de marzo de 2004.

Su negocio estaba en primera fila, frente a las rampas de acceso a las vías. Las bombas colocadas en los trenes de cercanías de la región de Madrid mataron a 191 personas.

Pese a ello, al día siguiente a las seis de la mañana, colocó el falso techo de su tienda tumbado por la onda de choque, limpió el polvo y abrió como de costumbre.

"Si se me hubiera muerto un hijo o un familiar la verdad que sería más difícil. Pero yo lo veo desde fuera", justifica esta mujer de 59 años de largos cabellos blancos recogidos, que sin embargo tiene una amiga que perdió dos primos en la tragedia.

"La gente siguió paseando, tomando el tren", confirma María, que vive en un calle adyacente a la estación y prefiere no dar su apellido. "Hay que volver a la vida, porque si no te quedarías estancado en ese momento. Es muy duro, pero hay que seguir adelante", asevera.

- Breve tregua política -

En las Ramblas de Barcelona, donde un joven de 22 años al volante de una camioneta atropelló indiscriminadamente a los peatones matando a 14 de ellos el 17 de agosto, la marea de turistas regresó al día siguiente del atentado reivindicado por la organización yihadista Estado Islámico.

Pasadas dos semanas, las autoridades retiraron los numerosos objetos en homenaje a las víctimas: velas, peluches, flores, pequeños textos...

"La vida vuelve y nos empuja a la normalidad", señala Montserrat Rovira, jefa del servicio de urgencias sociales de Barcelona, a cargo de brindar apoyo psicológico a los allegados de las víctimas, al propio personal de socorro o a los ciudadanos con estrés postraumático.

El rápido retorno a la normalidad quedó en evidencia también con el resurgimiento, tras una muy breve tregua, de los enfrentamientos políticos entre Madrid y Barcelona, enfrentados por una iniciativa de referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Durante una gran manifestación contra el terrorismo en Barcelona, el 26 de agosto, militantes independentistas abuchearon al rey Felipe VI y al jefe de gobierno español, Mariano Rajoy.

En 2004, los ataques se produjeron apenas tres días antes de las elecciones legislativas y dieron la vuelta al resultado, desalojando del poder a los conservadores, acusados de haber hecho de España un blanco de los yihadistas al participar junto a George W. Bush en la guerra en Irak.

El gobierno de José María Aznar se obstinó en privilegiar la pista de los separatistas vascos de ETA como autores de los atentados, incluso después de que fueran reivindicados por Al Qaida.

"Lo que más llama la atención a diferencia de Estados Unidos o Francia, es la ausencia de una unidad nacional sin fisuras", dice a la AFP Olivia Muñoz-Rojas, una socióloga española con residente en París.

- Miedo apaciguado -

Para explicar la "resiliencia" de los españoles, trae a colación los años de plomo de ETA, considerada responsable de la muerte de 829 personas en 40 años de lucha armada por la independencia del País Vasco y Navarra.

"Nosotros hemos vivido muchos atentados" dice María, recordando que en 1979, una bomba colocada por ETA en Atocha hizo temblar el suelo de su tintorería.

"Como lo tienes interiorizado, intentas volver a tu vida normal rápidamente", concluye.

El atentado más mortífero de ETA tuvo lugar de hecho en Barcelona, donde provocó 21 muertos en 1987.

"España fue una dictadura hasta hace no mucho [hasta la muerte de Franco en 1975], y creo que en estas sociedades la gente se acostumbra a no expresarse demasiado, tanto en un sentido como en otro", dice Muñoz-Rojas.

Pero pese a la aparente tranquilidad manifestada por le grito "No tengo miedo" de los barceloneses "también es verdad que la gente tiene miedo" de que vuelva a ocurrir, señala Rovira.

"Tenía miedo venir, pero ya dices 'como ya ha pasado aquí, no volverá a pasar'. Entonces mentalmente tú te proteges", admite Yela en su tienda de golosinas.

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