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Las minas, una calamidad más en el éxodo de los rohinyás

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Cox's Bazar (Bangladés) (AFP)

En sus últimas horas de vida, Azizul Haque no tenía ni fuerzas para gritar de dolor en la cama del hospital de Bangladés, cercano a Birmania, donde yacía con el cuerpo mutilado por una mina antipersonal colocada en el peligroso camino del éxodo de los rohinyás.

El adolescente de 15 años apenas lograba suplicarle a su madre un zumo, pero ella no tenía dinero para comprárselo.

Su cuerpo, vendado de pies a cabeza, estaba lleno de heridas causadas por esquirlas. Perdió las dos piernas y parte de una mano por la explosión de una mina cuando avanzaba, como otros cientos de miles de musulmanes rohinyás lo han hecho, hacia Bangladés huyendo de la violencia en el oeste de Birmania.

Un equipo de la AFP lo vio el miércoles por la mañana en un hospital de Cox's Bazar. El joven falleció a primeras horas del jueves, informó el establecimiento médico.

Su familia huía de la aldea de Debina, en el estado birmano de Rakáin, y estaba a punto de cruzar la alambrada de púas de la frontera cuando él dio el paso fatídico.

"Escuchamos una explosión enorme cuando Azizul pisó una mina", contó llorando su madre Rashida Begum. "Vi cómo sus dos piernas saltaban por los aires".

"Todo el mundo tenía prisa. Nadie podía preocuparse por los demás porque los birmanos nos perseguían y quemaban las aldeas", contaba Rashida, madre de cuatro hijos.

Los relatos de matanzas, torturas y violaciones a manos del ejército birmano son moneda corriente, pero las minas antipersonales colocadas en la carretera son una desgracia adicional en el calvario de esta minoría musulmana perseguida desde hace décadas.

- 'Persecución sistemática' -

Según varios responsables bangladesíes, las fuerzas birmanas han puesto minas para impedir a los rohinyás regresar a sus casas. El uso de las minas antipersona está prohibido en la mayoría de los países por la convención de Ottawa de 1997, de la que Birmania no es firmante.

"Todas las informaciones apuntan a las fuerzas de seguridad de Birmania, el blanco deliberado son los pasos usados por los refugiados rohinyás", denunció Tirana Hassan de Amnistía Internacional.

"Es una forma cruel y sin corazón de agravar el destino de la gente que huye de una campaña de persecución sistemática", añadió.

La violencia causa estragos desde finales de agosto en Rakáin, donde el ejército ha lanzado una campaña de represión brutal tras una serie de ataques cometidos por una incipiente rebelión rohinyá.

El Consejo de Seguridad de la ONU reclamó el miércoles "pasos inmediatos" para detener la limpieza étnica que llevó a casi 380.000 rohinyás a refugiarse en el vecino Bangladés, provocando una grave crisis humanitaria.

La dirigente birmana Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz, está siendo muy criticada por su posición ambigua sobre esta comunidad paria, considerada extranjera en Birmania. Está previsto que se pronuncie por televisión la próxima semana.

En la sala en la que agonizaba Azizul Haque, una veintena de rohinyás recibía tratamiento por heridas de bala, de explosiones y quemaduras.

Sabekun Nahar, de 50 años, fue herida en las piernas por haber pisado una mina cerca de la que se ha cobrado la vida del adolescente. "No sé si algún día podré volver a caminar", dice con lágrimas en los ojos.

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