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Cataluña: La Diada, el termómetro del pulso independentista

Manifestantes llevan las banderas de Cataluña durante la movilización por el Día Nacional de la región, la Diada, en Barcelona, el 11 de septiembre de 2017.
Manifestantes llevan las banderas de Cataluña durante la movilización por el Día Nacional de la región, la Diada, en Barcelona, el 11 de septiembre de 2017. Susana Vera/ REUTERS

Desde 2012, la fiesta nacional de Cataluña se transformó en una demostración de fuerza de los sectores secesionistas.

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Este año, con el referendo convocado y el malestar creciente contra el gobierno español, algunos separatistas se ilusionan con que la manifestación sea un respaldo para la consulta.

En los últimos años, la celebración de la Diada, el día nacional de Cataluña, se convirtió en un plafón para que los grupos independentistas expongan sus deseos separatistas en un contexto masivo y pacífico. Desde 2012, la tradicional celebración de la región -que cada 11 de septiembre recuerda la derrota del ejército del archiduque Carlos de Austria a manos de las tropas de Felipe V de Borbón en 1714 durante la Guerra de Sucesión española- adquirió una relevancia inusitada.

Sin embargo, la Diada 2017 se da en un marco político de suma tensión entre el Gobierno español y las autoridades regionales, con el referendo del 1° de octubre convocado por la Generalitat –máximo organismo de gobierno catalán- y anulado por la justicia española.

¿Puede una movilización de grandes dimensiones dar el soporte necesario a la consulta? Para Pau Massip, periodista del periódico La Vanguardia de Cataluña, los independentistas pretenden que el 11-S se convierta en un puntapié inicial para la campaña a favor del “sí”. “La movilización de este año toma un carácter diferente porque el referendo está convocado. Pero no es una manifestación aislada. Desde 2012 la gente se moviliza para exigir, mayormente, la independencia o que se busque una solución, una forma de vehiculizar de forma política el sentimiento de una parte de Cataluña”, detalló.

Por su parte, Gabriel Jaraba, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, sostiene que las marchas de la Diada son “las manifestaciones populares masivas más importantes en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, aunque relativiza que se trate de un movimiento únicamente de grupos separatistas. “Toda esa gente no está pidiendo la independencia, sino que solicita un referendo para decidir. Hay muchos indecisos que no saben qué hacer. Sería distinto si recibieran propuestas políticas de cada sector”, consideró.

No obstante, más allá de la fuerza que pudiera tener la manifestación, Marc Espín, periodista de Barcelona especializado en asuntos internacionales, considera que el Ejecutivo español no dará el brazo a torcer. “Hasta ahora las movilizaciones fueron muy superiores a lo que se espera para este 11-S y no fueron capaces de mover la posición del Gobierno del Partido Popular, que niega la posibilidad si quiera de negociar un referendo”, sentenció.

Gabriel Jaraba, catedrático: “El gobierno central insiste en una postura suicida de crear independentistas”

De acuerdo a los especialistas consultados, la principal fuerza de los sectores separatistas es el disgusto que existe entre los catalanes por la falta de respuestas del gobierno español. “Esa gente, cuando no recibe respuestas de Madrid, se siente molesta. El gobierno central sigue en esta política suicida de crear independentistas mediante el desprecio. El movimiento transversal catalán se sostiene en una sensación de sentirse agraviados por el Estado. Eso es muy fácil de crear y muy difícil de destruir”, subrayó Gabriel Jaraba.

Pau Massip asegura que las últimas acciones del gobierno español para evitar el referendo catalán contribuyen a sumar adhesiones a la manifestación de la Diada. “La actitud de la guardia civil (que en los últimos días realizó allanamientos en una imprenta y un semanario de Tarragona en busca de supuesto material electoral) provocó que mucha gente que no pensaba ir a la marcha, se decidiera a asistir”, sostuvo.

Desde ambos sectores, la radicalización de las posturas es creciente. Para Marc Espín, esta tendencia no es casual y responde a una intención política de ambos gobiernos. “La polarización los beneficia: las masas se radicalizan y aceptan sus planteamientos cada vez más extremos, a la vez que el ruido del conflicto catalán tapa los errores y los casos de corrupción de los partidos de gobierno”, reflexionó.

La falta de bases institucionales, un problema para la independencia catalana

Dejando de lado cuestiones emocionales y políticas, los expertos coinciden en que el referendo catalán carece de las bases democráticas e institucionales para tener éxito, aún si la Justicia española accediera a su realización.

“El peligro es que Cataluña quede en un limbo institucional. En la medida que el gobierno central no ceda y el referendo no tenga repercusión internacional, los catalanes quedarían en una situación indeterminada, sin ser de un país ni de otro. Es el gran problema que puede haber y sobre el que nadie está echando luz”, afirma Massip.

Para Jaraba, el gobierno catalán no está considerando algunas cuestiones institucionales e internacionales a resolver antes de avanzar con la votación. “Antes de celebrar el referendo, sería necesario que hubiera cambios constitucionales. Y olvida el movimiento independentista que esas cuestiones no se ganan únicamente con movimientos en la calle, sino con entornos internacionales favorables. Hoy en día no hay nadie que apoye la independencia de Cataluña”, remarcó.

Otro de los focos es la participación real de la población catalana en un eventual referendo. Para Espín, incluso si se realizara la votación, el resultado no tendría validez. “Cerca de la mitad de la población catalana no iría a votar ya que no lo reconoce como legítimo, por lo que acabaría siendo un referendo de sólo una parte, la independentista”, aseveró.

En este contexto, solo una alternativa más moderada podría avanzar, aunque carecería de la voluntad política de los sectores involucrados. “El otro camino, más democrático, pero menos seductor para las partes en disputa -porque es largo, tedioso y no les beneficia partidariamente- sería asumir la vía política de un referendo pactado con Madrid”, concluyó Espín.

Los sectores independentistas que cada 11 de septiembre salen a la calle a manifestarse parecen chocar una y otra vez contra posturas propias y ajenas que impiden avanzar en una resolución consensuada de la cuestión catalana. Así, cada marcha seguirá siendo una demostración de fuerza. Pero solo con eso no alcanza.

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