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Las reservas privadas diezman la fauna silvestre en Kenia

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Nairobi (AFP)

"Tengo el corazón partido", dice suspirando el biólogo Dedan Ngatia al ver que todos los licaones (perros salvajes africanos) que seguía desde hace un año en Kenia han muerto.

Al igual que los elefantes, las jirafas, los búfalos o los leones, estos cánidos sufren desde hace meses los efectos de las invasiones ilegales de reservas y ranchos privados de ganaderos seminómadas que van en busca de pastos en la meseta keniana de Laikipia, en el corazón del valle del Rift.

A veces van armados y llegan con decenas de miles de cabras, vacas y ovejas.

La llegada masiva de ganado, en ocasiones acompañada de incursiones violentas contra cabañas o contra los propietarios de las tierras, parece haberse frenado con la llegada de las lluvias y desde las elecciones del 8 de agosto.

Es hora de hacer un balance. Los especialistas enumeran las consecuencias de los últimos meses para la fauna salvaje de Laikipia: enfermedades, desplazamientos forzosos, caza ilegal y hambre.

El animal más afectado es el licaón, una especie amenazada, que ha quedado diezmado por la enfermedad de Carré, contagiada probablemente por los perros de los ganaderos.

Los elefantes, cuyos colmillos de marfil se venden a precio de oro en el mercado negro, también han sufrido: mataron a 84 de forma "deliberada" en el primer semestre de 2017 en Laikipia, en comparación con 75 en todo 2016, según el programa MIKE que registra las "matanzas ilegales" de estos animales.

Según Max Graham, fundador de la ONG Space for Giants (Espacio para los gigantes), esto es habitual "cuando se produce un vacío en la seguridad" y "la estabilidad política se desmorona".

Los rinocerontes, una de las especies más amenazadas de la región, tienen guardias armados asignados, pero la mayoría de los animales salvajes no.

Un número indeterminado de jirafas también murieron, afirma Arthur Muneza, coordinador de África del Este de la fundación para la Protección de las jirafas. A muchas las mataron por su carne o por su cola (usada para espantar moscas o como símbolo de poder), en represalia por enfrentamientos o al ser tomadas como blanco en entrenamientos de tiro.

La reserva privada de Mugie fue una de las primeras atacadas en enero: "Hemos perdido muchos (animales) a causa de la caza furtiva, pero no es nada en comparación con las enfermedades", cuenta Josh Perrett, uno de los responsables de Mugie.

Perrett asegura que la población de búfalos en Mugie ha pasado de 1.000 a 100 individuos y la de antílopes de 40 a 7, debido sobre todo a las enfermedades transmitidas por las garrapatas.

- Más manadas -

Los aproximadamente 250 leones de la región fueron expulsados de su territorio, afirma Alayne Cotterill, fundador de la ONG Paisajes de León, quien por el momento no ha notado una bajada drástica en el número de ejemplares.

De este modo se tiran por la borda años de trabajo para limitar las interacciones entre leones y ganado con el fin de evitar felinos muertos a manos de ganaderos preocupados por proteger a sus manadas.

Los científicos coinciden en una cosa: los daños son importantes pero no irreversibles. En 2006, la enfermedad de Carré diezmó a los licaones, pero los pocos que sobrevivieron desarrollaron una cierta inmunidad. También insisten en que la supervivencia de la fauna silvestre en Laikipia pasa sobre todo por la estabilidad.

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