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Halimah Yacob, de la pobreza a la presidencia de Singapur

El presidente electo Halimah Yacob, el primer ministro de Singapur Lee Hsien Loong y el juez en jefe Sundaresh Menon entran en la sala de estado antes de la ceremonia de inauguración presidencial en el Palacio Presidencial de Istana en Singapur 14 de septiembre de 2017
El presidente electo Halimah Yacob, el primer ministro de Singapur Lee Hsien Loong y el juez en jefe Sundaresh Menon entran en la sala de estado antes de la ceremonia de inauguración presidencial en el Palacio Presidencial de Istana en Singapur 14 de septiembre de 2017 Wallace Woon, POOL, AFP

La musulmana de 63 años pasó de limpiar mesas en su infancia a ocupar la primera magistratura de su país. Representante de una de las etnias minoritarias de esa nación, accedió al cargo sin necesidad de pasar por las urnas.

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La vida de Yacob es una metáfora de Singapur. Este pequeño país del sudeste asiático, independiente de Malasia desde 1965, se convirtió en pocas décadas en una de las economías más prósperas del mundo.

En la misma línea, la nueva presidenta del país también debió superar dificultades económicas desde sus primeros años. Según relata en su página web, luego de la muerte de su padre –un musulmán de origen indio que trabajaba de vigilante- cuando tenía ocho años, debió ayudar a su madre en el puesto de comida callejera que ella administraba.

“Ella salía a las cuatro de la mañana y no volvía a casa hasta las diez de la noche. A la edad de diez años, tras la escuela, yo ayudaba a mi madre: limpiando, lavando, poniendo mesas y sirviendo a los clientes”, explica Yacob.

Yacob fue a una escuela china femenina, donde era la única alumna malayo-india y luego estudió Derecho en la Universidad de Singapur. Allí conoció a su marido, Mohamed Abdullah Alhabshee, un licenciado en Física con el que ha tenido cinco hijos.

Con experiencias en el Congreso Nacional Sindical y la Organización Internacional del Trabajo (agencia perteneciente a Naciones Unidas), el salto a la política para Yacob se dio en 2001, cuando ganó un escaño para el Parlamento de la mano del Partido de Acción Popular (PAP), fuerza que gobierna Singapur desde 1959. Y en 2013, luego de trabajar en el Ministerio de Desarrollo Comunitario y el de Familia, fue nombrada presidenta del Parlamento.

Presidenta tras una elección cuestionada

La llegada de Yacob a la presidencia de Singapur no estuvo exenta de cuestionamientos. La mujer accedió al cargo de manera automática, luego de que sus cuatro rivales no calificaran a las elecciones, que debían realizarse el 23 de septiembre.

El primer obstáculo para los aspirantes fue su origen. Bajo la justificación de garantizar la integración, en 2016, el Legislativo singapurés aprobó una reforma constitucional para establecer que las elecciones presidenciales fueran reservadas a una de las etnias del país si ningún candidato de ese grupo ocupó el cargo en los últimos 30 años. Por eso, las autoridades electorales limitaron los comicios a candidatos de la etnia malaya, que representa el 13 por ciento de la población y, tradicionalmente, es la más pobre de esta nación multicultural. Ese requisito descartó automáticamente a dos aspirantes.

Posteriormente, el Comité Electoral determinó que cualquier postulante proveniente del sector privado debía haber sido un alto ejecutivo de una empresa con, al menos, 370 millones de dólares de patrimonio neto. Eso provocó que los empresarios Salleh Marican y Farid Khan también quedaran descartados.

Si bien Yacob tampoco cumplía con ese imperativo, su condición de líder del Parlamento le abrió las puertas a la presidencia de la nación, por el hecho de haber contado con un alto cargo en el sector público por más de tres años. Apenas un mes antes de la elección, la musulmana debió renunciar a su cargo en el Legislativo y al PAP, dado que la primera magistratura en Singapur no es un puesto con afiliación partidaria.

Favorecida por ese mecanismo de filtros, la mujer de 63 años –que reemplaza en el cargo a Tony Tan- devolvió la presidencia de Singapur a la etnia malaya tras 47 años. El último presidente de ese origen había sido Yusof Ishak, entre 1965 y 1970.

Si bien en Singapur la presidencia es un cargo más ceremonial y representativo que ejecutivo, Yacob tendrá potestades como autorizar investigaciones sobre corrupción o participar en las decisiones sobre el uso de las importantes reservas financieras de este país de 5,6 millones de habitantes. Además, ganará un sueldo anual de más de un millón de dólares, una de las retribuciones más altas entre los jefes de Estado del mundo.

En un intento de aplacar los cuestionamientos, durante la entrega de su acta presidencial celebrada este miércoles 13 de septiembre, Yacob anticipó que será “la presidenta de todos” y que “aunque no haya habido elecciones, mi compromiso de servir sigue siendo el mismo”.

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