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La crisis de los rohinyás preocupa a los budistas de Bangladés

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Ramu (Bangladés) (AFP)

La huida a Bangladés de cientos de miles de musulmanes rohinyás preocupa a la minoría budista de este país del sureste asiático ante las posibles represalias por la violencia en la vecina Birmania.

La causa de los rohinyás suscita mucha indignación en la sociedad de Bangladés, un país de mayoría musulmana que está entre los más pobres del mundo.

Ese descontento se nota, sobre todo, en la región meridional de Cox's Bazar, en la frontera con la budista Birmania, cuyos habitantes comparten rasgos lingüísticos y culturales con los rohinyás.

Pero esa zona también alberga a una población budista, que sufrió ataques en el pasado. Los budistas representan menos del 1% de los 160 millones de habitantes de Bangladés y están bien integrados en su tejido social.

Proggananda Bhikkhu, un monje budista de Bangladés, no ha recibido amenazas directas, pero se preocupa por algunos mensajes leídos en internet.

"En las redes sociales, la gente intenta presentar [esta crisis] como un conflicto religioso. Pero, como los musulmanes, somos ciudadanos de Bangladés y condenamos" la violencia en Birmania, asegura.

Por temor a represalias, las autoridades desplegaron de forma preventiva a cientos de policías en las zonas budistas y alrededor de sus lugares de culto en la región de Cox's Bazar.

Los rohinyás, considerados como la mayor población apátrida del mundo, son tratados desde hace años como extranjeros en Birmania, donde más del 90% de la población es budista.

Víctimas de discriminaciones, no pueden viajar ni casarse sin autorización. Tampoco tienen acceso al mercado laboral ni a los servicios públicos, como las escuelas y los hospitales.

Desde el 25 de agosto, más de 420.000 rohinyás se desplazaron de Birmania a Bangladés para huir de una campaña de represión del ejército birmano y de milicias budistas, a raíz de una serie de ataques de un grupo rebelde rohinyá contra comisarías.

- "Inocentes" -

Bhikkhu recuerda perfectamente los ataques de 2012 contra su comunidad, durante los cuales ardió el templo de 300 años de antigüedad por el que vela.

"Cuando terminó el saqueo, lo incendiaron", cuenta en el templo, que ha sido reconstruido casi por completo. "Jamás habíamos imaginado que pudiera ocurrir algo así, teníamos buenas relaciones con los musulmanes de por aquí", añade.

Cerca del templo, un grupo de hombres reunidos en un puesto callejero asegura que las relaciones entre las dos comunidades son buenas.

"Esos son musulmanes", dice Manoda Barua, un hombre de negocios jubilado, señalando con la mano a dos hombres que caminan por la calle.

"Comemos juntos, estudiamos juntos. Hay pueblos musulmanes a nuestro alrededor", explica.

Pero algunos habitantes del pueblo sienten cierta preocupación mientras crecen los rumores.

"Nos sentimos amenazados", dice Prokriti Barua, una empleada doméstica. "La gente dice que los musulmanes quieren matarnos", afirma.

Mientras tanto, las autoridades religiosas budistas decidieron mantenerse discretas. La celebración de un festival religioso previsto para dentro de poco será limitada, y se harán donaciones para ayudar a los refugiados rohinyás.

La semana pasada, varios monjes organizaron una campaña de donación de sangre para ellos.

Manoda Barua lamenta que su comunidad sea asociada a sus correligionarios del oeste de Birmania. "Sólo somos budistas inocentes", afirma.

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