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Declaraciones de un general provocan ruidos políticos en Brasil

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Río de Janeiro (AFP)

Un general advirtió que si la vida política seguía degradándose en Brasil, el Ejército se vería obligado tarde o temprano a "buscar la solución". Y ante el asombro de muchos, no recibió ninguna sanción pública.

El general en jefe del Ejército, Eduardo Villas Boas, se vio en cambio obligado a reafirmar el viernes, una semana después de las polémicas declaraciones del general Antonio Hamilton Mourao, que el arma que dirige está "comprometida con la consolidación de la democracia".

Mourao había afirmado que si la crisis que sacude a Brasil -donde los principales responsables del poder y la oposición enfrentan graves acusaciones de corrupción- no encontraba solución, el Ejército acabaría por tomar cartas en el asunto.

"O bien las instituciones resuelven el problema político mediante la acción del Poder Judicial, sacando de la vida pública a todos los elementos involucrados en los ilícitos, o bien tendremos que imponer eso", declaró Mourao en la reunión de una logia masónica, divulgada por internet.

"En el momento actual, vislumbramos que los Poderes [Ejecutivo, Legislativo y Judicial] tendrán que buscar la solución. Si no lo consiguen, llegará la hora en que tendremos que imponer una solución", insistió, tras afirmar que estaba expresando "la manera de pensar del Ejército".

En su comunicado, Villas Boas recordó que solo él está habilitado para manifestar "la posición de la Fuerza" e indicó que ya había informado al ministro de Defensa, Raul Jungmann, de "las circunstancias y las medidas adoptadas sobre el episodio que implica al general Mourao".

La asesoría de prensa del Ejército, consultada por la AFP, se limitó a decir que las medidas mencionadas "fueron tomadas en el ámbito interno del Ejército" y que el comandante Villas Boas "considera cerrado el episodio".

Jungmann había convocado el lunes a Villas Boas "para aclarar los hechos" y "sobre las medidas pertinentes a ser tomadas". El viernes, al ser interrogado por la prensa, afirmó igualmente que Villas Boas ya había "tomado todas la medidas necesarias y el caso está cerrado".

La Fiscalía General de Derechos Humanos, dependiente del Ministerio Público Federal, no se mostró tan convencida de ello y el miércoles proclamó en una nota que "no existe en el orden constitucional brasileño la hipótesis de intervención autónoma de las Fuerzas Armadas, en situación interna o externa, independientemente de su gravedad".

- Un militar intocable -

No es la primera vez que Mourao, de 64 años, desafía los cánones jerárquicos. En 2015, fue separado de la comandancia de la Región Sur por haber criticado a la "clase política", en plena tormenta de la investigación Lava Jato que reveló una descomunal red de corrupción en la estatal Petrobras.

Ese mismo año, un cuartel bajo su mando rindió homenaje al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, exjefe del DOI-Codi, centro de detención y tortura del régimen militar (1964-85).

Mourao fue transferido a la Secretaría de Finanzas del Ejército, una función considerada burocrática, pero aún así no se hace olvidar. Y goza de un prestigio que lo convierte prácticamente en intocable, como revela el desenlace de este último episodio.

"Mourao es un gran soldado, una figura fantástica", dijo Villa Boas el martes en una entrevista televisiva.

"Si [Mourao] fuese castigado, se produciría probablemente una insubordinación, especialmente entre los jóvenes oficiales, de mayor para abajo. Porque Mourao es un hombre de tropa, no de gabinete. Y representa el pensamiento de la tropa", dijo a la AFP el analista Nelson Düring, editor del sitio especializado DefesaNet.

Para el columnista Merval Pereira, del diario O Globo, "la imposibilidad de castigar al general muestra que, con la agravamiento de la crisis y la creciente implicación de sus principales nombres, incluyendo el del presidente [Michel] Temer, el gobierno está agotando su legitimidad para mediar conflictos".

El Ejército fue movilizado en los últimos meses para respaldar o suplir la acción policial en graves crisis de seguridad pública provocada por guerras entre bandas de narcotraficantes en Estados como Rio de Janeiro, Espírito Santo o Rio Grande do Norte.

Las Fuerzas Armadas son la institución de mayor prestigio en Brasil, en un momento de acelerado desgaste de las poderes electivos.

Según una encuesta Datafolha de junio, un 43% de la población confía "mucho" en la institución castrense y un 40% "un poco", frente a 15% que "no confía".

Un 65% de los interrogados manifestó en cambio que "no confía" en la Presidencia y un 69% que tampoco deposita confianza alguna en los partidos políticos.

La crisis económica y de seguridad, conjugada a las denuncias de corrupción, dieron alas al diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, segundo en intenciones de voto de cara a las elecciones generales de octubre de 2018.

Sólo lo supera el expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), que podría ver su candidatura impugnada e ir a prisión si un tribunal confirma el fallo a casi diez años de cárcel dictado por el juez Sergio Moro, por "corrupción pasiva".

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