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El País Vasco simpatiza con Cataluña pero quiere preservar su paz

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Bilbao (España) (AFP)

"¡Que dejen votar a los catalanes!" La frase se escucha a menudo tanto en las calles de grandes ciudades como en pueblos independentistas del País Vasco, con frecuencia seguida de un suspiro de exasperación hacia el Gobierno de Madrid.

"No estoy por la independencia, pero ahora no hay democracia. Me gustaría que haya referéndum en ambos (País Vasco y Cataluña), pero legales, pactados con el conjunto de España. Votaría no", explica Candi Cordero, un camionero jubilado de 65 años, mientras pasea por las calles de Bilbao, capital económica vasca.

En Hernani, un feudo independentista guipuzcoano situado unos 100 kilómetros más al norte, pueden verse banderas catalanas en edificios públicos y en las calles se ven retratos de miembros de ETA muertos.

"El Gobierno es patético, cree que todo se resuelve con represión. Parece la España de hace 50 años", cuando la dictadura franquista, afirma Arantxa Beobide, una grafista de 48 años, mientras bebe una cerveza en un bar de Hernani, en el que nadie esconde su simpatía por la izquierda independentista vasca.

El alcalde de Hernani, al igual que un centenar más de la coalición separatista EH Bildu, irá el domingo a Cataluña para "observar" la consulta, prohibida por la justicia española.

Arnaldo Otegi, exmiembro de ETA y líder del movimiento Sortu, estuvo por su lado el 11 de septiembre en Barcelona con motivo de la Diada, el día de Cataluña. Y a mitad de mes participó en una marcha en Bilbao en favor del "derecho a decidir".

La manifestación fue convocada por la plataforma Gure Esku Dago, que milita por el derecho de los vascos a la autodeterminación.

Reunió a miles de personas, aunque "no más que de costumbre", en esta región de dos millones de habitantes y en la que las manifestaciones por la independencia son habituales, matiza Rafael Leonisio, politólogo miembro del Euskobarómetro, que mide el estado de ánimo de la opinión pública vasca.

En un momento en el que ETA ya ha abandonado las armas después de cuatro décadas de violencia y parece plantearse su disolución, la proporción de vascos favorables a la independencia bajó recientemente al 30%, apunta el investigador, y es menos fuerte que en Cataluña (40%).

El Gobierno regional está dirigido por el moderado Partido Nacionalista Vasco (PNV) y el presidente, Íñigo Urkullu, ha declarado varias veces que no apuesta por la secesión.

- "Vacunados" -

"Nosotros estamos vacunados, hemos tenido problemas que los catalanes no han tenido", recuerda Alberto, un empresario de 55 años de Bilbao, favorable a una España federal y que prefiere no dar su apellido. Habla de los 829 muertos atribuidos a ETA, que en 2011 abandonó la lucha armada.

El País Vasco goza además de autonomía fiscal, un sistema muy ventajoso y que muchos catalanes reclaman para su región.

Isabel González (37 años), secretaria en Bilbao, apunta que el independentismo duro tiene pocas opciones de reactivarse, dado que el Gobierno regional, de signo nacionalista moderado, "sabe gestionar muy bien el tema del dinero. Y, con la crisis, la gente piensa más en el trabajo" que en la política.

En su elegante despacho de San Sebastián, el abogado Rubén Múgica asegura que en el colectivo de familias de víctimas de ETA, del que es un destacado miembro, el tema catalán no se aborda nunca.

"Me parece muy bien que haya gente a favor y que haya gente que está en contra. Pero la opción del desinterés tiene que ser una opción legítima también", apunta Múgica.

Los ecos de la crisis catalana llevaron estos días a Urkullu a levantar el tono y a pedir al Estado un referéndum pactado y el reconocimiento de Cataluña y País Vasco como naciones.

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, necesita el apoyo de los cinco diputados vascos en el Parlamento para sacar adelante los presupuestos.

En esa tesitura, explica una fuente del Gobierno vasco, "será muy difícil que el PNV apoye los presupuestos, porque su electorado, que en parte es independentista, no lo entendería".

Según varios expertos consultados por la AFP, se trata de una maniobra pragmática, destinada a negociar más autonomía para la región y no a relanzar un movimiento independentista.

"Quieren obtener el mejor acuerdo posible sin quedar en evidencia", analiza Caroline Gray, experta en movimientos secesionistas en la universidad británica de Aston.

En su imponente hotel de piedra cerca de Eibar, Esther Gisasola, de 75 años y con su pelo blanco impecablemente peinado, dice sentirse "vasca y para nada española".

"Es el momento de poner todo sobre la mesa. A ver si por la presión de Cataluña, España renueva toda nuestra democracia", desea.

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