El éxodo de rohinyás hacia Bangladés se reanuda a gran escala tras días de calma

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Cox's Bazar (Bangladés) (AFP)

Tras algunos días de calma, el éxodo de los rohinyás hacia Bangladés se reanudó este martes a gran escala debido a la falta de comida en el oeste de Birmania, donde el sufrimiento humano es "inimaginable", según la ONU.

Más de 507.000 personas de esta minoría musulmana de Birmania han cruzado la frontera para huir de la campaña de represión del Ejército birmano, que empezó en represalia por ataques de los rebeldes rohinyás.

La cifra representa la mitad de esta comunidad apátrida de un millón de personas, instalada en Birmania desde hace décadas pero víctima, según la ONU, de una "limpieza étnica".

Cada día decenas de embarcaciones, entre ellas muchos barcos de pesca, llegan a Bangladés con refugiados rohinyás a bordo, explica a la AFP Fazlul Haq, un responsable municipal bangladesí de Shah Porir Dwip, un pequeño pueblo de pescadores en la desembocadura del rió Naf, que marca la frontera natural entre los dos países.

"Entre 4.000 y 5.000 rohinyás llegan todos los días", confirma Ariful Islam, un guardacostas bangladesí. "Algunos rohinyás pensaban poder quedarse en Birmania, pero ahora vienen aquí", añade.

Del lado birmano de la frontera hay 10.000 rohinyás en un paso fronterizo con Bangladés, anunciaron este martes los medios oficiales de Birmania.

"Muchos huyen actualmente a causa de la falta de comida y del miedo. En algunas zonas ya no hay nada que comer", explica a la AFP Chris Lewa, de Arakan Project, una organización de defensa de los derechos de los rohinyás.

"La mayoría sobrevive sólo gracias a sus cosechas, pero en las últimas semanas ni se atreven a ir a sus campos porque tienen que pasar por pueblos budistas", añade.

Por primera vez desde que empezaron los enfrentamientos, una delegación internacional, con representantes de Naciones Unidas y embajadores, pudo acceder el lunes a esta zona, epicentro de los enfrentamientos que empezaron el 25 de agosto.

Tras la visita, la ONU calificó de "inimaginable" el "sufrimiento humano", y pidió poner fin a las operaciones militares. La ONU reclamó un "acceso sin restricciones a la ayuda humanitaria" y de las oenegés, para permitir una "evaluación global de la situación".

- Traficantes de seres humanos -

La zona está cerrada por el ejército, por lo que la ayuda humanitaria no llega a la población civil.

La ONU considera que el ejército birmano y las milicias budistas están llevando a cabo una limpieza étnica contra la comunidad musulmana de esta región, que ya vivió numerosos episodios de violencia pero nunca hasta ahora a esta escala.

Antes las críticas, Birmania denuncia un sesgo favorable de la comunidad internacional hacia los rohinyás y apoya a Aung San Suu Kyi, que dirige el primer gobierno civil del país en décadas, pero también tiene que respetar compromisos con el poderoso ejército birmano.

En Bangladés, la policía salvó el lunes a 20 rohinyás prisioneros de traficantes de seres humanos, que exigen más de 250 dólares para cruzar el río Naf, un trayecto que normalmente cuesta alrededor de unos cinco dólares.

Decenas de personas se ahogaron en las últimas semanas intentando cruzar el río. El jueves, unas 60 murieron en el naufragio de su embarcación, que se hundió muy cerca de la costa por el viento y el mal tiempo.

Bangladés, un país pobre del sureste de Asia de mayoría musulmana, está desbordado por la llegada de refugiados y empieza a escasear la comida, lo que hace temer por una crisis humanitaria a gran escala.

Según cifras de la ONU, más de 14.100 niños sufren malnutrición y están en peligro de muerte en los campos de refugiados de Bangladés, viviendo en muy malas condiciones y donde la distribución de comida se hace sin coordinación.

Los refugiados tienen en ocasiones que hacer largas colas para recibir comida bajo un sol intenso. Según las agencias humanitarias, 145.000 niños de menos de cinco años necesitan ayuda urgente.

Los rohinyás, la mayor población apátrida del mundo, son tratados como extranjeros en Birmania, un país donde el 90% de la población es budista.

A causa de la discriminación no pueden viajar o casarse sin autorización. Tampoco tienen acceso al mercado de trabajo ni a los servicios públicos, como escuelas u hospitales.