Los yihadistas en Irak y Siria: del sueño del paraíso a la fosa común

Anuncios

Dhuluiya (Irak) (AFP)

Provenientes de todo el planeta, oriundos de Siria o Irak, decenas de miles de yihadistas que creían ganarse las llaves del paraíso terminan enterrados en fosas comunes o, peor aún, devorados por vagabundos perros famélicos.

La coalición dirigida por Estados Unidos afirmó a la AFP que 80.000 yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) han muerto desde su constitución a mediados de 2014.

A los que hay que añadir los muertos por la aviación rusa y el régimen de Damasco.

En Dhuluiya, a 90 kilómetros al norte de Bagdad, la tierra ocre conserva aún las huellas de los bulldozers que enterraron a toda prisa a las decenas de yihadistas muertos en los combates de 2015.

Sobre los restos humanos aún visibles, se aglutinan las moscas, en medio de un pestilente olor.

"Deberían haber acabado en el estómago de los perros. Si los enterramos aquí, no es por amor, sino para evitar las enfermedades", asegura Mohamed al Juburi, policía de esta localidad agrícola, feudo de la tribu sunita de los Juburi, que impidió la entrada del EI pagando el precio de 250 muertos.

"Podríamos tirarlos al agua, pero queremos demasiado al río para contaminarlo. Le gente de aquí y sus animales beben agua del Tigris", añade el hombre, que perdió a un hermano en los combates contra el EI.

- Anonimato -

"Los hemos enterrado con los bulldozers" y no según el rito musulmán, asegura Shalan al Juburi, agricultor de unos 40 años.

"Incluso bajo tierra, están en su propia mugre. Decían que irían al paraíso, que verían jardines y probarían delicias, pero mira cómo han acabado", añade.

A pocos centenares de metros, se erige otro cementerio, rodeado de muros de ladrillo rojo: el de los "mártires protectores de los hogares", caídos en combate contra los yihadistas. Ellos tiene tumbas a la sombra de los árboles e incluso enormes 'posters' con sus fotos.

En la provincia sunita de Al Anbar, los yihadistas con más fortuna fueron quienes murieron cuando sus compañeros de armas controlaban la región, hasta 2015.

En el centro de Faluya, primera ciudad conquistada por el EI en 2014, las lápidas de un cementerio improvisado llevan los nombres de guerra de los combatientes extranjeros enterrados por sus compañeros.

Para los demás, en la muerte les espera el anonimato de las fosas comunes, explica a la AFP el general Mahmud al Fellahi, que dirige las operaciones en esta provincia donde se halla el último bastión iraquí del EI.

- "Los perros esperan" -

En la parte siria del "califato" proclamado en 2014, la suerte de los 50.000 yihadistas muertos según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) no es mucho más envidiable.

Una fuente militar siria asegura que "los terroristas intentan llevarse a sus muertos. Si nosotros los recuperamos, intentamos identificar a los extranjeros para eventuales intercambios de información con sus países de origen".

Lejos de las zonas urbanas, en el desierto de Deir Ezzor, de Alepo o de Raqa, los cadáveres de los yihadistas son abandonados y, según el jefe de una milicia progubernamental, "los perros del desierto esperan".

"Desde el final de los combates, los perros salen de sus escondites y vienen a buscar los cadáveres. No debe dejar que se le acerquen los perros, porque pueden ser portadores de una enfermedad infecciosa", aconseja el hombre a un periodista de la AFP.

En cambio, en la ciudad de Raqa, feudo sirio del EI antes de que las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS, alianza árabo-kurda) la reconquistaran casi íntegramente, Mustefa Bali, responsable de prensa de las FDS, asegura que "los cuerpos (de los yihadistas) son generalmente enterrados".

Según Rami Abdel Rahman, director del OSDH, "las personalidades conocidas y reclamadas por la comunidad internacional son enterradas en lugares secretos".

Por ejemplo, dice, "no se sabe donde están enterrados 'Jihadi John' (que ejecutó a dos periodistas occidentales), (el exportavoz) Abu Mohamed al Adnani, o su jefe militar Omar al Shishani".