EEUU acusa a dos chinos por tráfico de opiáceo

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Washington (AFP)

Las autoridades de Washington acusaron por primera vez el martes a dos chinos y sus presuntos cómplices en América del Norte por la fabricación y distribución de fentanilo, un potente analgésico opiáceo sospechoso de haber matado a más de 20.000 estadounidenses en 2016.

"Por primera vez, acusamos a los principales traficantes chinos de fentanilo, que han usado internet para vender fentanilo y derivados del fentanilo a narcotraficantes y consumidores en Estados Unidos", dijo Rod Rosenstein, número dos del Departamento de Justicia.

"El fentanilo y sustancias similares al fentanilo llegan al país de muchas maneras, incluido el envío desde fábricas en China directamente a clientes en Estados Unidos que compran por internet", agregó.

Los dos hombres, que residen en China, fueron identificados como Xiaobing Yan y Jian Zhang.

Xiaobing Yan es sospechoso de haber operado al menos dos laboratorios en China capaces de producir grandes cantidades de fentanilo y sus derivados.

Aparentemente, este hombre había seguido de cerca la evolución de las leyes de lucha contra los estupefacientes en Estados Unidos, cambiando la composición química de las sustancias que vendía para escapar de eventuales acusaciones penales.

Está inculpado de haber gestionado durante al menos seis años páginas web que vendían fentanilo en Estados Unidos bajo diferentes identidades y nombres de compañías.

Jian Zhang, por su parte, es acusado de haber estado a la cabeza de una organización que fábrica fentanilo en cuatro sitios diferentes en China. Supuestamente envió miles de paquetes desde enero de 2013 directamente a Estados Unidos o a través de Canadá.

Fueron también acusados cinco canadienses, dos residentes de Florida y uno residente de Nueva Jersey.

Se estima que actualmente hay cerca de dos millones de estadounidenses adictos a los opiáceos, una categoría de estupefacientes que incluye analgésicos vendidos con receta así como heroína, a menudo mezclados con drogas sintéticas.

El flagelo, que provoca la muerte por sobredosis, afecta a ciudades y a las zonas rurales en Estados Unidos, pero ataca con particular violencia a las antiguas zonas industriales devastadas por la crisis económica.