Marawi, pulverizada por la guerra urbana más larga de la historia de Filipinas

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Marawi (Filipinas) (AFP)

A primera vista parecen edificios derrumbados por un terremoto, pero los muros acribillados de balas dan fe de la guerra urbana en Marawi, la más larga de la historia de Filipinas.

"Nadie quería esto" en Marawi, afirmó este martes el presidente filipino, Rodrigo Duterte, proclamando la "liberación" de "la influencia de los terroristas" después de casi cinco meses de combates con los yhadistas afirnes al grupo Estado Islámico (EI).

La víspera, los soldados filipinos habían matado a Isnilon Hapilon, el "emir" del grupo EI para el sudeste asiático y líder de los combatientes.

La reconquista de esta ciudad el sur del archipiélago duró cuatro veces más que la operación de Estados Unidos para liberar Manila de las fuerzas de ocupación japonesas al final de la Segunda Guerra Mundial.

Para salvarla de los yihadistas que querían crear un "califato" en el sudeste asiático, el ejército filipino ha reducido a escombros Marawi, una ciudad poblada por musulmanes en un archipiélago esencialmente católico.

Un equipo de la AFP vio muros agujereados, metales retorcidos en las aceras y calles llenas de casquillos. Escenas similares a las de ciudades de Oriente Medio como Alepo o Mosul.

Según el ministro de Defensa, Delfin Lorenzana, harán falta 1.100 millones de dólares para reconstruir Marawi.

En la planta baja de algunos edificios, los soldados inspeccionan boquetes por los que apenas entra un hombre.

- Tácticas inéditas -

Los alrededor de 1.000 yihadistas que tomaron algunos barrios de la ciudad el 23 de mayo aplicaron tácticas de guerrilla urbana que en un primer momento desconcertaron a los soldados.

Los islamistas transformaron cientos de edificios céntricos en un laberinto de túneles, para protegerse de una campaña de bombardeos aéreos, de los aviones espía estadounidenses y australianos y de los drones.

Secuestraron a civiles, a quienes usaron como escudos humanos, como cocineros, como camilleros o para cavar las tumbas de sus muertos. También les obligaban a saquear casas en busca de líquidos y de armas, e incluso a combatir con ellos, según el ejército filipino.

"Estos terroristas emplean tácticas de combate vistas en Oriente Medio", declaró en Singapur el almirante Harry Harris, jefe de la marina estadounidense en el Pacífico.

También es la primera vez que facciones inspiradas en el EI aúnan fuerzas para combatir a semejante escala en la región, añade.

Los enfrentamientos causaron casi 1.100 muertos, entre ellos 800 yihadistas, según el ejército, y 400.000 desplazados.

"No queríamos infligirles esto", dijo Duterte sobre los desplazados, "pero las circunstancias nos obligaron realmente a actuar".

- Combatientes extranjeros -

Las autoridades estiman que los yihadistas (algunos de ellos procedentes de Malasia, Indonesia o Chechenia) almacenaron armas y comida durante semanas, o incluso meses, antes de lanzar el asalto.

Y transformaron las mezquitas (blancos prohibidos para la aviación y la artillería) en bases de francotiradores, depósitos de municiones y refugios.

"Al comienzo, nos sorprendió porque tenemos por costumbre combatir en zonas montañosas, lejos de los núcleos de población", explicó el jefe de las fuerzas armadas filipinas, general Eduardo Ano, a Radyo Singko.

Poco a poco el ejército se adaptó a las nuevas tácticas de combate. El miércoles la batalla continuaba en un barrio cercano al lago de Lanao que los combatientes usaron como vía de aprovisionamiento de comida, de carburante, de armas y de hombres y como ruta para huir.

Por el momento las autoridades no han fijado una fecha para la vuelta de los habitantes. Hay que restablecer el suministro eléctrico y de agua potable y sobre todo evitar la infiltración de nuevos islamistas, afirma Zia Alonto Adiong, portavoz de las autoridades de Marawi.