La omnipresente huella de la propaganda del EI en la devastada Raqa

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Raqa (Siria) (AFP)

En uno de los antiguos "centros de prensa" del grupo Estado Islámico (EI) en Raqa, una octavilla rasgada y manchada de sangre anuncia "operaciones especiales de los soldados del califato", una huella de la poderosa máquina de propaganda dirigida por los yihadistas en su antiguo bastión en Siria.

La ciudad, conquistada en 2014, se convirtió rápidamente en un laboratorio en el que la organización ultrarradical cometió sus peores atrocidades e impuso su ley mediante la fuerza.

Pero, desde que las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) -una alianza de combatientes kurdos y árabes apoyada por EEUU- expulsaron al EI de Raqa, la espina dorsal de la propaganda yihadista se rompió.

En toda la ciudad se ven quioscos de cemento de color gris azulado, "los centros de prensa" de la organización, donde los yihadistas solían distribuir octavillas sobre sus conquistas militares en Siria e Irak, así como folletos sobre el ayuno y la vestimenta de las mujeres.

Uno de ellos está instalado en la plaza del Reloj, tristemente célebre por haber sido escenario de ejecuciones públicas del EI. Al lado del quiosco, filas de sillas rojas y verdes están orientadas hacia un soporte metálico para un televisor, junto a una pantalla plana aplastada contra el suelo.

"Dáesh (acrónimo en árabe del EI) solía difundir sus producciones aquí para que los habitantes pudieran verlas -imágenes de sus batallas, de torturas, y de cánticos islámicos-", dice Shoresh al Raqqawi, un combatiente de las FDS originario de Raqa.

Tras el anuncio de la reconquista de la localidad el martes, la mayoría de las tropas kurdoárabes se retiraron pero una pequeña unidad, de la que forma parte este joven combatiente, permanece en sus calles para realizar operaciones de rastreo y de desminado.

- 'Patatas fritas y caramelos' -

Los yihadistas apostados en el quiosco acostumbraban a detener a los jóvenes que paseaban con un teléfono móvil para borrar las canciones del aparato y sustituirlas por cánticos islámicos, cuenta Al Raqqawi.

"Dáesh también juntaba a los niños aquí, les daba caramelos, patatas fritas y galletas, mientras les enseñaban videos y les ponían sus cánticos", añade.

El EI había instaurado una máquina propagandística sofisticada y en varios idiomas, con revistas digitales, cadenas de radio y campañas en las redes sociales donde presumía de sus hazañas militares.

La organización ha integrado con frecuencia a menores de edad en sus filas para aumentar el impacto de sus acciones.

Tras la caída de Raqa, los medios del EI siguen operando desde otros feudos yihadistas, aunque se nota un cambio de tono en sus mensajes teñidos de nostalgia.

- Octavillas -

Shoresh Raqawi y su compañero Jalil Abu Walid asistieron a menudo a los castigos y ejecuciones públicas de presuntos opositores, entre ellos rehenes occidentales acusados de espionaje.

Cuando llegaba la hora, las tiendas cerraban sus puertas y los habitantes se reunían para ver esas escenas. "Azotaban y golpeaban a la gente con mucha fuerza", recuerda Abu Walid.

En todas partes se ven folletos del EI por el suelo. En una ficha administrativa polvorienta, un cuadro indica el número de veces que su propietario recibió el zakat, una limosna legal que es el tercer pilar del islam.

El sábado, oficiales de servicios de inteligencia extranjeros inspeccionaban una casa cerca de la rotonda Al Naim, otro escenario de las atrocidades del EI.

"Están buscando presuntos cuarteles generales del EI", indicó bajo anonimato un combatiente de las FDS que los acompañaba. "Buscan cuerpos, documentos de identidad o cualquier otra información", añadió.