Al menos un simpatizante de la oposición abatido en los disturbios durante las presidenciales de Kenia

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Kisumu (Kenia) (AFP)

Al menos un simpatizante de la oposición de Kenia fue abatido a balazos este jueves durante unos disturbios con la policía en Kisumu (oeste), al margen de unas elecciones presidenciales que la oposición pidió boicotear, informaron fuentes de la policía y de un hospital.

"Fue trasladado con una herida de bala en el muslo derecho, murió en el hospital" Jaramogi, desangrado, explicó a la AFP una fuente médica que pidió el anonimato.

Un responsable de la policía confirmó a la AFP la muerte del joven, de 19 años, simpatizante de la oposición keniana.

Los kenianos votaban este jueves en una tensa elección presidencial que sin sorpresa dará un nuevo mandato al presidente saliente, Uhuru Kenyatta.

En varios bastiones de la oposición múltiples estallaron altercados entre la policía y manifestantes que intentaban bloquear los accesos a los colegios electorales, constató la AFP.

En Kibera, en las afueras de Nairobi, la policía lanzó gases lacrimógenos y disparó al aire para dispersar a los manifestantes. Se produjeron situaciones similares en Kisumu, Migori (oeste), así como en el suburbio de Mathare, en Nairobi, feudos del líder de la oposición Raila Odinga.

Unos 19,6 millones de electores inscritos están convocados a las urnas este jueves, después de que el Tribunal Supremo invalidara los resultados de los comicios del 8 de agosto por irregularidades, que la oposición había impugnado.

De cara a estos nuevos comicios, la Comisión Electoral emprendió algunas reformas, pero la oposición estima que la instancia sigue siendo parcial y mayoritariamente a la orden del partido en el poder.

Odinga, de 72 años, llamó a sus partidarios a boicotear la elección, estimando que no se reunían las condiciones de una elección transparente y justa.

En algunas circunscripciones en el estado de Kisumu, así como en la ciudad de Migori (oeste), los colegios electorales no abrieron.

"No entiendo que no se haya organizado nada, aunque sólo 10 personas quieran votar, los colegios electorales deberían estar abiertos", protestó Joshau Nyamori, de 42 años, partidario de Odinga, que no pudo votar en Kisumu, región mayoritariamente de etnia luo, a la que pertenece el rival de Kenyatta.

"Estoy preocupado porque la gente está obligada a quedarse en sus casas, la gente tiene miedo de ser atacada", lamentó.

Al menos 40 personas han muerto desde el 8 de agosto, la mayoría por la represión policial, según organizaciones de defensa de los derechos humanos. Desde entonces, el ambiente político es pésimo.

El 8 de agosto Kenyatta se impuso con el 54,27% de los votos, contra el 44,74% para Odinga. Pero los comicios fueron invalidados y la Constitución prevé la celebración de nuevas elecciones, algo inédito en el continente africano.

El Tribunal Supremo justificó su decisión por irregularidades en la transmisión de resultados, sin culpar a ninguno de los candidatos, por lo que la responsabilidad recayó sobre la Comisión Electoral.

La decisión del supremo enardeció a Odinga, que había sido candidato a la presidencia en 1997, 2007 y 2013. El opositor presionó para que la Comisión Electoral efectuara reformas, que consideró luego como tímidas.

Antes de los comicios de este jueves, el mismo presidente de la Comisión, Wafula Chebukati, admitió que la instancia no podía garantizar unos comicios creíbles.

Odinga utilizó este pretexto para anunciar el 10 de octubre que se retiraba de la elección, lo que no formalizó. Su nombre sigue figurando en las boletas electorales, junto al de Kenyatta y seis otros candidatos.

El principal rival de Kenyatta denunció el miércoles una "dictadura" y pidió la creación de un "movimiento nacional de resistencia" contra "la autoridad ilegítima del gobierno".

Salvo sorpresas, Uhuru Kenyatta, líder de la etnia kikuyu, mayoritaria en el país, e hijo del padre de la independencia del país, Jomo Kenyatta, debería ser reelegido, aunque el proceso puede no ser inmediato por la multitud de recursos que podría interponer la oposición.

Esta es la peor crisis política de los últimos diez años. Las profundas divisiones sociales y étnicas de Kenia, de 48 millones de habitantes, resurgieron.

Está latente el temor a que se reproduzcan los incidentes desatados después de la presidencial de 2007, que sumió al país en la peor violencia política y étnica desde su independencia en 1963, con un saldo de al menos 1.100 personas muertas.