Los yihadistas se han ido de Raqa pero pueden seguir matando

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Raqqa (Siria) (AFP)

Decenas de civiles esperan nerviosos en un retén de la ciudad siria de Raqa con la esperanza de volver a casa. De repente, se escucha una explosión: un habitante entró a hurtadillas en su barrio y activó una mina.

Una ambulancia llega a toda velocidad, con la sirena en marcha. Los combatientes de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), que arrebataron recientemente la ciudad al grupo Estado Islámico (EI), se precipitan también hacia el lugar de la tragedia.

"Mi hermano y yo hemos ido a ver cómo está nuestro taller de cerámica, una mina ha explotado y ha muerto", suelta un hombre con el rostro lívido, todavía conmocionado, en el barrio de Al Dariya, en el oeste de Raqa.

Su hermano yace en el suelo, blanco de polvo. Todavía está subido a su moto, con un enorme saco de yute atado, rodeado de escombros.

Hace diez días que la alianza kurdoárabe apoyada por Washington anunció haber retomado el control total de Raqa.

Pero la ciudad continúa acordonada por las operaciones de desminado, mientras que los habitantes que huyeron masivamente de los combates siguen teniendo prohibido regresar a sus hogares.

La razón: el océano de minas y de explosivos colocados por los yihadistas por toda su antigua "capital" de facto, en el norte sirio, para frenar la ofensiva de las FDS.

- "A hurtadillas" -

En medio de un paisaje de desolación, de edificios derruidos y de estructuras de hormigón destrozadas, un equipo médico de de las FDS evacua el cuerpo de la víctima.

En los últimos días, las minas han dejado al menos 14 muertos, incluyendo nueve civiles, que intentaban volver a sus casas tras el fin de los combates.

Pese al peligro, los habitantes se van concentrando a las puertas de la ciudad, cerca del barrio de Sabahiya, en la periferia oeste de Raqa.

Algunos no consiguen esconder su frustración, pero las FDS se muestran inflexibles.

"Un hombre vino de Kobane para ver su casa, una mina explotó y acabamos de organizar su entierro", dice, enfadado, un joven combatiente, rodeado de civiles que le ruegan que los deje pasar.

"Les decimos que no vayan, que hay minas, pero ustedes pasan a hurtadillas", lanza, con un walkie-talkie en la mano, gesticulando bruscamente.

Llorando, Um Abdel Rahman cuenta que no ha logrado llegar a su barrio, Al Rumaniya, en el oeste de Raqa.

"Mi casa está allí, con todos mis recuerdos, las fotos de mi casamiento", explica impaciente Um Abdel Rahman, una habitante de unos 20 años del barrio de Al Rumaniya, en el oeste de Raqa, que no ha sabido nada de su marido desde hace 18 días.

"Solo quiero ver mi casa, volver a ver a mi marido y luego, morirme", señala.

- "Desaparecidos" -

"Queremos volver a nuestras casas antes de la lluvia, el invierno llega y ni siquiera tenemos edredones", se queja Yaser Alush, de 28 años, que se protege la cabeza con un fular blanco.

Y mientras los civiles no pueden entrar, los vehículos militares van y vienen sin cesar, transportando combatientes que hacen el gesto de la victoria.

Dos de los hermanos de Amina llevan desaparecidos cuatro días. "Habían ido a ver nuestra casa, en Al Dariya, y nunca volvieron", lamenta la joven, cubierta por un pañuelo negro, y explica que su hermano pequeño ya perdió un pie por culpa de una mina.

"Aunque vaya a morir, quiero volver para buscar a mis hermanos. Tengo miedo de que les haya explotado una mina", zanja.