Las elecciones kenianas enfrentan a los vecinos

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Nairobi (AFP)

"Esto era la habitación", explica Steven Chege señalando un amasijo de hierro y de madera que ardió en el incendio que arrasó su chabola en Nairobi, a raíz de enfrentamientos entre comunidades rivales.

"Y esa era la otra pieza", añade enseñando un equipo de sonido derretido por el calor y una televisión rota entre rescoldos.

"La intención era quemarnos vivos en nuestra casas", asegura este hombre de 32 años. Por detrás de su casa en ruinas, sobresalen los restos calcinados de un gran cartel publicitario, en el barrio pobre de Kawangware.

Una decena de comercios y casas ardieron en esta zona de chabolas, cuando miembros de comunidades rivales empezaron a atacarse los unos a los otros el viernes por la noche, en unas calles que suelen ser muy concurridas.

La violencia que acompaña el proceso electoral keniano ha enfrentado sobre todo a los partidarios de la oposición, armados con piedras, a los policías, que recurren a gases lacrimógenos, cañones de agua y, en algunos casos, a balas reales.

Al menos 49 personas murieron desde los comicios presidenciales del 8 de agosto, anulado por la justicia. La mayoría de las víctimas eran partidarios de la oposición, que vivían en los barrios pobres de Kawangware, Kibera y Mathare, en Nairobi, o en ciudades del oeste, bastiones del principal opositor Raila Odinga.

Pero el viernes en Kawangware, un día después de las nuevas elecciones boicoteadas por la oposición, las peleas habituales entre manifestantes y policías tomaron otro cariz.

Decenas de hombres, al parecer miembros de la etnia kikuyu, la del presidente Uhuru Kenyatta, se enfrentaron a miembros de los pueblos luo, luhya y kisii, seguidores de la coalición de oposición Nasa.

En los dos bandos, los manifestantes llevaban machetes, cuchillos, palos y piedras. La policía reconoce haber matado a un hombre mientras intentaba dispersar a ambos grupos. Pero los habitantes del barrio aseguran que hubo otras víctimas mortales en los choques.

- Tribalismo -

Los dos bandos se acusan mutuamente de causar esta ola de violencia, y todos reconocen el factor étnico del enfrentamiento.

"Hemos sido atacados porque esta es una zona kikuyu", asegura Geoffrey Mbithi, un hostelero de 42 años, cuya modesta pensión de tres habitaciones se convirtió en un montón de chapa humeante. "Es tribalismo".

Esas escenas, aunque se dieron en muy pocos sitios y apenas duraron unas horas, recuerdan los enfrentamientos político-étnicos de 2007 y 2008, que dejaron al menos 1.100 muertos y 600.000 desplazados.

Rose Kiema, una costurera de 50 años que vive y trabaja en Kawangware desde los años 1980, y sus vecinos acusan a jóvenes partidarios del Nasa de haber causado el incendio en el barrio, y a un político local de haberlo instigado.

A unos centenares de metros allí, unos jóvenes charlan en la calle. Nadie siente simpatía por los comerciantes del barrio, ni tampoco desmiente haber desempeñado un papel en el incendio.

"Este lugar es un bastión del Nasa", dice un veiteañero que no quiere dar su nombre. "Lo que ocurre aquí es que el Gobierno intenta obligar a mala gente de otra comunidad, esos mungiki, a venir a intimidarnos", dice.

Los mungiki son un temido grupo criminal kikuyu que participó en los actos de 2007 y 2008, en los que se hizo famoso por sus extorsiones y por su violenta defensa de los intereses comerciales de su etnia.

La palabra mungiki se aplica ahora a los grupos de kikuyu armados, como los que aparecieron el viernes por Kawangware.

"Si vienen los mungiki, aunque sean miles y miles, nos defenderemos, lucharemos contra ellos", promete el joven, miembro de la etnia luhya.

"Si no envían a policías o a mungikis en este feudo, entonces estamos en paz, como usted puede comprobar", añade.