En Egipto, los artistas bajo la férula del Estado

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El Cairo (AFP)

Las autoridades egipcias vigilan con lupa cualquier espacio cultural, desde las salas de cine hasta los espectáculos callejeros, imponiendo a veces duras restricciones a los artistas.

Antaño faro cultural del mundo árabe, Egipto, controlado con mano de hierro por el presidente Abdel Fatah al Sisi, somete a los artistas a una creciente censura.

La película "Los últimos días de la ciudad", proyectada en 60 países y 81 festivales y ganadora de más de 10 premios internacionales, no obtuvo visado de explotación en Egipto.

"Esto me mata", reconoce el director de la cinta, Tamer el Said.

El rodaje del filme, dedicado en gran parte a la capital egipcia, terminó seis semanas antes de la revolución del 25 de enero de 2011, que provocó la caída del dictador Hosni Mubarak y sumió al país árabe en la inestabilidad política.

"La película intenta capturar ese sentimiento que teníamos antes de la revolución de que algo enorme iba a ocurrir", cuenta Said.

El director solicitó una licencia en octubre de 2016, pero la autoridad egipcia de censura le pidió una enorme cantidad de documentos y, finalmente, dejó de contestar a sus llamadas.

El presidente de la autoridad de censura, Jaled Abdel-Geleel, no quiso contestar a las preguntas de la AFP.

- 'Muy mala idea' -

La película no obtuvo una autorización porque "hay un fuerte parecido entre lo que ocurría en la época [de Mubarak] y lo que la situación parece ser hoy en día", opina Hasam Fazulla, de la Asociación egipcia para la libertad de pensar y de expresión (AFTE).

Tras una fase de libertad a raíz de la revolución de 2011, el mundo de la cultura sufrió, al igual que los opositores políticos o los defensores de los derechos humanos, la intransigencia del régimen que tomó el poder en 2013 tras derrocar al presidente islamista Mohamed Mursi.

"Este periodo ha tenido más restricciones que el anterior", recuerda Fazulla. "El gobierno trata de moldear un modelo de ciudadano obediente, domado, que convenga a este régimen".

Estas restricciones acabaron con algunas formas de arte que habían emergido a raíz del levantamiento popular de 2011, asegura Fazulla.

Las artes callejeras y los conciertos también sufrieron las consecuencias de la ley de 2013 que prohíbe las manifestaciones no autorizadas con antelación.

- Adoradores del diablo -

La censura también se aplicó a la música. En julio, el popular grupo de pop-rock Cairokee, famoso por sus himnos a favor de la libertad, reveló que se habían prohibido varias canciones de su último álbum "Una gota de blanco".

La banda bromeó en Facebook con el hecho de que esa decisión no se aplicara a internet, donde las canciones prohibidas circulan libremente.

El Sindicato de Músicos, reconocido por el Estado, también impone restricciones a los artistas, según la AFTE.

Entre sus últimos objetivos figura la música metal. En febrero de 2016, el conservador Hany Shaker, cantante popular y presidente de ese sindicato, dijo al canal de televisión Al Asema que había denunciado a la policía "una velada de adoradores del diablo que vestían ropa extraña", en referencia a un concierto de metal.

"Nuestro papel se limita a informar a la seguridad. Y la seguridad egipcia está muy atenta", declaró a la AFP el portavoz del Sindicatos de Músicos, Tarek Mortada.