La memoria del exilio tras la Revolución de 1917 sigue viva en Francia

Anuncios

París (AFP)

Catherine Melnik saca cuidadosamente las amarillentas fotos de un bisabuelo, médico del último zar de Rusia, fusilado tras el triunfo de la revolución de 1917, que nunca conoció. Su familia se tuvo que exiliar, como millones de rusos "blancos", para salvar su vida.

"Mi bisabuelo Evgene Botkin fue médico de los pobres y, luego, médico de la familia imperial", explica, alineando las instantáneas en blanco y negro sobre una mesa.

En una de ellas destaca el conocido rostro del zar Nicolás II. A su derecha, con hombreras militares y la perilla bien recortada, el doctor Botkin le dirige una sonrisa de complicidad.

Una fotografía de los bastidores del poder imperial ruso, al que la revolución puso fin.

Tras la llegada al poder de los bolcheviques, en octubre de 1917, todos los que eran percibidos como enemigos de clase fueron condenados o ejecutados.

Evgene Botxin fue fusilado el verano siguiente, junto con el zar y sus allegados en Ekaterimburgo, tras un último traslado. Su hija Tatiana no corrió la misma suerte por poco.

- Viaje sin retorno -

"Le prohibieron a mi abuela Tatiana que siguiera a su padre, pues era demasiado joven para morir. Ella sabía, y Eugene Botkin sabía, que era un viaje sin retorno", explica su nieta.

Aún así, su vida quedó "destrozada", explica esta apasionada de la pintura, afincada en París.

"Cuando su padre volvía de las largas jornadas en palacio, su deleite era sentarse junto a la cama de su hija y contarle todo lo que había pasado", confía.

Tras la muerte de Eugene Botkin, su familia se exilió y llegó a Francia en 1926. Se instaló cerca de Grenoble (sureste), donde consiguieron trabajo en una fábrica de papelería.

A raíz de la revolución, unos dos millones de rusos abandonaron el país. Algunos cientos de miles fueron a Francia, un destino muy popular por los fuertes lazos culturales entre ambos países y las posibilidades de trabajo después de la Primera Guerra Mundial.

"Las empresas francesas necesitaban mano de obra y los rusos no rechistaban a la hora de trabajar. Los oficiales rusos no estaba dispuestos a sindicalizarse así que Renault, Peugeot y muchas otras empresas estaban muy contentas de tener obreros que no harían huelga", explica Alexandre Jevakhoff, alto funcionario e historiador.

- "Sentados sobre maletas" -

"Una frase es recurrente en la inmigración rusa: 'estábamos sentados sobre maletas', pues durante años, la mayoría consideraba que volvería a Rusia, que el régimen soviético caería", continúa el especialista, autor de varias obras sobre este tema.

La comunidad se estructuraba en torno a asociaciones rusas y a la iglesia ortodoxa.

"Por un lado, estaban las asociaciones deportivas y, por otro, los scouts, los jugadores de ajedrez, los bailes, las danzas, los espectáculos... Una vida social, cultural, muy importante", recuerda Igor Orobchenko, un hombre de 90 años que plasmó sus recuerdos de infancia en varios álbumes.

Tras llegar a Francia en los años 1920, para "recoger obuses" en los campos de batalla de Champaña-Ardenas, su padre se fue a vivir a continuación a la región parisina, donde conoció a su futura esposa, también inmigrante rusa, antes de hacerse taxista y, luego, obrero.

- Transmitir la memoria -

"Mis padres eran muy muy pobres cuando llegaron a Francia. Todos los días había que pensar cómo sobrevivir y comer. En aquella época no había ni seguridad social, ni alimentación, ni primas", explica el exempleado de banca.

En su apartamento de Clichy, al noroeste de París, varios objetos atestiguan sus raíces: vasos con la efigie del zar, colocados junto a un cirio eléctrico rojo que vela los iconos ortodoxos instalados en un rincón del salón.

"Tengo una doble cultura, por un lado, por supuesto, la cultura francesa, pero también un buen pedazo de cultura rusa, pues hablo ruso, escribo ruso y leo ruso", subraya Igor Orobchenko.

"Pero, ¿quién continuará transmitiendo esta memoria?", se pregunta, preocupado, el anciano. "Soy el único que queda de la primera generación de la comunidad rusa de Clichy".