El trauma de los asesinos de Brabante vuelve al primer plano en Bélgica

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Bruselas (AFP)

Más de 30 años después de las matanzas perpetradas por los asesinos de Brabante, Bélgica revive el trauma de este caso nunca resuelto, símbolo para los belgas de unas autoridades incapaces de protegerlos contra la violencia gratuita.

Un total de 28 personas murieron entre 1982 y 1985 en una serie de atracos a comercios en el centro del país perpetrados por hombres enmascarados, cuya crudeza aumentó a partir del otoño de ese último año con ataques indiscriminados a familias que acudían a hacer la compra a supermercados.

Los ataques provocaron "un impacto que visiblemente todavía marca a la población", según Jean-Michel De Waele, politólogo de la Universidad Libre de Bruselas (ULB). "Entonces, la gente no se atrevía ni a hacer sus compras en los grandes almacenes", recuerda.

Las heridas causadas por estos crímenes, todavía sin resolver, se reabrieron recientemente con el testimonio en televisión del hermano de un exgendarme, un nuevo elemento que la justicia tomó "muy en serio".

Antes de morir en 2015, este exgendarme llamado Christiaan Bonkoffsky confesó a su hermano ser "el Gigante", uno de los atracadores anónimos más buscados junto al "Viejo" y el "Asesino". Su nombre ya apareció en la investigación a finales de los 1990.

- Sed de verdad -

El impacto mediático de este testimonio, unido a la reacción judicial y política, simboliza la sed de verdad de los belgas ante este "trauma", en palabras del historiador belga Patrick Weber.

"Se siente realmente un gran alivio de la población, muchas ganas de ir hasta el final", asegura.

Los investigadores se centran especialmente en la segunda ola de ataques, que causó 16 muertos, ya que parece confirmar la hipótesis de que estas acciones, perpetradas por gendarmes o exgendarmes próximos a la extrema derecha, buscaban desestabilizar al Estado.

"Matar de esta manera, sin motivos, a niños que no suponen ningún obstáculo, además por botines irrisorios (...) no es del bandolerismo clásico", aseguró el jueves Christian de Valkeneer, fiscal general de Lieja (este), quien codirige la investigación.

El resurgimiento de esta investigación, empantanada a lo largo de tres décadas por pistas falsas, vino acompañado desde mediados de octubre de "varios cientos de informaciones" mediante un teléfono especial difundido por televisión, según De Valkeneer.

Tres jóvenes informaron así haber encontrado recientemente armas y municiones con las palabras "gendarmería" en un canal, que los investigadores ya exploraron en 1985 y 1986. Se sospecha que los asesinos abandonaron allí buena parte de su material.

- "Debilidad del Estado" -

Si este caso continúa en la memoria de los belgas más de tres décadas después es porque mostró "una extraordinaria debilidad del Estado belga", estima Jean-Michel Waele, en referencia a la posible implicación de la exgendarmería y a los fallos en la investigación.

"Y esto todavía llega a nuestros días", agrega. "El ciudadano no tiene la impresión de que este Estado se ocupa de él y le ayuda a resolver sus problemas", indica el politólogo, que recuerda las importantes competencias que tienen las regiones en Bélgica.

El politólogo establece además un paralelismo con el caso Marc Dutroux, un trágico escándalo de pedofilia que reveló en los años 90 las insospechadas rivalidades entre los servicios de investigación.

Para Patrick Weber, el problema con los asesinatos de Brabante "es que no hemos logrado explicar las cosas, tenemos la impresión de que algunas pistas fueron desechadas más o menos voluntariamente".

Pero "se ha aprendido la lección", según él. "La gendarmería, que era un Estado dentro del Estado, con sus privilegios [...] ya no existe". Desapareció en 2001, fusionada con la policía.