Asad gana la guerra en Siria pero ahora debe vencer la batalla política

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Beirut (AFP)

En seis años de guerra, el régimen de Bashar al Asad pudo reconquistar más de la mitad de Siria, pero sigue estando aislado en la escena internacional al depender de sus padrinos y aliados, Rusia e Irán.

"El régimen recuperó militarmente grandes sectores del territorio sirio, pero sería exagerado hablar de victoria política y diplomática", afirma a la AFP Karim Bitar, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris).

Desde el inicio de la campaña militar rusa en 2015 -para venir en ayuda de un régimen sirio en serias dificultades ante los rebeldes y los yihadistas-, las tropas del presidente Asad se han recuperado.

Ya controlan un 52% del territorio, donde viven más de las dos terceras partes de la población, según el geógrafo francés especialista en Siria Fabrice Balanche.

El resto del país está dividido entre facciones rebeldes debilitadas, el grupo Estado Islámico (EI) y, sobre todo, las fuerzas kurdas en el norte y noreste (25% del territorio).

Para los analistas, está claro que el régimen de Damasco está ganando la batalla.

- Asad, tema central -

"El régimen ha ganado indiscutiblemente la guerra desde el punto de vista estratégico", ya que "nadie" exige ahora "su salida" como condición previa, afirma a la AFP Hasan Hasan, analista del Tahrir Institute for Middle East Policy, basado en Estados Unidos.

Pero "la insurrección puede proseguir durante varios años" con "yihadistas o no yihadistas", avisa.

Todos los esfuerzos han sido hasta ahora vanos para acabar con este conflicto, que se inició en 2011 con manifestaciones pacíficas contra el régimen de Asad y ha dejado desde entonces más de 330.000 muertos.

Han fracasado varias sesiones de negociaciones intersirias supervisadas por la ONU. Una nueva ronda de negociaciones está prevista el 28 de noviembre en Ginebra

Estas negociaciones quedan además eclipsadas por las que se llevan a cabo en Astana, organizadas por los aliados del régimen -Rusia e Irán-, junto a Turquía, que apoya en cambio a la rebelión.

Pese a algunos avances, estas conversaciones se han topado siempre con un principal punto de desacuerdo: el futuro de Asad.

La oposición ha pedido que se fuera, lo que rechazan categóricamente el régimen y sus aliados.

El presidente sirio sigue asilado, ya que ninguna gran capital occidental ha restablecido relaciones diplomáticas.

Recientemente el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, afirmó que el "reino de la familia Asad" llegaba "a su fin", tras un informe de la ONU que lo acusa de un ataque con gas sarín que dejó 87 muertos.

Sin embargo, los ministerios de Relaciones Exteriores ya no piden tan claramente la salida de Asad, como fue el caso en los primeros años de la guerra.

"El ambiente en Europa ha cambiado considerablemente", opina Karim Bitar.

"Muchos actores importantes -servicios de inteligencia, agentes de contraterrorismo, partidos de extrema derecha, grupos económicos- ya han mostrado cierta apertura hacia el régimen y ejercen presiones para normalizar relaciones" con Damasco, añade.

Por su lado, Joshua Landis, especialista en Siria y profesor en la Universidad de Oklahoma, espera que "con el tiempo los vecinos de Siria vayan a normalizar sus relaciones (...)", aludiendo a países como Jordania y Turquía.

"Necesitan que los refugiados (sirios) vuelvan al país y que se reactiven las relaciones comerciales", agrega.

- El caso de los kurdos -

Esta nueva situación del régimen tiene el inconveniente de su "extrema dependencia" de sus padrinos, Rusia e Irán.

Estos "aliados iraní y ruso no dejarán que Damasco tome grandes decisiones sin ellos", augura Bitar.

A nivel interno, se va a plantear -además de la ardua reconstrucción del país- la cuestión de los kurdos.

Esta minoría, que fue reprimida por el régimen de Damasco, ha logrado durante el conflicto establecer una semiautonomía, a la que no está dispuesta a renunciar ahora.

Las fuerzas kurdas están también en primera línea de la lucha contra los yihadistas.

Pero difícilmemnte Damasco estaría dispuesta a aceptar una autonomía kurda. "La descentralización (...) sería imposible de aplicar (...) ya que requeriría largas negociaciones sobre temas técnicos y económicos como los recursos petroleros", según Karim Bitar.