Los neoyorquinos regresan a su querido bulevar, dos días despúes del atentado

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Nueva York (AFP)

La ciclovía en el sur de Manhattan donde un ataque con camioneta mató a ocho personas, cinco de ellos argentinos, fue reabierta este jueves recibiendo a neoyorquinos y turistas que rechazaban el miedo y se deleitaban de la diversidad de la ciudad.

Algunas flores permanecen a lo largo de este corredor en honor a las 20 víctimas: ocho muertos y 12 heridos que dejó a su paso un inmigrante uzbeko presuntamente inspirado en el grupo yihadista Estado Islámico.

"Somos más fuertes. Somos Nueva York", está escrito en el piso con tiza de colores. Una bufanda y una camiseta con los colores de la selección de fútbol argentina cuelgan en homenaje a los cinco amigos que murieron mientras celebraban 30 años de su graduación de la secundaria.

Más allá de eso, no había trazos de muerte a lo largo de esta ciclovía que hace la delicia de los neoyorquinos desde hace casi dos décadas, un tranquilo lugar al borde del río Hudson para caminar o montar bicicleta.

En el cruce donde Sayfullo Saipov embistió contra un autobús escolar, y a lo largo de un poste, se erige una bicicleta blanca, una "ghost bike" o bicicleta fantasma instalada en homenaje a una ciclista atropellada, recubierta de flores.

Mary llegó a depositar flores por Nicholas Cleves, de tan solo 23 años, uno de los dos hombres estadounidenses muertos en el peor atentado en Nueva York desde que Al Qaida destruyó las Torres Gemelas en 2001. Su hijo lo conocía, es de la misma edad.

Cleves era un "hermoso joven que comenzaba su vida", dice con voz dulce en este paseo del Bajo Manhattan donde viene todos los días a alejarse por un momento del ruido y el furor de la metrópolis de 8,5 millones de habitantes.

- "Nadie me detendrá" -

En el otro extremo del bulevar, otro pequeño altar improvisado fue recubierto con una camiseta del equipo argentino de fútbol y los cinco nombres grabados encima.

Durante años, y tras varios accidentes, las personas han denunciado que la ciclovía no está debidamente protegida de la calle. Eso le permitió a Saipov entrar sin problemas, atropellando peatones y ciclistas a alta velocidad.

Dos días después, el acceso a la pista no ha sido obstaculizado aún, aunque la policía patrulla la zona.

"Es realmente peligroso y hay todavía muchos sitios que no han bloqueado. Estoy asqueada", se indigna Deborah Salant.

Pero nada le impidió la mañana de este jueves subirse a su bici y pedalear como una desesperada hacia el punto sur de Manhattan, determinada a vencer los demonios.

"No los voy a dejar que tomen el control", dice Salant. "Estaba en Toulouse durante los ataques y estoy aquí ahora", dice sobre los ataques en 2012 que dejaron siete muertos. "Nadie me detendrá", añade.

También sin miedo, Veronica Cohen tomó su bicicleta esta mañana para ir al trabajo.

"Nunca piensas en eso", dice. "Uno piensa: la calle es peligrosa, entonces voy a usar la ciclovía. No lo pensé dos veces".

Un poco más lejos una pareja de sexagenarios alemanes, que viajaron de Dusseldorf para embarcarse en un crucero, nunca pensaron en cancelar su viaje a Nueva York.

"Es una ciudad grande", reflexiona Klaus Wiercimok, que se detuvo junto a su esposa en el lugar del atentado. "La probabilidad de que una cosa así suceda es casi nula. Puede pasar en cualquier parte".

"Te golpean en la cara. ¿Qué vas a hacer?", dice Ted Wright, de 43 años, montado en una de las bicicletas compartidas de la ciudad.

Nueva York es famosa por su espíritu de resiliencia tras los ataques de 2001. Emblemática ciudad de inmigrantes, celebra sus más de tres millones de habitantes que nacieron en el extranjero y que la mitad habla otro idioma distinto al inglés.

"Hay un hombre negro, un chino cruzando la calle, ese es un viejo inmigrante europeo", dice Wright, señalando a su alrededor. "Eso es lo que somos".