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Rusia, victoriosa en el plano militar en Siria, pena para instaurar la paz

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Moscú (AFP)

Tras más de dos años de intervención militar en Siria, Rusia puede jactarse de haber salvado al régimen de su aliado, el presidente Bashar al Asad, pero el necesario proceso político de salida del conflicto apenas logra avanzar.

Con la reconquista total, anunciada el viernes, por parte del Ejército sirio de la ciudad de Deir Ezzor, el último gran centro urbano con presencia del grupo yihadista Estado Islámico (EI), el régimen de Damasco se perfila como el vencedor de la guerra desde el punto de vista estratégico.

Sin embargo, cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, decidió enviar sus aviones a Siria el 30 de septiembre de 2015, su aliado parecía acorralado y su Ejército, agotado y desmoralizado, encadenaba derrotas frente a los rebeldes y los yihadistas.

El Kremlin no escatimó medios, enviando cazas bombarderos de largo alcance y misiles de crucero para atacar a los "terroristas", mientras que sus asesores militares dirigían las operaciones junto a los generales sirios.

Apoyados por los bombardeos masivos rusos, las fuerzas de Bashar Al Asad retomaron el control de más de la mitad del territorio sirio, arrebatándole al EI la ciudad antigua de Palmira y expulsando a los rebeldes de su bastión de Alepo, en el norte.

- Proceso político -

La dificultad para Rusia radica ahora en traducir sus éxitos militares en una solución política e, incluso, en estabilizar Siria y terminar con una guerra que ha dejado más de 330.000 muertos y provocado el desplazamiento de millones de personas en seis años.

"La estrategia es simple: salir de Siria mediante el proceso de negociaciones. Está claro que las operaciones militares no desembocarán en una solución política, sin la que no se puede hacer nada", explica Alexandre Shumilin, del centro de análisis de conflictos en Oriente Medio de Moscú.

Los intentos de negociaciones auspiciados por Moscú empezaron en enero de 2017 con una conferencia en Astaná, que reunió por primera vez en la capital de Kazajistán a emisarios del régimen y representantes de los rebeldes.

Apadrinado por Rusia e Irán, aliados de Damasco, y por Turquía, que apoya a los rebeldes, el proceso dio lugar a la instauración de "zonas de distensión" que han permitido que se reduzca la violencia, si bien los combates no han cesado.

El Kremlin trata de erigirse en pacificador, enviando convoyes humanitarios para los civiles sirios o artificieros para retirar las minas de las ciudades retomadas por el ejército. La policía militar rusa también ha sido desplegada para asegurar la aplicación del alto el fuego.

En paralelo, Moscú ha intentado desacreditar la actuación de Estados Unidos en Siria, acusándole de cometer "crímenes de guerra", de "simular" combatir al EI e, incluso, de efectuar "bombardeos bárbaros" en Raqa, una ciudad que estaba en manos de los yihadistas.

- 'Callejón sin salida' -

Pero tanto el proceso de Astaná, centrado en cuestiones militares, como el político, que se lleva a cabo en Ginebra, tropiezan en la cuestión relativa al destino de Bashar Al Asad.

Si bien Putin puede estar satisfecho de haber conseguido alejar la idea de una salida del presidente sirio, como pedían los occidentales, la suerte de Al Asad sigue siendo el principal punto de discordia con la oposición, reacia a asumir compromisos.

"Rusia está en un callejón sin salida pues no puede obtener ningún consenso sobre Siria", ni financiar por sí sola la reconstrucción de ese país, afirmó el experto ruso Alexei Malashenko.

Consciente del bloqueo, Rusia prevé organizar un "congreso del diálogo nacional sirio", el 18 de noviembre en Sochi, en el suroeste del país, aunque la oposición en el exilio ya rechazó asistir, tachando la iniciativa de "broma".

"Sochi no funcionará pues Asad, apoyado por Irán, no está dispuesto a comprometerse y cree que no tiene que sacrificar nada. Quiere una victoria militar, mientras que Rusia desea negociaciones", subrayó Shumilin.

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