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El cambio climático y la fiebre del Ártico

Brocken Inaglory / Wikimedia

Por primera vez en la historia el océano Atlántico y el Pacífico podrían quedar conectados por el Polo Norte. A causa del calentamiento global, la Banquisa Ártica está desapareciendo. Se despiertan nuevos intereses en la región.

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La cuenca polar entra en la arena de las relaciones internacionales como objeto de codicia para grandes potencias como EE.UU, Rusia, Canadá, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Islandia y China cuyos intereses difieren.

El cambio climático en la región intensificó los conflictos geopolíticos existentes, provocó nuevos conflictos o permitió la emergencia de nuevos conflictos. Sin embargo, el Ártico sigue siendo un espacio de cooperación entre todas estas potencias.

Divergencias sobre el estatuto jurídico de las nuevas rutas

Según los científicos de la Nasa, la banquisa ártica podría desaparecer en verano por completo de aquí a 2030 o 2050 permitiendo que nuevas rutas comerciales se abran: la del Noroeste y la del Noreste. La primera bordea la costa septentrional norteamericana, conectando el océano Atlántico y el Pacífico. La segunda ruta, la del Noreste o del mar del Norte, también une los océanos Atlántico y Pacífico, pero lo hace a través de las costas del norte de Rusia.

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El deshielo de la banquisa reduce considerablemente las distancias entre Asia y Europa. Así por ejemplo la ruta noreste del norte de Rusia permite reducir la distancia entre Róterdam y Tokio de más de 9.000 km. Representa un ahorro de tiempo y dinero para el envío de bienes comerciales.

En este contexto, el litigio entre EE.UU. y Canadá para definir si estos pasajes son estrechos internacionales o aguas internas de Canadá o Rusia, se hace más agudo. Estados Unidos invocan la libertad internacional de navegar y defienden un estatuto internacional para la ruta noroeste, mientras Canadá alega que estas nuevas rutas son aguas internas y hacen parte de su territorio nacional, por lo que le corresponde establecer las condiciones y tarifas de tránsito. Rusia defiende la misma posición para la ruta noreste que bordea sus costas.

El reto para estas potencias es adquirir el control sobre estos pasajes estratégicos para el desarrollo del comercio mundial. En cambio, Estados Unidos o Europa quieren garantizar un pasaje libre por estas nuevas rutas.  

Rusia tiene grandes esperanzas de ver aumentar el tráfico: de 1 millón de toneladas por año en 2011 a 20 millones en 2018. Prioriza la modernización de todos los puertos que se encuentran en la ruta. También invirtió en una flota rompehielos. Es el único país del mundo que posee un rompehielos de propulsión nuclear.

China también demuestra interés. El gigante asiático posee 95% de las reservas mundiales de tierras raras y quiere trazar una ruta de la seda helada, en particular, para la exportación de estos minerales indispensables para la fabricación de aparatos digitales.

Sin embargo, las dificultades para utilizar estas rutas siguen siendo un obstáculo y las ganancias en término de distancia pueden ser anuladas por la lentitud que los barcos sufren en este tipo de aguas.

Disputas para la apropiación de nuevos espacios marítimos árticos

El deshielo facilitó el desarrollo de misiones exploratorias oceanográficas de Estados como Rusia, Canadá o Dinamarca para cartografiar la delimitación de su plato continental que abre derecho, según la Convención de Naciones Unidas para el derecho del mar (1982), a reivindicar la explotación de los recursos pesqueros y submarinos más allá de las 200 millas.  

En efecto, la convención de las Naciones Unidas atribuye a cada país, una zona económica de 200 millas (360 km). En esta zona, los barcos pueden navegar libremente pero el Estado tiene la soberanía para todo tipo de actividad económica en el mar (pesca o extracción minera submarina). Para que un Estado pueda reivindicar soberanía más allá de las 200 millas tiene que demostrar que el espacio submarino es el prolongamiento de su plataforma continental en el mar.

En 2001, Rusia depositó una primera reivindicación sobre la dorsal de Lomonosov. Pero Dinamarca estima que esta dorsal es parte de Groenlandia y Canadá dice que es la prolongación del archipiélago ártico canadiense.

France 24

Así, en 2007, un submarino ruso plantó una bandera rusa en el fondo del océano ártico para apoyar la reivindicación sobre este espacio submarino. Este acto, de fundamento jurídico disputable, ilustra bien la politización de esta cuestión

Las nuevas perspectivas para la explotación de recursos naturales de la región despiertan tensiones fronterizas

La cartografía y la explotación de los recursos naturales del Ártico fue siempre difícil por las condiciones climáticas. El deshielo, de la mano con el perfeccionamiento tecnológico, permiten ahora una explotación de los recursos naturales de la región. El Polo Norte fue el objeto de fantasías que lo soñaban como un nuevo ‘El Dorado’ donde abundaban los minerales, el petróleo y el gas. En 2008, un estudio de US Geological Survey estimaba que 10% de las reservas de petróleo y 29% de las de gas se encuentran en el Ártico.

Las principales compañías petroleras presentes en la región financian costosos programas de vigilancia de los movimientos de la banquisa por satélite y de explotación submarina. Pero la explotación del petróleo y del gas en esta región solo es posible algunos meses al año, necesita una alta tecnología y requiere grandes recursos. El precio de estas energías en el mercado mundial no hace que sea todavía tan rentable la explotación y frena la “fiebre del oro” en la región.

El Ártico y la explotación de los recursos de la zona ártica tiene una importancia especial para Rusia a diferencia de los otros países. Es central para el desarrollo económico de Siberia y la independencia económica del país. El Ártico representan 20% del PIB ruso. Siberia es rica en petróleo, gas y minerales, en particular en nickel.

Rusia es un actor importante en el mercado del petróleo. Pero todavía más que el petróleo, el gas representa el futuro energético del país. Rusia posee más de 25% de las reservas mundiales de gas y es el primer productor mundial. La desaparición de la banquisa representa para Rusia la posibilidad de explotar y sacar más fácilmente los recursos naturales de Siberia en petróleo, gas y minerales hacia los mercados asiáticos.

Cuando el Polo Norte era puro hielo doce meses al año, los estados limitaban las actividades de extracción en sus territorios nacionales. Pero ahora que se conocen mejor los recursos sin explotar el Ártico y que su explotación se hace más fácil, conflictos fronterizos nacen. En particular las posiciones se congelan en el conflicto entre Noruega y Rusia en el mar de Barents para el control de su rico yacimiento, entre los Estados Unidos y Canadá en el mar de Beaufort y entre Rusia y los Estados Unidos en el mar de Bering.

Rusia, que tiene su arsenal nuclear ubicado en Siberia y Canadá, reforzó su presencia militar en la región; con tropas, submarinos y rompehielos.

Pero si el Ártico se volvió un lugar de rivalidad es al mismo tiempo un espacio de cooperación donde los Estados involucrados dialogan en el Consejo del Ártico.

El consejo Ártico, instancia para un diálogo complejo entre Estados

Este foro –que no es una institución internacional- fue creado en 1996 para gestionar las cuestiones medioambientales, científicas, de desarrollo sostenible y la coordinación de las actuaciones en casos de emergencias que enfrentan los ocho estados que tienen territorio soberano en el norte del círculo polar.  Están excluidas las cuestiones políticas o militares por lo que el Consejo Ártico se mantiene como una herramienta eficaz de cooperación.

La importancia estratégica creciente en el Ártico atrajo a muchos países que pidieron su inclusión como observadores en el consejo como China, Singapur, Japón, Corea del Sur y la Unión Europea. El estatuto de observador no da derecho a voto.

Los pueblos autóctonos, aunque representen 12% de la población del Ártico, hacen parte del Consejo Ártico, pero tampoco tienen derecho a votar.

Si bien la región esconde muchas riquezas, la complejidad técnica y las condiciones extremas dificultan su explotación comercial. Así, el potencial de la región sigue siendo a largo plazo y, además, en la mayoría de los casos la cooperación es indispensable. Ningún país tiene suficiente capacidad para la explotación y cuidado del Ártico.

A medida que el cambio climático irá transformando el Ártico, se involucrarán más actores: Estados, poblaciones autóctonas, ciudades, industrias con intereses divergentes. Pero como lo explica Thierry Garcin, autor del Libro Geopolítica del Ártico, “si el Ártico se acerca a nosotros, no es un terreno de juego como los otros, ni para los Estados, ni para las actividades comerciales. El apetito de conquista y las codicias diversas se evalúan bajo la perspectiva de esta naturaleza, imprevisible. Claro que es el nuevo teatro de las relaciones internacionales, pero guardará su misterio. (…) No se puede banalizar el Ártico”.

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