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Tras la reunión de Tillerson con Aung San Suu Kyi, Estados Unidos descarta sanciones a Myanmar

La líder de Myanmar, Aung San Suu Kyi, y el secretario de Estado de EE. UU., Rex Tillerson, asisten a una conferencia de prensa en Naipyidó, el 15 de noviembre de 2017.
La líder de Myanmar, Aung San Suu Kyi, y el secretario de Estado de EE. UU., Rex Tillerson, asisten a una conferencia de prensa en Naipyidó, el 15 de noviembre de 2017. Stringer/ Reuters

El secretario de Estado estadounidense aseguró que no aconseja “sanciones económicas de base amplia” contra el país, aunque sí consideraría represalias individuales contra las personas consideradas responsables de la violencia en la zona.

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Acerca de las posibles sanciones, el secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson aclaró que “todo eso tiene que basarse en pruebas”. “Si tenemos información creíble, que consideremos muy confiable, para probar que ciertas personas fueron responsables de ciertos actos que consideramos inaceptables, entonces las sanciones dirigidas a individuos pueden ser apropiadas”, afirmó.

Asimismo, Tillerson expresó que Estados Unidos está profundamente preocupado por los “informes creíbles” de actos violentos cometidos por las fuerzas de seguridad de Myanmar y pidió una investigación independiente sobre la crisis humanitaria que obligó a cientos de miles de musulmanes rohingyas a huir a Bangladesh.

Tillerson también se reunió con el jefe militar de Myanmar, Min Aung Hlaing, que está a cargo de las operaciones en Rakhine.

Un alto funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos había adelantado que Tillerson utilizaría la visita para “expresar su preocupación por el desplazamiento, la violencia y la inseguridad que afectan a las poblaciones rohingyas y otras comunidades locales y discutir formas de ayudar a los actores de ese país a implementar compromisos destinados a poner fin a la crisis”.

Aunque Aung San Suu Kyi ha sido la jefa de facto del gobierno civil de Myanmar desde que su partido arrasó en las elecciones de 2015, tiene un control limitado del país por una constitución escrita por la junta militar que gobernó Myanmar durante décadas. Los militares están a cargo de las operaciones en el norte de Rakhine, y ponerles fin no depende exclusivamente de Suu Kyi.

Desde el estallido de la crisis de los rohingyas, la líder de Myanmar recibió críticas generalizadas por no salir en defensa de esa comunidad. En la conferencia de prensa posterior a la reunión con Tillerson, Suu Kyi negó haber guardado silencio sobre ese tema y recalcó que ella ha comentado personalmente la situación y emitido declaraciones a través de su oficina.

“No he estado en silencio. Lo que las personas quieren señalar es que lo que digo no es lo suficientemente interesante. Pero no tengo la intención de ser emocionante. Mi discurso está destinado a ser preciso. Y está dirigido a crear más armonía y un futuro mejor para todos. No poner a la gente unos contra otros”, justificó.

Un informe asegura que hay “pruebas crecientes” de genocidio contra los rohingyas

La visita de un día de Rex Tillerson se produjo luego de que un nuevo informe revelara la existencia de “pruebas crecientes” de genocidio contra los rohingyas en el estado de Rakhine, al norte de Myanmar, donde una operación de seguridad del gobierno ha provocado que más de 600 mil rohingyas huyeran a la vecina Bangladesh.

La investigación del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos y el grupo de defensa Fortify Rights acusó a las fuerzas de seguridad y civiles de asesinatos masivos -incluyendo la quema de víctimas vivas, entre ellas, bebés- violación y otros abusos, y pidió a la comunidad internacional que tome medidas.

“Estos crímenes prosperan en la impunidad y la inacción”, dijo Matthew Smith, el jefe de Fortify Rights. “Las condenas no son suficientes. Sin una acción internacional urgente hacia la rendición de cuentas, es probable que se produzcan más asesinatos en masa”, agregó.

El ejército de Myanmar negó las acusaciones, la más reciente con un comunicado publicado el lunes 13 de noviembre. El cuerpo militar aseguró que había entrevistado a miles de personas durante una investigación de un mes sobre la conducta de las tropas en Rakhine después de que los insurgentes rohingyas lanzaran una serie de ataques mortales allí el 25 de agosto.

Si bien el informe reconoció que las batallas contra los militantes del Ejército de Salvación Rohingya de Arakan dejaron 376 “terroristas” muertos, también afirmó que las fuerzas de seguridad “nunca dispararon contra los inocentes bengalíes” y “no hubo fallecimientos de personas inocentes”.

El gobierno de Myanmar y buena parte de la mayoría budista sostienen que los miembros de la minoría musulmana son “bengalíes” que emigraron ilegalmente de Bangladesh y no reconocen a los rohingyas como un grupo étnico local a pesar de que han vivido en Myanmar durante generaciones.

Con AP

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