La Democracia Cristiana chilena se desangra tras debacle electoral

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Santiago (AFP)

La Democracia Cristiana, otrora el partido político más importante de Chile, se desangra tras la herida abierta después de los decepcionantes resultados en los comicios generales del domingo.

La primera baja tras la batalla electoral fue Carolina Goic. La candidata a la primera magistratura de la DC renunció a la presidencia de la 'Falange' el lunes, asumiendo el fracaso en las urnas, que le dieron apenas el 5,88% de los votos.

"Como partido debemos hacernos una fuerte autocrítica, porque estamos en un proceso en que, de no modificarse, nos llevará a la autodestrucción", lanzó Goic al confirmar su renuncia, pedida por varios referentes del partido.

Goic, que lanzó su candidatura tras decidir no apoyar la candidatura del periodista Alejandro Guillier, forzando a la coalición gobernante Nueva Mayoría a llevar, por primera vez, dos candidatos a los comicios.

La aspirante quedó en quinta posición, por detrás del ultraconservador José Antonio Kast, quien lanzó su postulación hace unos meses y se jactó de vencer a la candidata de uno de los partidos más importantes de Chile.

La primera vuelta la ganó el expresidente Sebastián Piñera (36,6%), quien se medirá en un balotaje con Guillier (22,70%). En el tercer lugar, constituyéndose en la mayor sorpresa de la jornada, se alzó la candidata de la coalición de izquierda Frente Amplio, Beatriz Sánchez (20,26%).

La derrota de la DC "va mucho más allá de la cara de la candidatura", comentó a la AFP el politólogo Guillermo Holzmann

"No había espacio para poder constituirse en una alternativa creíble para un electorado que había visto siempre a la DC junto a la Nueva Mayoría ahora, y antes con la Concertación", la unión de centroizquierda que gobernó Chile desde la vuelta de la democracia en 1990, tras la dictadura de Augusto Pinochet iniciada en 1973, hasta el triunfo de Piñera en 2009, agregó Holzmann.

La DC decidió a mediados de año distancirse de Guillier, apoyado por socialistas y comunistas, para ir directo a las urnas, en un intento de medir fuerzas.

Una de las primeras decisiones de la entonces candidata fue viajar a Alemania para recibir la bendición de la canciller Angela Merkel, de la misma familia política.

Aunque la derrota de Goic era previsible, el dato más preocupante para los demócratacristianos estuvo en la puja legislativa, donde perdieron ocho bancas en la Cámara de Diputados, con casi 350.000 votos menos que en la elección legislativa anterior, diluyendo su peso en un Congreso en el que ninguna fuerza obtuvo la mayoría.

- Crisis de identidad -

El golpe electoral puso en evidencia la necesidad de redefinir la posición de la DC en el nuevo paisaje político tras años de gloria con tres presidentes procedentes de sus filas: Eduardo Frei Moltava (1964-1970), Patricio Aylwin (1990-1994) y Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000).

Aylwin fue el escogido en 1990 para dirigir la transición democrática desde la Concertación tras la cruenta dictadura de Pinochet.

El exdictador siguió siendo el jefe del Ejército y

Aylwin debió lidiar con el ex dictador, que siguió siendo el jefe del Ejército y no se privó de sacar las tropas a la calle.

Con ese marco, el mandatario demócratacristiano instauró la "política de los consensos", mientras que asumió una difícil posición entre las víctimas de la dictadura, a las que les comunicó que se haría "justicia en la medida de lo posible".

Y un año después de asumir el poder, Aylwin pidió perdón en nombre del Estado chileno.

De cara al balotaje del 17 de diciembre, y ante las señales de acercamiento que le ha enviado a sus adherentes Piñera, la DC parece ya haber trazado un camino: seguirá pegada a la centroizquierda tras anunciar que apoyará "sin condiciones" la candidatura de Guillier.

Desde su nacimiento en 1957, la DC ha mantenido una posición de centro democrático reformista, a diferencia de la familia política de otros países donde se posiciona más a la derecha.

"Su definición en Chile como centroizquierda acercándose más a una perspectiva de corte socialista, pero no progresista, define en ellos una crisis de identidad que se ha arrastrado desde hace mucho tiempo y le ha pasado la cuenta en términos de capacidad de organización de apoyo electoral", explicó Holzmann, catedrático de la Universidad de Talca.