Rehenes de sus traumas, refugiados de la guerra en Bosnia siguen en campamentos

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Jezevac (Bosnie-Herzégovine) (AFP)

En 1994 le asignaron la barraca 21 del campamento de desplazados de Jezevac, donde debía esperar el fin del conflicto en Bosnia, pero casi un cuarto de siglo después Suhra Mustafic sigue viviendo allí.

Ni ella ni sus cuatro hijos han vuelto jamás a su localidad del este de Bosnia. Cuando comenzó el conflicto bosnio (1992-1995), huyeron de Skelani, junto al río Drina, que separa Bosnia y Serbia.

Su marido murió unos meses más tarde en Srebrenica, combatiendo a las fuerzas serbias de Bosnia de Ratko Mladic, quien el miércoles conocerá el veredicto de su juicio ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY).

Con 54 años, enferma y casi ciega, Suhra es una de las 400 personas en ese campamento "provisorio", entre un bosque de pinos y el escorial de una mina de carbón. El campamento se convirtió en un barrio depauperado de la periferia de Tuzla (noreste).

La mayoría de sus residentes proceden de la región de Srebrenica, escenario en julio de 1995 de la masacre de 8.000 hombres y adolescentes bosniacos por las fuerzas serbias de Bosnia.

Las barracas, de 35 m2, no estaban concebidas para durar mucho tiempo. Suhra, con la cabeza cubierta por un velo azul, levanta la alfombra para mostrar el suelo podrido. Alrededor de ella, algunos muebles viejos también se descomponen.

Pero esta campesina nunca se planteó regresar a Skelani, 140 kilómetros al sudeste. "¡Nunca! Aunque me ofrecieran una casa de cinco pisos en mi pueblo, o cinco casas, no regresaría. Allá no hay nadie con quien pueda compartir mi día a día. Mi familia fue aniquilada. Las de los vecinos también", asegura.

- "Prisioneros de sus traumas" -

Skelani se encuentra en la Republika Srpska, la entidad de los serbios de Bosnia. y Jezevac, en la entidad croato-musulmana. Esta división de Bosnia se consagró a través de los acuerdos de paz de Dayton (Estados Unidos) que silenciaron las armas tras un conflicto que dejó 100.000 muertos y 2,2 millones de desplazados.

Según Branka Antic Stauber, directora de la asociación La Fuerza de la Mujer, en Tuzla, las mujeres, a menudo viudas, no abandonaron los centros colectivos porque se ven "prisioneras de sus traumas, ya que nunca lograron salir del punto muerto al que llegaron".

"La desocupación es el asesino silencioso de esta gente. El hecho de que nosotros los acostumbráramos a una relación de dependencia proporcionándoles durante años lo que necesitaban solo sirvió para sumirlos en la inactividad. Eso apagó su necesidad de trabajar y sus ambiciones", explica esta doctora.

- "Refugiados de nacimiento" -

Hadzira Ibrahimovic vive en estos centros desde los 13 años. En ellos fundó su familia. Sus tres hijos, de 18, 11 y 5 años, son "refugiados de nacimiento", dice esta mujer de 38 años, originaria de la región de Srebrenica, que sobrevive como puede.

"Vamos a recoger carbón al escorial y lo revendemos. No podemos regresar. La casa fue arrasada, no queda nadie en el pueblo, no hay escuela...".

Entre los refugiados, las viudas perciben una pensión mensual de 360 marcos (184 euros; 216 dólares), con la que mantienen también a sus allegados. "En estos centros colectivos está empezando a nacer la tercera generación de hijos. Constatamos una transmisión del trauma a los hijos y los nietos", añade Branka Antic Stauber.

Psicólogos y asistentes sociales de su asociación visitan el centro dos veces a la semana. Recibe apoyo de Alemania y Holanda, pero no de las autoridades ni de las asociaciones de víctimas.

"Los políticos vienen a vernos antes de las elecciones. ¡Las mujeres de las asociaciones de madres de Srebrenica nunca han venido!", dice con desolación Suhra Mustafic.

En los 156 centros colectivos que hay por todo el país viven casi 9.000 bosnios. La ministra de Refugiados, Semiha Borovac, fijó como objetivo recientemente cerrarlos "antes de 2020". Pero eso implica la construcción de viviendas sociales.