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El café Shabandar, meca de los intelectuales iraquíes desde hace un siglo

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Bagdad (AFP)

En plena calle de los libreros en Bagdad, Abdel Fattah Al Noeimi está bien instalado en el café Shabandar, esta institución donde, desde hace un siglo, se rehace la historia de Irak con un té en la mano.

"Vengo aquí desde hace 60 años", asegura a la AFP este septuagenario, elegantemente vestido, uno de los pilares de este legendario lugar, que reúne a poetas, intelectuales y políticos de Bagdad.

Abdel Fattah Al Noeimi comenzó a frecuentar este café de la famosa calle Al Mutanabi cuando tenía 17 años, antes de convertirse en investigador en ciencias sociales.

Desde entonces, todos los días acude al café, afirma orgulloso este iraquí que luce una corbata a conjunto con su traje marrón, "de las nueve de la mañana hasta las dos o las tres, cuando todo el mundo se va".

Antes de convertirse en 1917 en el primer café del barrio, este inmenso edifico de ladrillo y yeso típico del Bagdad de la época ya era toda una institución local. Aquí se encontraba la imprenta de Abdel Majid Al Shabandar, cuyo nombre en otomano significa "el más importante de los comerciantes".

El café mantuvo su nombre. Detrás de la puerta de madera y cristal, vestido de blanco, al estilo tradicional, y con una barba del mismo color, Mohamed Al Khachali, el propietario, espera tranquilo.

- 'Un libro de historia' -

Este año, cuenta el propietario al que todos llaman "hach" --nombre del musulmán que ha hecho la peregrinación a La Meca--, "el café cumple 100 años". "Aquí, es como un libro de historia", asegura.

Cuando se hizo cargo del Shabandar en 1963, Khachali tomó una decisión drástica: prohibir el juego, "ni dominó ni cartas".

Aunque ha habido excepciones, él siempre ha respetado "la promesa" que se hizo a sí mismo. "Este lugar tenía que ser el punto de encuentro de la gente de la cultura", un lugar donde se conversa, se discute sobre el arte, las cuestiones políticas y sociales, explica. Y se felicita por el resultado, porque "es realmente lo que pasó".

Ni las guerras, ni las revoluciones, ni los golpes de Estado que han jalonado la historia iraquí en este último siglo han hecho decaer la fidelidad de los clientes del Shabandar.

- 'Café de los mártires' -

En marzo de 2007, un coche bomba estalló en medio de la calle Al Mutanabi. Un centenar de personas fallecieron o resultaron heridas. Varias librerías históricas quedaron totalmente destrozadas.

Entre los escombros, los equipos de rescate hallaron los cuerpos de cuatro de los hijos de Mohamed Al Khachali, y el de uno de sus nietos.

Desde aquel trágico acontecimiento, en la insignia del "Shabandar" hay una segunda inscripción, escrita con finas letras: "Café de los mártires". Khachali no quiere recordar aquel fatídico día.

En el interior, las paredes están recubiertas con decenas de fotografías en blanco y negro, algunas de ellas de más de un siglo de antigüedad. Las imágenes cuentan la historia de Bagdad y de Irak, con sus príncipes y sus personajes anónimos.

La diversidad de los hombres y las mujeres que aparecen en las fotografías sigue reflejándose hoy en día en las mesas del Shabandar, asegura Al Noeimi. Este café, dice, "no está reservado a una religión, una cultura o una parte de la sociedad, todo el mundo viene".

- Cruce de generaciones -

Los camareros, sosteniendo su bandeja metálica a la altura del hombro, van y vienen, mientras sirven té a los clientes, absortos en sus conversaciones.

En los taburetes o en los sillones de madera, se mezclan todas las generaciones.

Rammah Abdelamir, de 17 años, con un libro sobre la historia moderna de la política en la mano, viene a menudo a este "monumento del viejo Bagdad".

El Shabandar, dice, "es una herencia que se tiene que preservar". "Este sitio es un poco La Meca de los intelectuales y una escuela para las generaciones que se suceden", explica este chico, con camisa blanca y elegante corte de pelo.

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