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Honduras: Expectativas y retos de cara a una elección presidencial histórica

Vista panorámica de Tegucigalpa, capital de Honduras, con una bandera de ese país en el centro, el 21 de noviembre de 2017.
Vista panorámica de Tegucigalpa, capital de Honduras, con una bandera de ese país en el centro, el 21 de noviembre de 2017. Gustavo Amador, EFE

Los comicios del 26 de noviembre serán los primeros que permitan una posible reelección de un mandatario. Seguridad, pobreza, desempleo y narcotráfico son algunos de los desafíos que deberá afrontar el nuevo gobierno.

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Favorecido por un fallo de la Corte Suprema de 2015, el actual presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, será el primer mandatario en ejercicio que podrá buscar su reelección, la cual no está habilitada en la Constitución del país.

El candidato oficialista del conservador Partido Nacional parte como favorito en unos comicios que también muestran con posibilidades a los postulantes Luis Zelaya, del ultraconservador Partido Liberal, y Salvador Nasralla, de la centroizquierdista Alianza de Oposición contra la Dictadura. Mientras que otros siete partidos también participarán de la contienda.

Precisamente, Nasralla es respaldado por Manuel Zelaya, el exmandatario que en 2009 fue derrocado tras impulsar una consulta popular para abrir la posibilidad de una reelección, hoy permitida por disposición judicial y pese al rechazo de la oposición, que la considera ilegal.

Cualquiera de los candidatos que resulte vencedor deberá enfrentarse a una serie de problemas sistémicos que tiene Honduras. Seguridad, pobreza, desempleo y narcotráfico siguen siendo los principales inconvenientes para la población.

En ese sentido, la alta tasa de criminalidad es uno de los aspectos que más inquieta a los hondureños. Desde hace cuatro años, la violencia delictiva puso a Honduras al tope de los índices a nivel global.

Según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH), en 2013, el promedio de homicidios era de 79 por cada 100 mil habitantes, cifra que se redujo a 42,5 para el primer semestre de 2017. Una mejora que permanece lejos del promedio mundial de 5,3 establecido por el Banco Mundial.

Por su parte, el gobierno de Hernández también se adjudica una reducción sustancial del narcotráfico procedente de Sudamérica y la entrega de casi una veintena de traficantes de drogas en extradición a Estados Unidos.

El desempleo y la pobreza, dos cuentas pendientes en Honduras

El desarrollo de empleo y el combate contra la pobreza son dos aspiraciones que, históricamente, los mandatarios hondureños no han podido resolver.

En la actualidad, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Honduras cuenta con 8,7 millones de habitantes, 3,9 de los cuales integran la población económicamente activa. Al mismo tiempo, la tasa de desempleo se ubica en un 7,4 por ciento.

Con un salario mínimo promedio de 340 dólares y una canasta básica que ronda el mismo valor, pocas familias hondureñas son capaces de acceder a bienes y servicios adicionales. Al mismo tiempo, de acuerdo a la más reciente encuesta del INE, el 60,9 por ciento de la población del país vive en la pobreza y, entre ellos, un 38,4 se ubica bajo la extrema pobreza, convirtiendo a Honduras en el país más pobre del continente.

Si a eso se le suman dificultades en el acceso a la salud y a la educación, y la fragilidad del sistema de seguridad social, la misión promete ser dura para el nuevo presidente.

Entre los objetivos comunes a los distintos candidatos, se encuentra el desarrollo de estrategias para promover la inversión, la producción y la promoción de pequeños emprendimientos para generar nuevos puestos de trabajo.

No obstante, a nivel macroeconómico, Honduras mantiene cierta estabilidad. Según el Banco Central del país, el Producto Interno Bruto (PIB) es de unos 22 mil millones de dólares y ese organismo prevé un crecimiento de entre el 3,7 y el 4,1 por ciento al cierre de 2017.

En tanto, la administración actual también logró una reducción del déficit fiscal. En 2013, ese indicador se ubicaba en un 5,7 por ciento. Según el ministro de Finanzas, Wilfredo Cerrato, el objetivo es que baje al 3,4 por ciento, aunque el funcionario indicó que podría llegar incluso al 3,2 por ciento.

La “Ley de Política Limpia”, una iniciativa para combatir la corrupción

Otra de las novedades para las elecciones presidenciales será la aplicación de la Ley de Financiamiento, Transparencia y Fiscalización de Partidos Políticos y Candidatos, también conocida como “Ley de Política Limpia”.

Esta nueva norma, aprobada en 2016, tiene como objetivo que las fuerzas políticas exhiban con claridad sus fuentes de financiamiento. Se trata de una legislación para combatir la corrupción, un flagelo que afectó a la política hondureña, incluyendo al presidente Hernández en 2015.

La mencionada ley -respaldada por la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA)- apunta a que el narcotráfico y otras organizaciones delictivas no brinden respaldo económico a agrupaciones políticas.

Bajo esta normativa, las entidades políticas y los candidatos a cargos electivos debieron abrir cuentas bancarias y presentar informes sobre las contribuciones a sus campañas. Además, 15 días después de los comicios, los postulantes tendrán que presentar balances finales.

Con DPA y EFE

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