Mutilación genital femenina

En el mundo, 200 millones de niñas y mujeres han sufrido mutilación genital

Wikimedia

En algunos países, las vacaciones escolares no son un recreo para las niñas sino el momento de ser cortadas. Cortada es someterse a una mutilación genital.

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Esa es la realidad que más de 200 millones de niñas en el mundo en los últimos 20 años según cifras publicadas por Unicef, padecieron en 28 países en su mayoría africanos. Sin embargo, se practica también en países de Europa y América, en particular entre las poblaciones migrantes. Según la Fundación Desert Flower, unas 700.000 niñas en Europa y una 500.000 en EE.UU. fueron víctimas de mutilación genital.

La escisión se practica en niñas entre los 4 y 15 años.  En la mitad de los países que tienen datos accesibles, la mayoría de las niñas sufrieron la también llamada ablación antes de llegar a sus 5 años. Somalia, donde 98 % de mujeres han sido mutiladas, es el país donde la práctica más prevalece, seguido por Guinea con 96 % y Egipto con 91%.

La mutilación genital es una práctica tradicional milenaria. Son de tres tipos: 1) ablación del clítoris, 2) ablación del clítoris, de los labios pequeños y/o grandes y 3) ablación del clítoris, de los labios grandes y pequeños y sutura de la vagina, dejando solo un pequeño orificio.

Es realizada por matronas, consideradas como centinelas de la cultura y de la tradición y se hace con diferentes instrumentos con o sin anestesia.

Waris Dirie: “el dolor entre (mis piernas) era tan intenso que deseé morir”

La famosa modelo y embajadora especial de las Naciones Unidas contra la mutilación genital, Waris Dirie, recuerda en su libro Desert Flower (1998) que “lo siguiente que percibí fue cómo me cortó la carne, los genitales. Sentí el filo atravesar mi piel, de arriba abajo, aserrándola (…) es como si alguien te rebanara el muslo o te cortara el brazo, solo que lo hacen en la parte más sensible de tu cuerpo. Sin embargo, no me moví ni un centímetro (…) quería que mamá se sintiera orgullosa de mí. Permanecí sentada, como hecha de piedra, diciéndome que cuanto más me moviera, más duraría la tortura. Por desgracia, mis piernas empezaron a estremecerse, a temblar sin control, y recé, Dios, por favor, que acabe pronto. Y así fue, porque me desmayé. Cuando volví en mí, creí que habíamos terminado, pero apenas había comenzado lo peor. Me habían quitado la venda y a su lado la asesina había apilado un montón de espinas de acacia; las usó para perforarme la piel y luego pasó un fuerte hilo blanco por los agujeros y me cosió. Mis piernas estaban totalmente entumecidas, pero el dolor entre ellas era tan intenso que deseé morir. Creí que el tormento había acabado, hasta que tuve que orinar, y entonces entendí el consejo de mi madre de que no bebiera demasiada agua o leche (…) la primera gota me escoció como si un ácido me estuviese corroyendo la piel”.

Décadas de trabajo de prevención y sensibilización emprendido por la comunidad internacional, comunidades y gobiernos contribuyeron a reducir la práctica en algunas zonas. 24 países africanos, incluyendo Somalia y Guinea y otros 17 países en el mundo adoptaron una legislación para prohibir las mutilaciones genitales. Pero estos progresos no son suficientes debido al crecimiento de la población. De seguir al ritmo actual, el número de niñas y mujeres sometidas a la mutilación genital femenina aumentará considerablemente. La OMS prevé que 3 millones de niñas por año podrían ser víctimas de mutilaciones genitales.

ONU: “No hay ninguna razón religiosa, de desarrollo o de salud para mutilar a una niña o a una mujer”

Los motivos varían de una región a otra y varios argumentos se esgrimen en defensa de este ritual. Higiene: una niña se mantiene limpia y bella después de la ablación de sus partes genitales “impuras”. Religioso o social: mantener la virginidad y la fidelidad de las mujeres. Iniciático: permite a las niñas acceder a un nuevo estatuto dentro de su sociedad.

La mutilación genital femenina es una tradición cultural. Algunas voces, como la de Tariq Ramadan, islamólogo, se oponen al involucramiento de la comunidad internacional para el abandono de este ritual porque lo ven como una forma de injerencia. “La mutilación genital femenina es parte de nuestra cultura” justificó Tariq Ramandan en un video. Lo importante, según este tipo de razonamiento, es no imponer las normas occidentales al resto del mundo respetando las tradiciones de cada pueblo porque son parte de su cultura. Este pensamiento desacredita el principio de los Derechos Universales según el cual los humanos tienen derechos que deben ser respetados en todas partes y en todos tiempos.

Sin embargo, desde 2012, las Naciones Unidas barrieron estos argumentos y calificaron la mutilación femenina como una violación de los derechos humanos. “No hay ninguna razón religiosa, de desarrollo o de salud para mutilar a una niña o a una mujer. Aunque algunos argumenten que esta práctica es una “tradición”, debemos recordar que la esclavitud, los llamados crímenes de honor y otras prácticas inhumanas se han defendido con el mismo argumento débil”, dijo el entonces secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, en 2014.

Para lograr el éxito en el abandono de esta tradición, los actores internacionales han trabajado con estas creencias culturales y comunitarias, no en contra de ellas.

Empoderar a las mujeres puede salvarlas de la mutilación genital

Cualquiera que sea la justificación, este rito es una forma para una sociedad de dominar y controlar las mujeres. “La violencia contra la mujer es a la vez un medio de perpetuación de la subordinación de las mujeres y una consecuencia de su subordinación”, dice un estudio 2007 de Naciones Unidas.

Estas prácticas son generalizadas en sociedades donde las mujeres son totalmente dependientes. Se ha demostrado que la escolarización de niñas y adolescentes contribuye a reducir el riesgo de cortes genitales. Dar educación y trabajo a las mujeres es otra solución.

Se han desarrollado también cirugías reconstructivas que permiten que las mujeres recuperen hasta 80 % de su sensibilidad. Fundaciones como Desert Flower abrieron en varios países, centros para que las víctimas de mutilación genital puedan beneficiarse de una cirugía. En Francia, por ejemplo, este tipo de operación está financiada por el sistema de seguridad social.  Sin embargo, muchas mujeres a veces no son conscientes de que fueron víctimas de mutilación genital porque fueron mutiladas muy niñas o porque existe silencio alrededor del tema. Además muchas no conocen estas nuevas cirugías.

Inna Modja, cantante de Mali, comprometida en la lucha de la mutilación genital femenina dijo a la revista francesa Madame Le Figaro que “a los 18 años, cuando un ginecólogo me dijo que había sido víctima de mutilación genital, fue como una ducha fría. Durante años llevé esa herida conmigo en silencio hasta que, a los 22 años, descubrí que una se podía reparar. Me hice la operación y desde entonces hablo de ello para que las jóvenes sepan que existe y que tienen el derecho de hacerse esta cirugía”.

La lucha contra la mutilación genital femenina es compleja y tendría que adaptarse a la diversidad de los contextos y de las culturas tanto en los países de origen como en los países de inmigración como Europa o Estados Unidos. Por otra parte, más allá de consideraciones sobre las consecuencias sobre la salud, el equilibrio psicológico de las mujeres, es clave también adoptar una nueva perspectiva y evocar el derecho por las mujeres a tener una vida sexual plena.

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