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Un año después, Chapecó le responde al dolor con esperanza

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Chapecó (Brasil) (AFP)

El primer aniversario del accidente del Chapecoense casi pilla a Rafael Henzel volando. Superviviente de la tragedia, el periodista aterrizó justo a tiempo para escuchar desde la Catedral cómo las campanas recordaban la hora exacta en la que hace un año le miró a la cara la muerte.

Quiso estar ahí para honrar a las 71 personas que fallecieron a su lado, y para recordar también que en aquel cerro él nació de nuevo.

"Hoy mi vida da un paso. Cumplí un año cuando tocaron la campanas. Yo sobreviví junto a otras cinco personas en aquel morro, y estoy aquí para agradecerlo. No solo hoy, tenemos que pensar siempre en aquellos que nos dejaron", contó Henzel a la AFP, mientras la madrugada comenzaba a vaciar un templo que sus vecinos habían llenado del verde y blanco del 'Furacao'.

En silencio, con su forma austera de llevar el mayor dolor que ha conocido, a Chapecó se le saltaron las lágrimas cuando, a las 01H15 exactas, aquellos sonidos agudos que brotaban de lo alto de la Catedral le mandaron el alma de vuelta a Medellín, donde hacía justo 12 meses se abría una herida que nunca sanará del todo.

"Fue doloroso cuando tocaron las campanas, porque me trasladaron a aquel morro, en el momento del impacto en Colombia, pero son cosas que tenemos que pasar", contó este periodista de 44 años, que menos de dos meses después del accidente ya estaba narrando de nuevo partidos en la radio local.

"Como superviviente, tengo que dar un paso adelante, y espero que a partir de ahora las familias puedan encontrar un mínimo de paz", añadió.

- Superación -

El mismo paso al frente que dio durante este año Chapecó, abrazando la reconstrucción de un club que fue también la suya.

Esta próspera ciudad del sur de Brasil, hija en su mayoría de inmigrantes europeos y con fuerte presencia del agronegocio, se preparaba para celebrar su primer centenario cuando, de repente, la tragedia le puso en el centro del mundo en la madrugada del 29 de noviembre de 2016.

El equipo que había conseguido ilusionarle y sacarle de casa para celebrar sus triunfos de madrugada había desaparecido casi por completo cuando se dirigía a disputar la final de la Copa Sudamericana contra el Atlético Nacional. Iba a ser el partido más importante de su historia, y acabó siendo una pesadilla.

Murieron 71 personas, incluyendo 19 jugadores, 14 miembros de la comisión técnica, nueve directivos del club y dos invitados. Uno de ellos era David Barela Dávi, un empresario local de 68 años que, tras años ligado a su equipo del alma, no quería faltar a su mejor noche.

Su hijo Pablo había viajado ya con el mismo avión de la boliviana LaMia a los emocionantes cuartos de final contra el Junior de Barranquilla, y ahora le tocaba disfrutar a él. Hasta que llegó la tragedia para arrasarlo todo.

"Fue un año bien difícil, pero también de superación, de tratar de recordar las cosas buenas que pasaron. Es así como intentamos superarlo porque no se puede volver atrás", afirmaba Pablo Dávi antes de arrancar la procesión silenciosa del martes en la noche en el Arena Condá.

Portando una camiseta con la foto de su padre en la que podía leerse "Celebrar la vida es sumar amigos. Sentimos mucho tu pérdida", este empresario de 40 años recordaba emocionado cómo juntos vieron crecer a este club familiar que en apenas siete años saltó de la cuarta división a una final continental.

A él, como a muchos aquí, ni siquiera la tragedia le ha apartado de un 'Chape' que ni en lo peor del drama dudó en no seguir adelante. Tras un año de sufrido reinicio, haciendo equilibrios entre el dolor, la nostalgia y la necesidad de continuar viviendo, el club consiguió hace dos semanas la permanencia en la primera división brasileña, e incluso pelea por cerrar la temporada con una de las plazas para la próxima Copa Sudamericana.

"Chapecó juntó todas sus fuerzas para la reconstrucción de un nuevo camino. Había que dar continuidad al legado que ellos dejaron, que fue un ejemplo de vida. Demostraron siempre mucha unión, y la unión hace la fuerza", opinó Anesir Alberti, una mujer jubilada de 58 años.

Sin olvidar a los suyos, Chapecó vuelve a mirar al frente.

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