El opio se extiende a las provincias del norte de Afganistán

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Mazar-i-Sharif (Afganistán) (AFP)

Las motos nuevas de la norteña provincia afgana de Balj son una señal de prosperidad y símbolo del rendimiento de la adormidera, de la que se extrae el opio y cuyo cultivo se quintuplicó este año en esta zona otrora protegida.

Desde el final del régimen de los talibanes, que inicialmente prohibieron este cultivo y luego lo convirtieron en su principal fuente de financiación, Afganistán se ha convertido en el mayor productor de opio del mundo.

Con 9.000 toneladas cosechadas en 2017, la producción se ha duplicado prácticamente en un año y constituye una fuente de ingresos esencial en las aldeas, según el informe anual de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que lo atribuye a la extensión de los cultivos y la mejora del rendimiento.

"Las provincias del norte, como Balj, representan un gran desafío: hace dos años no se veía una adormidera", reconoce un consultor occidental, lo que ilustra el fracaso de las políticas antidroga.

Sólo diez de las 34 provincias afganas no se dedican a este cultivo, que se ha multiplicado en regiones hasta ahora al margen de él, como el norte y las provincias de Jowzjan (+691%) y Balj (+481%), dos de las subidas más desmesuradas en 2017.

En la pasada primavera, Balj y su capital, Mazar-i-Sharif, se tiñeron de rosa, el color de la flor de esta planta. "Desde la oficina del gobernador se veían adormideras", afirma bajo anonimato una fuente local mientras muestra fotografías de su teléfono móvil. "Todo el mundo lo hizo, hasta en campos pequeños, jardines diminutos..."

Entonces empezaron a verse motocicletas en las aldeas. "Después de eso no es fácil volver al trigo", cuenta.

- "Autobuses y camiones enteros" -

Una cosecha tan abundante que tuvieron que recurrir a recolectores del sur. Llegaron en "autobuses y camiones enteros" desde Kandahar y Helmand, donde se cultiva casi la mitad del opio afgano, informaron a la AFP fuentes afganas y occidentales.

En el departamento de Agricultura, Zabihulá Zubin, afirma que la abundante cosecha ha influido incluso en los precios, que pasaron "de 7.000 a 3.000 afganis el kilo" en la primavera (alrededor de 106 y 45 dólares).

Pese a la caída de los precios, un granjero de 27 entrevistado por la AFP reconoció, sonriente, que la ganancia le permitió tomar una segunda esposa.

"Todo el mundo planta, nunca ganaremos tanto con sandías o con el trigo" y además "la adormidera crece más rápido que el trigo y consume menos agua", aduce.

Para los expertos, la sequía registrada en Afganistán desde 2014 ha jugado un papel importante.

La investigadora de la institución Brookings Vanda Felbab-Brown lo atribuye además a la ausencia de una alternativa económica en las aldeas. "La economía del opio es vital para muchos afganos. No hay ningún sector que suministre más empleo".

El granjero, vestido con túnica color crema y chal alrededor del cuello, procede del distrito de Chimtal, en el oeste de Balj, "completamente bajo control de los talibanes". "Al gobierno no se le ve" por ninguna parte, asegura riéndose.

Él vende la producción "a un hombre de negocios local", con conexiones del otro lado de la frontera uzbeka, a 60 kilómetros.

La adormidera prolifera en las zonas bajo control de los insurgentes, sobre todo en el sur, como Helmand, con tres cosechas anuales gracias a nuevas simientes llegadas de china, explica el consultor.

- Corrupción -

"Helmand engloba por sí sola la mitad de las nuevas superficies" surgidas este año (+63% en total), afirma un experto europeo que hace hincapié en "la inseguridad creciente". "En Helmand, la policía no puede actuar. De ahí la nueva estrategia estadounidense de bombardear los laboratorios de heroína".

En el norte, Jowzjan sufre la presión de los talibanes y del grupo Estado Islámico.

Con la excepción de localidades como Chimtal, la provincia de Balj es bastante apacible. En este caso la adormidera florece en parte porque las autoridades, en especial el gobernador Mohammad Atta Noor, hostil al gobierno, hace la vista gorda.

Estados Unidos ha invertido más de 8.000 millones de dólares desde 2002 en la lucha contra el opio, materia prima de la heroína que inunda los mercados mundiales.

Según la ONU, el opio afgano "cubre el doble de la demanda mundial, lo que deja presagiar un derrumbe de los precios", con un probable impacto en el de la heroína.