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El Papa de los rohingya

Papa Francisco camina por un cemeterio a la Iglesia del Sagrado Rosario en Dacca, Bangladesh el 2 de diciembre 2017
Papa Francisco camina por un cemeterio a la Iglesia del Sagrado Rosario en Dacca, Bangladesh el 2 de diciembre 2017 Max Rossi / Reuters

La atención internacional se fijó sobre el sufrimiento de los rohingya durante la gira del papa Francisco por Asia. Aquí, un reportaje de Darío Menor Torres, corresponsal de FRANCE 24 en el recorrido del pontífice por Myanmar y Bangladesh.

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Los fieles que acudieron al Aula Pablo VI del Vaticano el pasado 8 de febrero para participar de la habitual audiencia general de los miércoles, debieron quedarse despistados cuando el Papa, al final del encuentro, les pidió que rezaran por “nuestros hermanos y hermanas rohingya”, personas “buenas” que son “torturadas y asesinadas simplemente por sus tradiciones y por su fe musulmana”.

Pocos sabían entonces fuera del sureste asiático quiénes eran los miembros de esta minoría perseguida por el Ejército birmano. Diez meses después, han sido los protagonistas indudables del viaje de francisco a Myanmar y Bangladesh concluido el 2 de diciembre.

La tragedia humanitaria de los rohingya eclipsó otras misiones

Para el cardenal Fernando Filoni, prefecto del ministerio vaticano encargado de la evangelización de los pueblos, la visita demuestra a los católicos locales que “no están olvidados ni marginados y pertenecen al corazón de la Iglesia”.

Durante las siete jornadas que ha permanecido en el sureste asiático, Francisco no ha escatimado palabras y gestos para conseguir el objetivo planteado por Filoni, pero todo lo ha eclipsado la tragedia humanitaria de los rohingya - algo que las Naciones Unidades calificarón como 'limpieza etnica'.

Alrededor de 650.000 personas han tenido que refugiarse desde los últimos tres meses en Bangladesh, que se sumaron a los 300.000 miembros de esta minoría que ya habían huido previamente. Aunque la Iglesia birmana le había pedido que no pronunciara el término 'rohingya' por miedo a sufrir represalias, el viernes el Papa se conmovió al recibir y escuchar el testimonio de 16 representantes de esta comunidad.

"La presencia de Dios hoy también se llama rohinyá"

“No cerremos los corazones. No miremos a otra parte. La presencia de Dios hoy también se llama rohingya”, dijo desde Bangladesh. Esa frase fue sin duda el gran titular del viaje de Bergoglio, que se disculpó además por los atropellos sufridos por este pueblo y por la indiferencia con la que el mundo ha reaccionado.

“El Papa es alguien con el que hay que contar para resolver los problemas. Espero que su encuentro con los rohinyá y lo que ha dicho sobre ellos sirva para que la comunidad internacional tome conciencia e intervenga para buscar una solución”, comentó el jesuita indio George Ponodath, que lleva años viviendo en Bangladesh.

Habrá que ver si los llamamientos de Francisco sirven para que tanto la ONU como las grandes potencias exijan el cumplimiento del acuerdo alcanzado la semana pasada ente Naipyidó y Daca para repatriar a los desplazados y garantizar el respeto de sus derechos.

Distinta actitud en la comunidad católica de Myanmar

El viaje de Bergoglio ha destapado las distintas actitudes con que reaccionan a esta crisis humanitaria los católicos de los dos países visitados. Mientras que la Iglesia de Bangladesh ofrece asistencia a unos 200.000 refugiados, la historia es bien distinta al otro lado de la frontera.

Cuando se les pregunta por la limpieza étnica de esta minoría, los católicos birmanos denuncian que ellos también sufren represión del Ejército y se suman al discurso oficial: los rohingya son para ellos inmigrantes ilegales provenientes de Bangladesh. Esa condición parece descargar las culpas de quienes les someten a todo tipo de atropellos. Según la activista birmana Ma Khin Mai Aung, la posición de los católicos es fruto del “lavado de cerebro” que han llevado a cabo los militares para que sus compatriotas piensen que los rohingya no deben vivir en el país. “Por eso les atacan”, explicó esta abogada exiliada en Estados Unidos en un seminario celebrado el pasado miércoles en la Universidad de Daca. En el encuentro hubo quien pidió llevar ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya a los responsables de esta tragedia.

Papa Francisco, de vuelta a Roma

Antes de subirse al avión que le llevó de vuelta a Roma, Francisco aprovechó para conocer de primera mano la situación de los marginados en el país más allá de los rohingya. Lo hizo al visitar en Daca la Casa Madre Teresa y la Iglesia del Sagrado Rosario, donde saludó a centenares de enfermos y de niños huérfanos.

En esta institución donde pernoctaba la emblemática religiosa de origen albanés canonizada en 2016 se vio rodeado por un gran número de monjas vestidas con el emblemático sari blanco con rayas azules de las Misioneras de la Caridad. Madre Teresa fundó este centro en los años 70 del siglo pasado para atender a las muchachas que se quedaban embarazadas tras ser violadas por los soldados paquistaníes durante la Guerra de Independencia de Bangladesh. Ahora ofrece asistencia a huérfanos, enfermos y personas con problemas psiquiátricos.

Myanmar y Bangladesh son considerados por el Vaticano como 'tierra de misión'.

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